Mañana

N.012 - Narrativa

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N.012 - Narrativa

Escrito por María Jesús Chávez

¿Quién puede decir que sea
por eso mi niña mala?
Raúl Ferrer

Abuela olvidó las pastillas malas en el baño. Normalmente no me hubieran dejado alcanzarlas, pero Papi y Mami estaban discutiendo y no se dieron cuenta. Además, confían en mí. Dicen. Tengo un nudo en la boca del estómago, porque pronto acabará la novela y tendré que irme a dormir. No tengo rastro de fiebre, ni un dolorcito de garganta. Intenté vomitar, a ver si me dejaban tranquila. Hace días me meto el dedo y no vomito. ¿Qué pasa? No puedo estar todo el tiempo con las manos frías y los deseos de salir corriendo. No hay a dónde correr.

Por la tarde Mami fue a hablar con La Seño. La Seño es fea, gorda, con la cara llena de huecos y la nariz grandísima. Le gusta pararme frente a toda el aula a leer y, cuando empiezo a gaguear, me dice "artista" porque soy una mentirosa y actúo todo el tiempo, y escribe en un acta que finjo sentirme mal para que me cojan lástima. Según ella, no soy "crítica y autocrítica" y eso es cosa de ratones y víboras. Entonces quiere oírme repetir en voz bien alta que soy una víbora, autosuficiente, mentirosa y artista. Y como callo, mis amiguitos empiezan a tratarme mal.

Lleva días encerrándome uno o dos turnos en el Cuartico Oscuro de las auxiliares de limpieza, con las cucarachas pasándome por arriba y un montón de ruidos extraños, hasta que me comprometa a decir en el matutino que ella es una buena maestra y que la quiero mucho, y que todo lo que digo en su contra es cuento mío. Ayer me dejó salir un ratico porque había visita. Yo estuve llorando todo el tiempo y no quise responder el ejercicio de matemáticas, y eso que era la única que podía. Cuando la visita se fue, Arletis me empujó y me dijo "venenosa". La Seño lo vio, pero no hizo nada, porque la mamá de Arletis le trae merienda todos los días. Y un pomito con café del bueno, sin chícharos. Ella puede hacer lo que le dé la gana.

Por favor, que no amanezca. Hoy La Seño me zarandeó, está cansada de que no diga lo que quiere. Yo vomité en sus pies, en el piso, le dio asco y me soltó. Entonces caí sobre todo aquello y empecé a llorar, y eso que nunca quiero llorar frente a ella. “Lo vas a limpiar con la lengua, puerca, asquerosa”, gritaba y gritaba. Me agarró por los pelos, intentó que restregara la boca en el vómito, pero yo no la dejé. Tuve que bajar al patio a buscar un trapeador y estar con el uniforme embarrado todo el día, para que aprendiera a no ser tan asquerosa. Mis amiguitos se rieron, y alguno de ellos fue a ver a Mami y se lo contó. Ella llevaba horas preguntándome por qué mi uniforme era “un solo trapo apestoso” y, como no le decía, también me tenía encerrada. ¿Por qué simplemente no me dejan en paz?

Solo quiero que Mami acabe de decidir. O me manda para otra escuela o deja todo como está, pero que no vaya más a ver a La Seño. Total, solo me cree desde que la logopeda nos mandó con El Psicólogo. Antes decía: "Analízate tú", como Papi y el resto. "Algo haces, no puede ser que el mundo entero esté en tu contra por gusto. Algo malo tienes". Pero El Psicólogo me creyó desde el principio y regañó a Mami, y desde entonces todo es peor porque ella va a ver a La Seño, pero no resuelve nada.

Los otros maestros nunca saben de dónde yo saqué esas cosas. “Tiene mucha imaginación”, le responden. Hasta la directora lo cree, porque ha leído los cuentos de terror que escribo en los descansos. Así que se quedan a solas hablando con La Seño. Terminan riéndose. Y al otro día ella me pone frente al aula, para que sea "autocrítica" y les diga a mis amiguitos que de nuevo estuve contando mentiras en la casa. Y les pregunta uno por uno si alguna vez la han visto maltratarme o cualquier cosa, todos responden que no, y ese día nadie me habla. Pero luego van y le cuentan a Mami lo que yo no le quiero contar. Total, con todos es lo mismo. A ellos les dice “sucios”, "anormales", “ratones” o “víboras” cuando no chivatean a los que corren en el receso. Pero ningún padre viene aquí a reclamar.

Hoy fue lo del vómito, y sé que mañana va a ser peor. No sé qué puede ser, pero ella algo buscará. Nadie habla de cambiarme de escuela, ni siquiera me dejarán faltar aunque es mi cumpleaños. Papi se dio cuenta de lo del dedo para vomitar el desayuno. Por eso es que están discutiendo. La verdad, a nadie le interesa. Ninguno me cree. Mi propio papá le dijo a La Seño que yo inventaba cosas y ahora dice que, si miento sobre estar enferma, es probable que haya mentido sobre todo lo demás.

Abuela dejó las pastillas malas y yo las cogí. Ella se las toma y duerme, duerme, duerme. Ahorita amanece, pero eso significa despertar. Yo no quiero que amanezca. Mañana cumplo ocho años. Quizás baste con una y luego, a dormir como la Abuela. Pero si no es mañana, otro día será. ¿Y si las pongo todas? Eso es mejor. Supongo que no será difícil mezclarlas con el café de La Seño, cuando Arletis no esté mirando.


¿Quién puede decir que sea
por eso mi niña mala?
Raúl Ferrer

Abuela olvidó las pastillas malas en el baño. Normalmente no me hubieran dejado alcanzarlas, pero Papi y Mami estaban discutiendo y no se dieron cuenta. Además, confían en mí. Dicen. Tengo un nudo en la boca del estómago, porque pronto acabará la novela y tendré que irme a dormir. No tengo rastro de fiebre, ni un dolorcito de garganta. Intenté vomitar, a ver si me dejaban tranquila. Hace días me meto el dedo y no vomito. ¿Qué pasa? No puedo estar todo el tiempo con las manos frías y los deseos de salir corriendo. No hay a dónde correr.

Por la tarde Mami fue a hablar con La Seño. La Seño es fea, gorda, con la cara llena de huecos y la nariz grandísima. Le gusta pararme frente a toda el aula a leer y, cuando empiezo a gaguear, me dice "artista" porque soy una mentirosa y actúo todo el tiempo, y escribe en un acta que finjo sentirme mal para que me cojan lástima. Según ella, no soy "crítica y autocrítica" y eso es cosa de ratones y víboras. Entonces quiere oírme repetir en voz bien alta que soy una víbora, autosuficiente, mentirosa y artista. Y como callo, mis amiguitos empiezan a tratarme mal.

Lleva días encerrándome uno o dos turnos en el Cuartico Oscuro de las auxiliares de limpieza, con las cucarachas pasándome por arriba y un montón de ruidos extraños, hasta que me comprometa a decir en el matutino que ella es una buena maestra y que la quiero mucho, y que todo lo que digo en su contra es cuento mío. Ayer me dejó salir un ratico porque había visita. Yo estuve llorando todo el tiempo y no quise responder el ejercicio de matemáticas, y eso que era la única que podía. Cuando la visita se fue, Arletis me empujó y me dijo "venenosa". La Seño lo vio, pero no hizo nada, porque la mamá de Arletis le trae merienda todos los días. Y un pomito con café del bueno, sin chícharos. Ella puede hacer lo que le dé la gana.

Por favor, que no amanezca. Hoy La Seño me zarandeó, está cansada de que no diga lo que quiere. Yo vomité en sus pies, en el piso, le dio asco y me soltó. Entonces caí sobre todo aquello y empecé a llorar, y eso que nunca quiero llorar frente a ella. “Lo vas a limpiar con la lengua, puerca, asquerosa”, gritaba y gritaba. Me agarró por los pelos, intentó que restregara la boca en el vómito, pero yo no la dejé. Tuve que bajar al patio a buscar un trapeador y estar con el uniforme embarrado todo el día, para que aprendiera a no ser tan asquerosa. Mis amiguitos se rieron, y alguno de ellos fue a ver a Mami y se lo contó. Ella llevaba horas preguntándome por qué mi uniforme era “un solo trapo apestoso” y, como no le decía, también me tenía encerrada. ¿Por qué simplemente no me dejan en paz?

Solo quiero que Mami acabe de decidir. O me manda para otra escuela o deja todo como está, pero que no vaya más a ver a La Seño. Total, solo me cree desde que la logopeda nos mandó con El Psicólogo. Antes decía: "Analízate tú", como Papi y el resto. "Algo haces, no puede ser que el mundo entero esté en tu contra por gusto. Algo malo tienes". Pero El Psicólogo me creyó desde el principio y regañó a Mami, y desde entonces todo es peor porque ella va a ver a La Seño, pero no resuelve nada.

Los otros maestros nunca saben de dónde yo saqué esas cosas. “Tiene mucha imaginación”, le responden. Hasta la directora lo cree, porque ha leído los cuentos de terror que escribo en los descansos. Así que se quedan a solas hablando con La Seño. Terminan riéndose. Y al otro día ella me pone frente al aula, para que sea "autocrítica" y les diga a mis amiguitos que de nuevo estuve contando mentiras en la casa. Y les pregunta uno por uno si alguna vez la han visto maltratarme o cualquier cosa, todos responden que no, y ese día nadie me habla. Pero luego van y le cuentan a Mami lo que yo no le quiero contar. Total, con todos es lo mismo. A ellos les dice “sucios”, "anormales", “ratones” o “víboras” cuando no chivatean a los que corren en el receso. Pero ningún padre viene aquí a reclamar.

Hoy fue lo del vómito, y sé que mañana va a ser peor. No sé qué puede ser, pero ella algo buscará. Nadie habla de cambiarme de escuela, ni siquiera me dejarán faltar aunque es mi cumpleaños. Papi se dio cuenta de lo del dedo para vomitar el desayuno. Por eso es que están discutiendo. La verdad, a nadie le interesa. Ninguno me cree. Mi propio papá le dijo a La Seño que yo inventaba cosas y ahora dice que, si miento sobre estar enferma, es probable que haya mentido sobre todo lo demás.

Abuela dejó las pastillas malas y yo las cogí. Ella se las toma y duerme, duerme, duerme. Ahorita amanece, pero eso significa despertar. Yo no quiero que amanezca. Mañana cumplo ocho años. Quizás baste con una y luego, a dormir como la Abuela. Pero si no es mañana, otro día será. ¿Y si las pongo todas? Eso es mejor. Supongo que no será difícil mezclarlas con el café de La Seño, cuando Arletis no esté mirando.


¿Quién puede decir que sea
por eso mi niña mala?
Raúl Ferrer

Abuela olvidó las pastillas malas en el baño. Normalmente no me hubieran dejado alcanzarlas, pero Papi y Mami estaban discutiendo y no se dieron cuenta. Además, confían en mí. Dicen. Tengo un nudo en la boca del estómago, porque pronto acabará la novela y tendré que irme a dormir. No tengo rastro de fiebre, ni un dolorcito de garganta. Intenté vomitar, a ver si me dejaban tranquila. Hace días me meto el dedo y no vomito. ¿Qué pasa? No puedo estar todo el tiempo con las manos frías y los deseos de salir corriendo. No hay a dónde correr.

Por la tarde Mami fue a hablar con La Seño. La Seño es fea, gorda, con la cara llena de huecos y la nariz grandísima. Le gusta pararme frente a toda el aula a leer y, cuando empiezo a gaguear, me dice "artista" porque soy una mentirosa y actúo todo el tiempo, y escribe en un acta que finjo sentirme mal para que me cojan lástima. Según ella, no soy "crítica y autocrítica" y eso es cosa de ratones y víboras. Entonces quiere oírme repetir en voz bien alta que soy una víbora, autosuficiente, mentirosa y artista. Y como callo, mis amiguitos empiezan a tratarme mal.

Lleva días encerrándome uno o dos turnos en el Cuartico Oscuro de las auxiliares de limpieza, con las cucarachas pasándome por arriba y un montón de ruidos extraños, hasta que me comprometa a decir en el matutino que ella es una buena maestra y que la quiero mucho, y que todo lo que digo en su contra es cuento mío. Ayer me dejó salir un ratico porque había visita. Yo estuve llorando todo el tiempo y no quise responder el ejercicio de matemáticas, y eso que era la única que podía. Cuando la visita se fue, Arletis me empujó y me dijo "venenosa". La Seño lo vio, pero no hizo nada, porque la mamá de Arletis le trae merienda todos los días. Y un pomito con café del bueno, sin chícharos. Ella puede hacer lo que le dé la gana.

Por favor, que no amanezca. Hoy La Seño me zarandeó, está cansada de que no diga lo que quiere. Yo vomité en sus pies, en el piso, le dio asco y me soltó. Entonces caí sobre todo aquello y empecé a llorar, y eso que nunca quiero llorar frente a ella. “Lo vas a limpiar con la lengua, puerca, asquerosa”, gritaba y gritaba. Me agarró por los pelos, intentó que restregara la boca en el vómito, pero yo no la dejé. Tuve que bajar al patio a buscar un trapeador y estar con el uniforme embarrado todo el día, para que aprendiera a no ser tan asquerosa. Mis amiguitos se rieron, y alguno de ellos fue a ver a Mami y se lo contó. Ella llevaba horas preguntándome por qué mi uniforme era “un solo trapo apestoso” y, como no le decía, también me tenía encerrada. ¿Por qué simplemente no me dejan en paz?

Solo quiero que Mami acabe de decidir. O me manda para otra escuela o deja todo como está, pero que no vaya más a ver a La Seño. Total, solo me cree desde que la logopeda nos mandó con El Psicólogo. Antes decía: "Analízate tú", como Papi y el resto. "Algo haces, no puede ser que el mundo entero esté en tu contra por gusto. Algo malo tienes". Pero El Psicólogo me creyó desde el principio y regañó a Mami, y desde entonces todo es peor porque ella va a ver a La Seño, pero no resuelve nada.

Los otros maestros nunca saben de dónde yo saqué esas cosas. “Tiene mucha imaginación”, le responden. Hasta la directora lo cree, porque ha leído los cuentos de terror que escribo en los descansos. Así que se quedan a solas hablando con La Seño. Terminan riéndose. Y al otro día ella me pone frente al aula, para que sea "autocrítica" y les diga a mis amiguitos que de nuevo estuve contando mentiras en la casa. Y les pregunta uno por uno si alguna vez la han visto maltratarme o cualquier cosa, todos responden que no, y ese día nadie me habla. Pero luego van y le cuentan a Mami lo que yo no le quiero contar. Total, con todos es lo mismo. A ellos les dice “sucios”, "anormales", “ratones” o “víboras” cuando no chivatean a los que corren en el receso. Pero ningún padre viene aquí a reclamar.

Hoy fue lo del vómito, y sé que mañana va a ser peor. No sé qué puede ser, pero ella algo buscará. Nadie habla de cambiarme de escuela, ni siquiera me dejarán faltar aunque es mi cumpleaños. Papi se dio cuenta de lo del dedo para vomitar el desayuno. Por eso es que están discutiendo. La verdad, a nadie le interesa. Ninguno me cree. Mi propio papá le dijo a La Seño que yo inventaba cosas y ahora dice que, si miento sobre estar enferma, es probable que haya mentido sobre todo lo demás.

Abuela dejó las pastillas malas y yo las cogí. Ella se las toma y duerme, duerme, duerme. Ahorita amanece, pero eso significa despertar. Yo no quiero que amanezca. Mañana cumplo ocho años. Quizás baste con una y luego, a dormir como la Abuela. Pero si no es mañana, otro día será. ¿Y si las pongo todas? Eso es mejor. Supongo que no será difícil mezclarlas con el café de La Seño, cuando Arletis no esté mirando.


¿Quién puede decir que sea
por eso mi niña mala?
Raúl Ferrer

Abuela olvidó las pastillas malas en el baño. Normalmente no me hubieran dejado alcanzarlas, pero Papi y Mami estaban discutiendo y no se dieron cuenta. Además, confían en mí. Dicen. Tengo un nudo en la boca del estómago, porque pronto acabará la novela y tendré que irme a dormir. No tengo rastro de fiebre, ni un dolorcito de garganta. Intenté vomitar, a ver si me dejaban tranquila. Hace días me meto el dedo y no vomito. ¿Qué pasa? No puedo estar todo el tiempo con las manos frías y los deseos de salir corriendo. No hay a dónde correr.

Por la tarde Mami fue a hablar con La Seño. La Seño es fea, gorda, con la cara llena de huecos y la nariz grandísima. Le gusta pararme frente a toda el aula a leer y, cuando empiezo a gaguear, me dice "artista" porque soy una mentirosa y actúo todo el tiempo, y escribe en un acta que finjo sentirme mal para que me cojan lástima. Según ella, no soy "crítica y autocrítica" y eso es cosa de ratones y víboras. Entonces quiere oírme repetir en voz bien alta que soy una víbora, autosuficiente, mentirosa y artista. Y como callo, mis amiguitos empiezan a tratarme mal.

Lleva días encerrándome uno o dos turnos en el Cuartico Oscuro de las auxiliares de limpieza, con las cucarachas pasándome por arriba y un montón de ruidos extraños, hasta que me comprometa a decir en el matutino que ella es una buena maestra y que la quiero mucho, y que todo lo que digo en su contra es cuento mío. Ayer me dejó salir un ratico porque había visita. Yo estuve llorando todo el tiempo y no quise responder el ejercicio de matemáticas, y eso que era la única que podía. Cuando la visita se fue, Arletis me empujó y me dijo "venenosa". La Seño lo vio, pero no hizo nada, porque la mamá de Arletis le trae merienda todos los días. Y un pomito con café del bueno, sin chícharos. Ella puede hacer lo que le dé la gana.

Por favor, que no amanezca. Hoy La Seño me zarandeó, está cansada de que no diga lo que quiere. Yo vomité en sus pies, en el piso, le dio asco y me soltó. Entonces caí sobre todo aquello y empecé a llorar, y eso que nunca quiero llorar frente a ella. “Lo vas a limpiar con la lengua, puerca, asquerosa”, gritaba y gritaba. Me agarró por los pelos, intentó que restregara la boca en el vómito, pero yo no la dejé. Tuve que bajar al patio a buscar un trapeador y estar con el uniforme embarrado todo el día, para que aprendiera a no ser tan asquerosa. Mis amiguitos se rieron, y alguno de ellos fue a ver a Mami y se lo contó. Ella llevaba horas preguntándome por qué mi uniforme era “un solo trapo apestoso” y, como no le decía, también me tenía encerrada. ¿Por qué simplemente no me dejan en paz?

Solo quiero que Mami acabe de decidir. O me manda para otra escuela o deja todo como está, pero que no vaya más a ver a La Seño. Total, solo me cree desde que la logopeda nos mandó con El Psicólogo. Antes decía: "Analízate tú", como Papi y el resto. "Algo haces, no puede ser que el mundo entero esté en tu contra por gusto. Algo malo tienes". Pero El Psicólogo me creyó desde el principio y regañó a Mami, y desde entonces todo es peor porque ella va a ver a La Seño, pero no resuelve nada.

Los otros maestros nunca saben de dónde yo saqué esas cosas. “Tiene mucha imaginación”, le responden. Hasta la directora lo cree, porque ha leído los cuentos de terror que escribo en los descansos. Así que se quedan a solas hablando con La Seño. Terminan riéndose. Y al otro día ella me pone frente al aula, para que sea "autocrítica" y les diga a mis amiguitos que de nuevo estuve contando mentiras en la casa. Y les pregunta uno por uno si alguna vez la han visto maltratarme o cualquier cosa, todos responden que no, y ese día nadie me habla. Pero luego van y le cuentan a Mami lo que yo no le quiero contar. Total, con todos es lo mismo. A ellos les dice “sucios”, "anormales", “ratones” o “víboras” cuando no chivatean a los que corren en el receso. Pero ningún padre viene aquí a reclamar.

Hoy fue lo del vómito, y sé que mañana va a ser peor. No sé qué puede ser, pero ella algo buscará. Nadie habla de cambiarme de escuela, ni siquiera me dejarán faltar aunque es mi cumpleaños. Papi se dio cuenta de lo del dedo para vomitar el desayuno. Por eso es que están discutiendo. La verdad, a nadie le interesa. Ninguno me cree. Mi propio papá le dijo a La Seño que yo inventaba cosas y ahora dice que, si miento sobre estar enferma, es probable que haya mentido sobre todo lo demás.

Abuela dejó las pastillas malas y yo las cogí. Ella se las toma y duerme, duerme, duerme. Ahorita amanece, pero eso significa despertar. Yo no quiero que amanezca. Mañana cumplo ocho años. Quizás baste con una y luego, a dormir como la Abuela. Pero si no es mañana, otro día será. ¿Y si las pongo todas? Eso es mejor. Supongo que no será difícil mezclarlas con el café de La Seño, cuando Arletis no esté mirando.


¿Quién puede decir que sea
por eso mi niña mala?
Raúl Ferrer

Abuela olvidó las pastillas malas en el baño. Normalmente no me hubieran dejado alcanzarlas, pero Papi y Mami estaban discutiendo y no se dieron cuenta. Además, confían en mí. Dicen. Tengo un nudo en la boca del estómago, porque pronto acabará la novela y tendré que irme a dormir. No tengo rastro de fiebre, ni un dolorcito de garganta. Intenté vomitar, a ver si me dejaban tranquila. Hace días me meto el dedo y no vomito. ¿Qué pasa? No puedo estar todo el tiempo con las manos frías y los deseos de salir corriendo. No hay a dónde correr.

Por la tarde Mami fue a hablar con La Seño. La Seño es fea, gorda, con la cara llena de huecos y la nariz grandísima. Le gusta pararme frente a toda el aula a leer y, cuando empiezo a gaguear, me dice "artista" porque soy una mentirosa y actúo todo el tiempo, y escribe en un acta que finjo sentirme mal para que me cojan lástima. Según ella, no soy "crítica y autocrítica" y eso es cosa de ratones y víboras. Entonces quiere oírme repetir en voz bien alta que soy una víbora, autosuficiente, mentirosa y artista. Y como callo, mis amiguitos empiezan a tratarme mal.

Lleva días encerrándome uno o dos turnos en el Cuartico Oscuro de las auxiliares de limpieza, con las cucarachas pasándome por arriba y un montón de ruidos extraños, hasta que me comprometa a decir en el matutino que ella es una buena maestra y que la quiero mucho, y que todo lo que digo en su contra es cuento mío. Ayer me dejó salir un ratico porque había visita. Yo estuve llorando todo el tiempo y no quise responder el ejercicio de matemáticas, y eso que era la única que podía. Cuando la visita se fue, Arletis me empujó y me dijo "venenosa". La Seño lo vio, pero no hizo nada, porque la mamá de Arletis le trae merienda todos los días. Y un pomito con café del bueno, sin chícharos. Ella puede hacer lo que le dé la gana.

Por favor, que no amanezca. Hoy La Seño me zarandeó, está cansada de que no diga lo que quiere. Yo vomité en sus pies, en el piso, le dio asco y me soltó. Entonces caí sobre todo aquello y empecé a llorar, y eso que nunca quiero llorar frente a ella. “Lo vas a limpiar con la lengua, puerca, asquerosa”, gritaba y gritaba. Me agarró por los pelos, intentó que restregara la boca en el vómito, pero yo no la dejé. Tuve que bajar al patio a buscar un trapeador y estar con el uniforme embarrado todo el día, para que aprendiera a no ser tan asquerosa. Mis amiguitos se rieron, y alguno de ellos fue a ver a Mami y se lo contó. Ella llevaba horas preguntándome por qué mi uniforme era “un solo trapo apestoso” y, como no le decía, también me tenía encerrada. ¿Por qué simplemente no me dejan en paz?

Solo quiero que Mami acabe de decidir. O me manda para otra escuela o deja todo como está, pero que no vaya más a ver a La Seño. Total, solo me cree desde que la logopeda nos mandó con El Psicólogo. Antes decía: "Analízate tú", como Papi y el resto. "Algo haces, no puede ser que el mundo entero esté en tu contra por gusto. Algo malo tienes". Pero El Psicólogo me creyó desde el principio y regañó a Mami, y desde entonces todo es peor porque ella va a ver a La Seño, pero no resuelve nada.

Los otros maestros nunca saben de dónde yo saqué esas cosas. “Tiene mucha imaginación”, le responden. Hasta la directora lo cree, porque ha leído los cuentos de terror que escribo en los descansos. Así que se quedan a solas hablando con La Seño. Terminan riéndose. Y al otro día ella me pone frente al aula, para que sea "autocrítica" y les diga a mis amiguitos que de nuevo estuve contando mentiras en la casa. Y les pregunta uno por uno si alguna vez la han visto maltratarme o cualquier cosa, todos responden que no, y ese día nadie me habla. Pero luego van y le cuentan a Mami lo que yo no le quiero contar. Total, con todos es lo mismo. A ellos les dice “sucios”, "anormales", “ratones” o “víboras” cuando no chivatean a los que corren en el receso. Pero ningún padre viene aquí a reclamar.

Hoy fue lo del vómito, y sé que mañana va a ser peor. No sé qué puede ser, pero ella algo buscará. Nadie habla de cambiarme de escuela, ni siquiera me dejarán faltar aunque es mi cumpleaños. Papi se dio cuenta de lo del dedo para vomitar el desayuno. Por eso es que están discutiendo. La verdad, a nadie le interesa. Ninguno me cree. Mi propio papá le dijo a La Seño que yo inventaba cosas y ahora dice que, si miento sobre estar enferma, es probable que haya mentido sobre todo lo demás.

Abuela dejó las pastillas malas y yo las cogí. Ella se las toma y duerme, duerme, duerme. Ahorita amanece, pero eso significa despertar. Yo no quiero que amanezca. Mañana cumplo ocho años. Quizás baste con una y luego, a dormir como la Abuela. Pero si no es mañana, otro día será. ¿Y si las pongo todas? Eso es mejor. Supongo que no será difícil mezclarlas con el café de La Seño, cuando Arletis no esté mirando.


Imagen de portada: Karen Paulina Biswell

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