Mijaíl

N.014 - Narrativa

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Escrito por Rubén Cantor

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Escrito por Rubén Cantor

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Llegó

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. Me lo imagino brincando por las azoteas con elegancia, ensuciándose sus patitas blancas, sus guantecitos y botitas blancas. Él es negro, salvo esas partes. También tiene una manchita blanca en la cara que tiene la figura de un asteroide cayendo, con su estela de fuego. La primera vez que vi a Mijaíl él me llamó. Me dijo shhhh, oye, ven tantito. Le pregunté qué te traes. Me contestó nada, solo quiero que me veas. Ya te vi, le dije. Pues ahora clávate con mis guantecitos y mis botitas, me dijo. Me clavé con sus guantecitos y con sus botitas blancas. Nunca imaginé que los gatos vistieran guantecitos y botitas. Se veía hermoso. Me veo hermoso, ¿verdad?, me dijo. Sí, la neta sí, le dije. Pues llévame a tu casa, no seas gacho, me dijo. Pero no tengo… me interrumpió. No empieces, me dijo, no soy demandante, llévame, no te vas a arrepentir. Va, le dije. Me lo llevé en mis brazos hasta mi casa y ahí lo dejé explorar. Me pidió agua. Luego me pidió comida.

 

El

Con el tiempo me enamoré perdidamente de él. Era adorable. Destruyó muchas de mis posesiones más valiosas, pero cuando lo hizo dejaron de ser valiosas. Ahora él era lo único que me importaba. Mi Mijaíl. ¿Por qué los humanos le temen tanto a la muerte?, me preguntó una noche. Porque después de la muerte no hay nada más, le dije. Él me dijo quién te dijo eso. Le dije pues nadie lo sabe con seguridad porque nadie ha vuelto de ella, pero eso parece ser lo que sucede, ¿no? Me dijo clávate con mi manchita de la cara, ¿qué ves? Le dije no sé, es un círculo con una colita. Me dijo es un asteroide y va a caer pronto aquí. Le pregunté ¿aquí en la casa? Me dijo aquí en la tierra. Le pregunté ¿cuándo caerá? Me dijo que cuando él se escape.

 

Fin

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. El cielo se ve normal. Ah, no, ya empezó a cambiar de color. Siento una vibración en el pecho, en el pecho y en los pies. Un sol se asoma. Ya está aquí. Mijaíl tenía razón, obvio tenía razón. ¿Dónde estará mi gato? Espero que esté abordando una nave espacial y se largue de aquí. Que viaje a un planeta mejor que éste. El sol baja cada vez más rápido. Es momento de recordar a Mijaíl Bulgákov. Mi gato.


Llegó

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. Me lo imagino brincando por las azoteas con elegancia, ensuciándose sus patitas blancas, sus guantecitos y botitas blancas. Él es negro, salvo esas partes. También tiene una manchita blanca en la cara que tiene la figura de un asteroide cayendo, con su estela de fuego. La primera vez que vi a Mijaíl él me llamó. Me dijo shhhh, oye, ven tantito. Le pregunté qué te traes. Me contestó nada, solo quiero que me veas. Ya te vi, le dije. Pues ahora clávate con mis guantecitos y mis botitas, me dijo. Me clavé con sus guantecitos y con sus botitas blancas. Nunca imaginé que los gatos vistieran guantecitos y botitas. Se veía hermoso. Me veo hermoso, ¿verdad?, me dijo. Sí, la neta sí, le dije. Pues llévame a tu casa, no seas gacho, me dijo. Pero no tengo… me interrumpió. No empieces, me dijo, no soy demandante, llévame, no te vas a arrepentir. Va, le dije. Me lo llevé en mis brazos hasta mi casa y ahí lo dejé explorar. Me pidió agua. Luego me pidió comida.

 

El

Con el tiempo me enamoré perdidamente de él. Era adorable. Destruyó muchas de mis posesiones más valiosas, pero cuando lo hizo dejaron de ser valiosas. Ahora él era lo único que me importaba. Mi Mijaíl. ¿Por qué los humanos le temen tanto a la muerte?, me preguntó una noche. Porque después de la muerte no hay nada más, le dije. Él me dijo quién te dijo eso. Le dije pues nadie lo sabe con seguridad porque nadie ha vuelto de ella, pero eso parece ser lo que sucede, ¿no? Me dijo clávate con mi manchita de la cara, ¿qué ves? Le dije no sé, es un círculo con una colita. Me dijo es un asteroide y va a caer pronto aquí. Le pregunté ¿aquí en la casa? Me dijo aquí en la tierra. Le pregunté ¿cuándo caerá? Me dijo que cuando él se escape.

 

Fin

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. El cielo se ve normal. Ah, no, ya empezó a cambiar de color. Siento una vibración en el pecho, en el pecho y en los pies. Un sol se asoma. Ya está aquí. Mijaíl tenía razón, obvio tenía razón. ¿Dónde estará mi gato? Espero que esté abordando una nave espacial y se largue de aquí. Que viaje a un planeta mejor que éste. El sol baja cada vez más rápido. Es momento de recordar a Mijaíl Bulgákov. Mi gato.

 

Llegó

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. Me lo imagino brincando por las azoteas con elegancia, ensuciándose sus patitas blancas, sus guantecitos y botitas blancas. Él es negro, salvo esas partes. También tiene una manchita blanca en la cara que tiene la figura de un asteroide cayendo, con su estela de fuego. La primera vez que vi a Mijaíl él me llamó. Me dijo shhhh, oye, ven tantito. Le pregunté qué te traes. Me contestó nada, solo quiero que me veas. Ya te vi, le dije. Pues ahora clávate con mis guantecitos y mis botitas, me dijo. Me clavé con sus guantecitos y con sus botitas blancas. Nunca imaginé que los gatos vistieran guantecitos y botitas. Se veía hermoso. Me veo hermoso, ¿verdad?, me dijo. Sí, la neta sí, le dije. Pues llévame a tu casa, no seas gacho, me dijo. Pero no tengo… me interrumpió. No empieces, me dijo, no soy demandante, llévame, no te vas a arrepentir. Va, le dije. Me lo llevé en mis brazos hasta mi casa y ahí lo dejé explorar. Me pidió agua. Luego me pidió comida.

 

El

Con el tiempo me enamoré perdidamente de él. Era adorable. Destruyó muchas de mis posesiones más valiosas, pero cuando lo hizo dejaron de ser valiosas. Ahora él era lo único que me importaba. Mi Mijaíl. ¿Por qué los humanos le temen tanto a la muerte?, me preguntó una noche. Porque después de la muerte no hay nada más, le dije. Él me dijo quién te dijo eso. Le dije pues nadie lo sabe con seguridad porque nadie ha vuelto de ella, pero eso parece ser lo que sucede, ¿no? Me dijo clávate con mi manchita de la cara, ¿qué ves? Le dije no sé, es un círculo con una colita. Me dijo es un asteroide y va a caer pronto aquí. Le pregunté ¿aquí en la casa? Me dijo aquí en la tierra. Le pregunté ¿cuándo caerá? Me dijo que cuando él se escape.

 

Fin

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. El cielo se ve normal. Ah, no, ya empezó a cambiar de color. Siento una vibración en el pecho, en el pecho y en los pies. Un sol se asoma. Ya está aquí. Mijaíl tenía razón, obvio tenía razón. ¿Dónde estará mi gato? Espero que esté abordando una nave espacial y se largue de aquí. Que viaje a un planeta mejor que éste. El sol baja cada vez más rápido. Es momento de recordar a Mijaíl Bulgákov. Mi gato.

 

Llegó

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. Me lo imagino brincando por las azoteas con elegancia, ensuciándose sus patitas blancas, sus guantecitos y botitas blancas. Él es negro, salvo esas partes. También tiene una manchita blanca en la cara que tiene la figura de un asteroide cayendo, con su estela de fuego. La primera vez que vi a Mijaíl él me llamó. Me dijo shhhh, oye, ven tantito. Le pregunté qué te traes. Me contestó nada, solo quiero que me veas. Ya te vi, le dije. Pues ahora clávate con mis guantecitos y mis botitas, me dijo. Me clavé con sus guantecitos y con sus botitas blancas. Nunca imaginé que los gatos vistieran guantecitos y botitas. Se veía hermoso. Me veo hermoso, ¿verdad?, me dijo. Sí, la neta sí, le dije. Pues llévame a tu casa, no seas gacho, me dijo. Pero no tengo… me interrumpió. No empieces, me dijo, no soy demandante, llévame, no te vas a arrepentir. Va, le dije. Me lo llevé en mis brazos hasta mi casa y ahí lo dejé explorar. Me pidió agua. Luego me pidió comida.

 

El

Con el tiempo me enamoré perdidamente de él. Era adorable. Destruyó muchas de mis posesiones más valiosas, pero cuando lo hizo dejaron de ser valiosas. Ahora él era lo único que me importaba. Mi Mijaíl. ¿Por qué los humanos le temen tanto a la muerte?, me preguntó una noche. Porque después de la muerte no hay nada más, le dije. Él me dijo quién te dijo eso. Le dije pues nadie lo sabe con seguridad porque nadie ha vuelto de ella, pero eso parece ser lo que sucede, ¿no? Me dijo clávate con mi manchita de la cara, ¿qué ves? Le dije no sé, es un círculo con una colita. Me dijo es un asteroide y va a caer pronto aquí. Le pregunté ¿aquí en la casa? Me dijo aquí en la tierra. Le pregunté ¿cuándo caerá? Me dijo que cuando él se escape.

 

Fin

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. El cielo se ve normal. Ah, no, ya empezó a cambiar de color. Siento una vibración en el pecho, en el pecho y en los pies. Un sol se asoma. Ya está aquí. Mijaíl tenía razón, obvio tenía razón. ¿Dónde estará mi gato? Espero que esté abordando una nave espacial y se largue de aquí. Que viaje a un planeta mejor que éste. El sol baja cada vez más rápido. Es momento de recordar a Mijaíl Bulgákov. Mi gato.

 

Llegó

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. Me lo imagino brincando por las azoteas con elegancia, ensuciándose sus patitas blancas, sus guantecitos y botitas blancas. Él es negro, salvo esas partes. También tiene una manchita blanca en la cara que tiene la figura de un asteroide cayendo, con su estela de fuego. La primera vez que vi a Mijaíl él me llamó. Me dijo shhhh, oye, ven tantito. Le pregunté qué te traes. Me contestó nada, solo quiero que me veas. Ya te vi, le dije. Pues ahora clávate con mis guantecitos y mis botitas, me dijo. Me clavé con sus guantecitos y con sus botitas blancas. Nunca imaginé que los gatos vistieran guantecitos y botitas. Se veía hermoso. Me veo hermoso, ¿verdad?, me dijo. Sí, la neta sí, le dije. Pues llévame a tu casa, no seas gacho, me dijo. Pero no tengo… me interrumpió. No empieces, me dijo, no soy demandante, llévame, no te vas a arrepentir. Va, le dije. Me lo llevé en mis brazos hasta mi casa y ahí lo dejé explorar. Me pidió agua. Luego me pidió comida.

 

El

Con el tiempo me enamoré perdidamente de él. Era adorable. Destruyó muchas de mis posesiones más valiosas, pero cuando lo hizo dejaron de ser valiosas. Ahora él era lo único que me importaba. Mi Mijaíl. ¿Por qué los humanos le temen tanto a la muerte?, me preguntó una noche. Porque después de la muerte no hay nada más, le dije. Él me dijo quién te dijo eso. Le dije pues nadie lo sabe con seguridad porque nadie ha vuelto de ella, pero eso parece ser lo que sucede, ¿no? Me dijo clávate con mi manchita de la cara, ¿qué ves? Le dije no sé, es un círculo con una colita. Me dijo es un asteroide y va a caer pronto aquí. Le pregunté ¿aquí en la casa? Me dijo aquí en la tierra. Le pregunté ¿cuándo caerá? Me dijo que cuando él se escape.

 

Fin

Se escapó mi gato Mijaíl Bulgákov y ya nada me importa. El cielo se ve normal. Ah, no, ya empezó a cambiar de color. Siento una vibración en el pecho, en el pecho y en los pies. Un sol se asoma. Ya está aquí. Mijaíl tenía razón, obvio tenía razón. ¿Dónde estará mi gato? Espero que esté abordando una nave espacial y se largue de aquí. Que viaje a un planeta mejor que éste. El sol baja cada vez más rápido. Es momento de recordar a Mijaíl Bulgákov. Mi gato.

 

Rubén Cantor (México, DF, 1987) estudió periodismo y literatura en la UAQ. Publicó el libro de cuentos Kafkacóatl (Herring Publishers, 2016), la novela El mal burgués (Editorial Montea, 2018) y ha sido beneficiario del PECDA (categoría de novela) en dos ocasiones.

Imagen de portada: 野貓王

Rubén Cantor (México, DF, 1987) estudió periodismo y literatura en la UAQ. Publicó el libro de cuentos Kafkacóatl (Herring Publishers, 2016), la novela El mal burgués (Editorial Montea, 2018) y ha sido beneficiario del PECDA (categoría de novela) en dos ocasiones.

Foto de portada: 野貓王

 

Rubén Cantor (México, DF, 1987) estudió periodismo y literatura en la UAQ. Publicó el libro de cuentos Kafkacóatl (Herring Publishers, 2016), la novela El mal burgués (Editorial Montea, 2018) y ha sido beneficiario del PECDA (categoría de novela) en dos ocasiones.

Imagen de portada: 野貓王

Rubén Cantor (México, DF, 1987) estudió periodismo y literatura en la UAQ. Publicó el libro de cuentos Kafkacóatl (Herring Publishers, 2016), la novela El mal burgués (Editorial Montea, 2018) y ha sido beneficiario del PECDA (categoría de novela) en dos ocasiones.

Imagen de portada: 野貓王

Rubén Cantor (México, DF, 1987) estudió periodismo y literatura en la UAQ. Publicó el libro de cuentos Kafkacóatl (Herring Publishers, 2016), la novela El mal burgués (Editorial Montea, 2018) y ha sido beneficiario del PECDA (categoría de novela) en dos ocasiones.

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