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N.004 - Narrativa

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Escrito por Fernando Salgado 

Sale del arco un hombre con traje. Todos los espectadores lo miran rabiosos por tanta espera. —Disculpen. Dice al principio. —Nuestra atracción principal ha sufrido una infección en la garganta y no podrá cantar desde el vacío. De nuevo les pido una disculpa y los invito a quedarse tres horas sin costo adicional. El público ofendido escupe el escenario; algunos fueron desafortunados al babearse de otros provocando el derretimiento de su pelo rascándose desesperados la cabeza como si hubieran perdido sus boletos. El presentador nervioso deja de hablar para que la multitud guarde silencio y después anuncia, por fin, el evento programado: — ¡Con ustedes, el inigualable, el único, el extraordinario! ¡Hojehain!

La multitud aplaude en estado de locura, cada uno de los movimientos acompasados con sus uñas largas, cortan la piel de quienes están en los asientos de adelante, la mugre les escurre. Sale el ilusionista desde el gran arco y a continuación todas las luces se apagan. Calla la muchedumbre. Al parecer lo importante no sólo es mirar si no que les digan lo que tienen que mirar. Saca sus manos de los bolsillos y da un fuerte aplauso como si pretendiera retumbar los tímpanos del público. Hojehain comienza a caminar en círculos y marca el suelo con un trozo de madera; del centro de la figura invisible brota un gran bulto sin forma. El ilusionista rodea la figura deforme. Después de unos minutos el gran Hojehain levanta los brazos y chasquea sus manos. Aparece una magnifica serpiente roja levantándose de entre los signos transparentes.

Hojehain toma su látigo y mira retador. Inclina su brazo y da un latigazo contra ella. Esta abre el hocico y se lanza a él. No hubo piedad. El público grita. La música toma el color del circo, aparecen payasos y trapecistas en escena. La serpiente revolotea ante la algarabía, repara un momento y se lanza contra la lámpara en el techo de la carpa. La lámpara explota con la fuerza de una granada esparciendo el cuerpo entero de la serpiente y el de varios payasos y trapecistas. El auditorio queda atónito y la música guarda silencio. La falta de luz no permite ver que hay sangre, vísceras o trozos de piel esparcidos en el suelo. Una esfera luminosa aparece encima del público. Bajo el arco se aprecia otra serpiente de agua con Hojehain dentro de ella nadando sin extremidades. Un sonido abre el suspenso y anuncia el desenlace. La luz se intensifica. La serpiente comienza a arder, el agua comienza a hervir y las burbujas inundan el cuerpo transparente del reptil. Hojehain se prepara. El agua pronto llega a su grado de cocción y la evaporación es inminente. Algo dentro de Hojehain lo empieza a romper como si él mismo fuera un cascarón. Es una formidable mantis. El público se derrocha en aplausos mientras se cierran las puertas del auditorio. El verdadero ilusionista ha revelado su forma prominente, mirando a todos los presentes. Levanta su pronotum y sus antenas reconociendo la oscuridad de las personas, se acerca al público moviendo sus grandes y fuertes tenazas; ahora comienza el verdadero acto.


Sale del arco un hombre con traje. Todos los espectadores lo miran rabiosos por tanta espera. —Disculpen. Dice al principio. —Nuestra atracción principal ha sufrido una infección en la garganta y no podrá cantar desde el vacío. De nuevo les pido una disculpa y los invito a quedarse tres horas sin costo adicional. El público ofendido escupe el escenario; algunos fueron desafortunados al babearse de otros provocando el derretimiento de su pelo rascándose desesperados la cabeza como si hubieran perdido sus boletos. El presentador nervioso deja de hablar para que la multitud guarde silencio y después anuncia, por fin, el evento programado: — ¡Con ustedes, el inigualable, el único, el extraordinario! ¡Hojehain!

La multitud aplaude en estado de locura, cada uno de los movimientos acompasados con sus uñas largas, cortan la piel de quienes están en los asientos de adelante, la mugre les escurre. Sale el ilusionista desde el gran arco y a continuación todas las luces se apagan. Calla la muchedumbre. Al parecer lo importante no sólo es mirar si no que les digan lo que tienen que mirar. Saca sus manos de los bolsillos y da un fuerte aplauso como si pretendiera retumbar los tímpanos del público. Hojehain comienza a caminar en círculos y marca el suelo con un trozo de madera; del centro de la figura invisible brota un gran bulto sin forma. El ilusionista rodea la figura deforme. Después de unos minutos el gran Hojehain levanta los brazos y chasquea sus manos. Aparece una magnifica serpiente roja levantándose de entre los signos transparentes.

Hojehain toma su látigo y mira retador. Inclina su brazo y da un latigazo contra ella. Esta abre el hocico y se lanza a él. No hubo piedad. El público grita. La música toma el color del circo, aparecen payasos y trapecistas en escena. La serpiente revolotea ante la algarabía, repara un momento y se lanza contra la lámpara en el techo de la carpa. La lámpara explota con la fuerza de una granada esparciendo el cuerpo entero de la serpiente y el de varios payasos y trapecistas. El auditorio queda atónito y la música guarda silencio. La falta de luz no permite ver que hay sangre, vísceras o trozos de piel esparcidos en el suelo. Una esfera luminosa aparece encima del público. Bajo el arco se aprecia otra serpiente de agua con Hojehain dentro de ella nadando sin extremidades. Un sonido abre el suspenso y anuncia el desenlace. La luz se intensifica. La serpiente comienza a arder, el agua comienza a hervir y las burbujas inundan el cuerpo transparente del reptil. Hojehain se prepara. El agua pronto llega a su grado de cocción y la evaporación es inminente. Algo dentro de Hojehain lo empieza a romper como si él mismo fuera un cascarón. Es una formidable mantis. El público se derrocha en aplausos mientras se cierran las puertas del auditorio. El verdadero ilusionista ha revelado su forma prominente, mirando a todos los presentes. Levanta su pronotum y sus antenas reconociendo la oscuridad de las personas, se acerca al público moviendo sus grandes y fuertes tenazas; ahora comienza el verdadero acto.

 

Sale del arco un hombre con traje. Todos los espectadores lo miran rabiosos por tanta espera. —Disculpen. Dice al principio. —Nuestra atracción principal ha sufrido una infección en la garganta y no podrá cantar desde el vacío. De nuevo les pido una disculpa y los invito a quedarse tres horas sin costo adicional. El público ofendido escupe el escenario; algunos fueron desafortunados al babearse de otros provocando el derretimiento de su pelo rascándose desesperados la cabeza como si hubieran perdido sus boletos. El presentador nervioso deja de hablar para que la multitud guarde silencio y después anuncia, por fin, el evento programado: — ¡Con ustedes, el inigualable, el único, el extraordinario! ¡Hojehain!

La multitud aplaude en estado de locura, cada uno de los movimientos acompasados con sus uñas largas, cortan la piel de quienes están en los asientos de adelante, la mugre les escurre. Sale el ilusionista desde el gran arco y a continuación todas las luces se apagan. Calla la muchedumbre. Al parecer lo importante no sólo es mirar si no que les digan lo que tienen que mirar. Saca sus manos de los bolsillos y da un fuerte aplauso como si pretendiera retumbar los tímpanos del público. Hojehain comienza a caminar en círculos y marca el suelo con un trozo de madera; del centro de la figura invisible brota un gran bulto sin forma. El ilusionista rodea la figura deforme. Después de unos minutos el gran Hojehain levanta los brazos y chasquea sus manos. Aparece una magnifica serpiente roja levantándose de entre los signos transparentes.

Hojehain toma su látigo y mira retador. Inclina su brazo y da un latigazo contra ella. Esta abre el hocico y se lanza a él. No hubo piedad. El público grita. La música toma el color del circo, aparecen payasos y trapecistas en escena. La serpiente revolotea ante la algarabía, repara un momento y se lanza contra la lámpara en el techo de la carpa. La lámpara explota con la fuerza de una granada esparciendo el cuerpo entero de la serpiente y el de varios payasos y trapecistas. El auditorio queda atónito y la música guarda silencio. La falta de luz no permite ver que hay sangre, vísceras o trozos de piel esparcidos en el suelo. Una esfera luminosa aparece encima del público. Bajo el arco se aprecia otra serpiente de agua con Hojehain dentro de ella nadando sin extremidades. Un sonido abre el suspenso y anuncia el desenlace. La luz se intensifica. La serpiente comienza a arder, el agua comienza a hervir y las burbujas inundan el cuerpo transparente del reptil. Hojehain se prepara. El agua pronto llega a su grado de cocción y la evaporación es inminente. Algo dentro de Hojehain lo empieza a romper como si él mismo fuera un cascarón. Es una formidable mantis. El público se derrocha en aplausos mientras se cierran las puertas del auditorio. El verdadero ilusionista ha revelado su forma prominente, mirando a todos los presentes. Levanta su pronotum y sus antenas reconociendo la oscuridad de las personas, se acerca al público moviendo sus grandes y fuertes tenazas; ahora comienza el verdadero acto.


Sale del arco un hombre con traje. Todos los espectadores lo miran rabiosos por tanta espera. —Disculpen. Dice al principio. —Nuestra atracción principal ha sufrido una infección en la garganta y no podrá cantar desde el vacío. De nuevo les pido una disculpa y los invito a quedarse tres horas sin costo adicional. El público ofendido escupe el escenario; algunos fueron desafortunados al babearse de otros provocando el derretimiento de su pelo rascándose desesperados la cabeza como si hubieran perdido sus boletos. El presentador nervioso deja de hablar para que la multitud guarde silencio y después anuncia, por fin, el evento programado: — ¡Con ustedes, el inigualable, el único, el extraordinario! ¡Hojehain!

La multitud aplaude en estado de locura, cada uno de los movimientos acompasados con sus uñas largas, cortan la piel de quienes están en los asientos de adelante, la mugre les escurre. Sale el ilusionista desde el gran arco y a continuación todas las luces se apagan. Calla la muchedumbre. Al parecer lo importante no sólo es mirar si no que les digan lo que tienen que mirar. Saca sus manos de los bolsillos y da un fuerte aplauso como si pretendiera retumbar los tímpanos del público. Hojehain comienza a caminar en círculos y marca el suelo con un trozo de madera; del centro de la figura invisible brota un gran bulto sin forma. El ilusionista rodea la figura deforme. Después de unos minutos el gran Hojehain levanta los brazos y chasquea sus manos. Aparece una magnifica serpiente roja levantándose de entre los signos transparentes.

Hojehain toma su látigo y mira retador. Inclina su brazo y da un latigazo contra ella. Esta abre el hocico y se lanza a él. No hubo piedad. El público grita. La música toma el color del circo, aparecen payasos y trapecistas en escena. La serpiente revolotea ante la algarabía, repara un momento y se lanza contra la lámpara en el techo de la carpa. La lámpara explota con la fuerza de una granada esparciendo el cuerpo entero de la serpiente y el de varios payasos y trapecistas. El auditorio queda atónito y la música guarda silencio. La falta de luz no permite ver que hay sangre, vísceras o trozos de piel esparcidos en el suelo. Una esfera luminosa aparece encima del público. Bajo el arco se aprecia otra serpiente de agua con Hojehain dentro de ella nadando sin extremidades. Un sonido abre el suspenso y anuncia el desenlace. La luz se intensifica. La serpiente comienza a arder, el agua comienza a hervir y las burbujas inundan el cuerpo transparente del reptil. Hojehain se prepara. El agua pronto llega a su grado de cocción y la evaporación es inminente. Algo dentro de Hojehain lo empieza a romper como si él mismo fuera un cascarón. Es una formidable mantis. El público se derrocha en aplausos mientras se cierran las puertas del auditorio. El verdadero ilusionista ha revelado su forma prominente, mirando a todos los presentes. Levanta su pronotum y sus antenas reconociendo la oscuridad de las personas, se acerca al público moviendo sus grandes y fuertes tenazas; ahora comienza el verdadero acto.


Sale del arco un hombre con traje. Todos los espectadores lo miran rabiosos por tanta espera. —Disculpen. Dice al principio. —Nuestra atracción principal ha sufrido una infección en la garganta y no podrá cantar desde el vacío. De nuevo les pido una disculpa y los invito a quedarse tres horas sin costo adicional. El público ofendido escupe el escenario; algunos fueron desafortunados al babearse de otros provocando el derretimiento de su pelo rascándose desesperados la cabeza como si hubieran perdido sus boletos. El presentador nervioso deja de hablar para que la multitud guarde silencio y después anuncia, por fin, el evento programado: — ¡Con ustedes, el inigualable, el único, el extraordinario! ¡Hojehain!

La multitud aplaude en estado de locura, cada uno de los movimientos acompasados con sus uñas largas, cortan la piel de quienes están en los asientos de adelante, la mugre les escurre. Sale el ilusionista desde el gran arco y a continuación todas las luces se apagan. Calla la muchedumbre. Al parecer lo importante no sólo es mirar si no que les digan lo que tienen que mirar. Saca sus manos de los bolsillos y da un fuerte aplauso como si pretendiera retumbar los tímpanos del público. Hojehain comienza a caminar en círculos y marca el suelo con un trozo de madera; del centro de la figura invisible brota un gran bulto sin forma. El ilusionista rodea la figura deforme. Después de unos minutos el gran Hojehain levanta los brazos y chasquea sus manos. Aparece una magnifica serpiente roja levantándose de entre los signos transparentes.


Hojehain toma su látigo y mira retador. Inclina su brazo y da un latigazo contra ella. Esta abre el hocico y se lanza a él. No hubo piedad. El público grita. La música toma el color del circo, aparecen payasos y trapecistas en escena. La serpiente revolotea ante la algarabía, repara un momento y se lanza contra la lámpara en el techo de la carpa. La lámpara explota con la fuerza de una granada esparciendo el cuerpo entero de la serpiente y el de varios payasos y trapecistas. El auditorio queda atónito y la música guarda silencio. La falta de luz no permite ver que hay sangre, vísceras o trozos de piel esparcidos en el suelo. Una esfera luminosa aparece encima del público. Bajo el arco se aprecia otra serpiente de agua con Hojehain dentro de ella nadando sin extremidades. Un sonido abre el suspenso y anuncia el desenlace. La luz se intensifica. La serpiente comienza a arder, el agua comienza a hervir y las burbujas inundan el cuerpo transparente del reptil. Hojehain se prepara. El agua pronto llega a su grado de cocción y la evaporación es inminente. Algo dentro de Hojehain lo empieza a romper como si él mismo fuera un cascarón. Es una formidable mantis. El público se derrocha en aplausos mientras se cierran las puertas del auditorio. El verdadero ilusionista ha revelado su forma prominente, mirando a todos los presentes. Levanta su pronotum y sus antenas reconociendo la oscuridad de las personas, se acerca al público moviendo sus grandes y fuertes tenazas; ahora comienza el verdadero acto.

Fernando Salgado. Uruapan, Michoacán, México, 1995. Se asusta muy a menudo, y tiene pesadillas al escribir literatura negruzca.

Imagen de portada: Joseph Haxan

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N.004 - Poesía

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