Tres postales
para animar a Rose

N.006 - Poesía

Poetas en el

lugar equivocado

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Poetas en el

lugar equivocado

N.001 - Ensayo

Tres postales

para animar a Rose

N.006 - Poesía

Tres postales para animar a Rose 


N.006 - Poesía

Escrito por Chuy Baroz

I

En tus ojos reconocí mi locura, como en las
películas de mierda en que el dueño de una
tienda de electrodomésticos encuentra el amor
en una pasarela. Y mientras la nieve chocaba
contra nuestros gorros endebles, pude ver en tu
labio un hilo de sangre. En aquella antropofagia
había más esperanza que en cualquier grupo
de ayuda, incluso este que se reúne cada
viernes sin importar las condiciones del clima.

 
II

todo lo que tocas es víctima
d e u n s u i c i d i o
en el grito de orgasmo más puro

si yo fuera tu mano
no dudaría en tocarme

Perra
que mi vibra no sea aniquilada

llevo puestos mis lentes favoritos

 

III

¿Has visto la inocencia con que las ratas
pasean por los pasillos del metro? Hoy quise
adivinar lo que una mascullaba. Me pareció
escuchar una voz que repetía: “fuimos la miseria
de este mundo”.

Si ya nadie se digna a patearlas, ¿cómo sabrán
cuándo volver a casa?


“Por nuestros pocos conocimientos, hasta los cimientos ¡salud!”. 
Dicho pupular

En todo el transcurso de la semana, tuve que enfrentarme a las críticas de aquellos intelectuales que estaban plenamente convencidos de que, el único lugar que puede llegar a ser digno de tertulias literarias, es un café. Pero yo no buscaba un “lugar fino”, más bien buscaba un lugar de tradición tapatía, que no sólo nos acercara a nuestras raíces, sino que, además, nos hiciera comprender a través de la experiencia, aquel estado marginal que hizo llamar “malditos” a poetas como Baudelaire o Rimbaud.

Se trataba de una tertulia en el nombre de la embriaguez; se llevaría a cabo en Los famosos equipales, una cantina cuya decoración, más que llegar a ser una estructura “chilaquileada” (o Kitsch) puede percibirse como una decoración barroca “a la mexicana”.

En las paredes cuelgan una infinidad de cuadros con el escudo y la mascota de las Chivas del Guadalajara, fotografías en las
que aparecen jugadores de futbol y luchadores de box,  identificados al instante por los aficionados a estos deportes. Se encuentran también carteles sobre corridas de toros y toreros famosos, entre ellos Manolete. Me llevé una sorpresa al ver como extraviada entre los deportistas, una fotografía en blanco y negro de Agustín Lara, firmada por el mismísimo compositor.

Se conserva en la entrada aquellas puertas de película de vaqueros y una majestuosa barra de licores, que antes estaba prohibida a las mujeres, debido a su antiguo escupidero, que las personas ya borrachas solían confundir por baño.

Charlé con la dueña del lugar. Ella no dudó en decir que sí. La tertulia ya no era tan sólo una idea o una revelación, era un hecho.

Balas para hacer “callo”

Fue un domingo 23 de septiembre.

Alrededor de 15 personas (estudiantes de letras y amigos de éstos, también amantes de la literatura) eran las que conformaban la audiencia.

Cruzaron las puertas de vaquero tres hombres altos, con facciones nada finas, vestidos de traje y corbata.
Eran el vívido estereotipo de “señor de oficina” que nunca se ve en domingo. Estaban sólo mirándonos despectivamente, daban la impresión de que tenían planeado algo...

Entre los saludos y la elección de un buen equipal para presenciar el evento, desfilaban en la primera ronda, cervezas León, Negra Modelo y Pacífico, acompañadas con cacahuates, churritos de harina y tostaditas de frijol.

Iniciamos la tertulia ya entrados en calidez. Martín García López con Patmon, un relato con sublimes descripciones formuladas a partir de la sensible visión de un niño, acompañado de Patmon, su pato y “único amigo”. Nydia Pando con su relato ácido, no apto para dogmatistas, sobre una joven que, a pesar de estar bajo los efectos de psicotrópicos, logra burlar a dos extranjeros para evitar cualquier contacto sexual. La misma protagonista termina burlándose de ella misma por la situación absurda que ha vivido. Víctor Villarreal con sus poemas, trajo a Borges desde “El Aleph” hacia nuestros ojos y...

Uno de los hombres se paró de la barra, y se dirigió hacia la rockola. No le importó la molestia que nos podría causar la banda. Víctor, levantó la voz y continuó declamando: “[...] para los tolerantes/para los ntolerantes [...]” un poema propicio para las circunstancias.

¡Aah! Éstos cabrones que no se callan− grito uno de ellos –Pues ve y súbele a la música para que entiendan − contestó otro. Nos querían callar de mala gana, pero no cedimos.

El volumen alto de la rockola no fue obstáculo para Arnulfo Valdez. “Tupa túpa tupá” resonó la creación: Poema, música, relato alternativo del origen del todo. Pasión onomatopéyica consistente. Los hombres ya estaban totalmente irritados de nuestro “puto evento”; se pararon de la barra y sólo nos observaban, parecía como si tuvieran algo planeado, además de odiarnos.

Francisco López con La esfera que se come a lengüetazos, una alegoría erótica que hacía ver al sexo como un acto cremoso y dulce. Un poema que “supo sabroso” con las nalgas alegres que tomábamos, bebida preparada con limón, ron, vino tinto, ginebra, y crush.

No sé si haya sido por la “cachondez” del poema de Paco, pero lo cierto es que, los hombres trajeados ya no nos toleraron más; uno de ellos sacó un revólver de su mariconera y empezó a disparar hacía el techo de la cantina. Rápido nos metimos debajo de las mesas.

Curiosamente, a pesar de la caótica escena, los participantes de la tertulia se mostraban tranquilos (Magnolia Cárdenas incluso empezó a declamar Prisma de Manuel Maples Arce, debajo de la mesa).

Hubo un silencio repentino, total. El hombre que lanzaba los disparos había sido noqueado con una botella de vidrio por uno de los mismos hombres trajeados.

Fue ese momento el que aprovechamos para tratar de salir de la cantina. No creíamos lo que había pasado.

El tobillo de Martín sangraba, una de las balas lo había rozado. Sin embargo, él y el resto se veían tranquilos e incluso alegres; más que a las críticas, hoy habían sobrevivido a las mismas balas.

I

En tus ojos reconocí mi locura, como en las
películas de mierda en que el dueño de una
tienda de electrodomésticos encuentra el amor
en una pasarela. Y mientras la nieve chocaba
contra nuestros gorros endebles, pude ver en tu
labio un hilo de sangre. En aquella antropofagia
había más esperanza que en cualquier grupo
de ayuda, incluso este que se reúne cada
viernes sin importar las condiciones del clima.

 
II

todo lo que tocas es víctima
d e u n s u i c i d i o
en el grito de orgasmo más puro

si yo fuera tu mano
no dudaría en tocarme

Perra
que mi vibra no sea aniquilada

llevo puestos mis lentes favoritos

 

III

¿Has visto la inocencia con que las ratas
pasean por los pasillos del metro? Hoy quise
adivinar lo que una mascullaba. Me pareció
escuchar una voz que repetía: “fuimos la miseria
de este mundo”.

Si ya nadie se digna a patearlas, ¿cómo sabrán
cuándo volver a casa?

I

En tus ojos reconocí mi locura, como en las
películas de mierda en que el dueño de una
tienda de electrodomésticos encuentra el amor
en una pasarela. Y mientras la nieve chocaba
contra nuestros gorros endebles, pude ver en tu
labio un hilo de sangre. En aquella antropofagia
había más esperanza que en cualquier grupo
de ayuda, incluso este que se reúne cada
viernes sin importar las condiciones del clima.

 
II

todo lo que tocas es víctima
d e u n s u i c i d i o
en el grito de orgasmo más puro

si yo fuera tu mano
no dudaría en tocarme

Perra
que mi vibra no sea aniquilada

llevo puestos mis lentes favoritos

 

III

¿Has visto la inocencia con que las ratas
pasean por los pasillos del metro? Hoy quise
adivinar lo que una mascullaba. Me pareció
escuchar una voz que repetía: “fuimos la miseria
de este mundo”.

Si ya nadie se digna a patearlas, ¿cómo sabrán
cuándo volver a casa?

Chuy Baroz 1993. Monclova, Coahuila. Aunque coahuilense de corazón, vive desde hace cinco años en Salt Late City, Utah, donde se ha abierto paso en la escena con su proyecto de rap The Bons-Airs. Cree fervientemente que, de estar vivo, Tupac Shakur merecería el Nobel de Literatura.

Imagen de portada: Alexander Binder

m_edward

Edward Hopper
o la imagen de la soledad

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