La Garro y la Paz

N.011 - Narrativa

La Garro y la Paz 

N.011 - Narrativa

La Garro y la Paz

N.011 - Narrativa

La Garro y la Paz

N.011 - Narrativa

Escrito por Martha Cupa León

El plan estaba hecho. Madre e hija tenían lista su huida de México y debían ser puntuales. Las mujeres estaban muy angustiadas por su situación: vivían en el ostracismo, no tenían dinero, su familia y amigos no las visitaban, estaban aisladas.

A las seis de la mañana del 29 de septiembre de 1972, el timbre sonó tres veces en el apartamento del edificio 222 de la calle Taine, en Polanco. Era el chofer enviado por dos amigos de las mujeres, que las llevaría subrepticiamente a Estados Unidos.

Solo había una condición: deberían cruzar la frontera con Texas antes de la medianoche. Allí unos policías fronterizos les permitirían ingresar al país del Norte sin solicitarles documentos migratorios.

¿Por qué las mujeres de 55 y 33 años, respectivamente, decidieron salir ilegalmente del país? Los días posteriores a la matanza de Tlatelolco es el origen de la leyenda negra de Elena Garro y Helena Paz: la primera fue acusada por el gobierno mexicano de ser parte de los instigadores del movimiento estudiantil de 1968.

Por su parte, el líder del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Amado Campos Lemus, la acusó de ser una infiltrada en el movimiento estudiantil, apoyada por el expresidente del PRI, Carlos Madrazo, y otros políticos, para desestabilizar el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

A finales de la década de los 60, Garro huyó de su casa y se ocultó en un departamento de la colonia Juárez, donde concedió una conferencia de prensa para refutar a Sócrates: No fue ella, sino los intelectuales de izquierda quienes movilizaron a los jóvenes.

Posteriormente ella aseguró que en dicha conferencia no mencionó nombres, pero al día siguiente algunos diarios señalaron a José Revueltas, Rosario Castellanos, Leonora Carrington, Heberto castillo y Carlos Monsiváis, entre otros. La comunidad intelectual le dio la espalda y la acusó de traidora.

Durante aquella época, en el silencio en medio del ruido, Garro fue deshaciéndose de sus pertenencias. A su desempleo y falta de dinero se sumó la muerte de Carlos Madrazo, en 1969, en el sospechoso avionazo en un cerro cercano a Monterrey.

A partir de entonces madre e hija vivieron en México, escondiéndose. Durante un tiempo residieron en un convento. Hacia 1972 se instalaron en el edificio de Taine, gracias a la ayuda de una pareja amiga: Los Solana. Una sobrina del matrimonio, Carmen Arruza Solana, es la actual dueña del edificio y las recuerda aterradas y fantasiosas:

“Estaban paranoicas, decían que las perseguían y vigilaban. Acusaron a Pancho, el portero, de ser espía del gobierno. ¡El hombre tenía 60 años y apenas podía hablar y estar de pie! Estaban muy solas. Helena Paz estaba muy enferma y la señora Garro fumaba demasiado. Había mucha angustia de su parte y eso les hacía ver cosas que no eran reales”, dijo en una entrevista.

De un día para otro, Garro y su hija desaparecieron sin despedirse, como ocurrió en el convento. “Mi tía me contó que vino una mudanza por sus cosas y ellas se fueron sin decir adiós. Después supimos que estaban en Nueva York y que Helena Paz tenía cáncer”. Desde su punto de vista, madre e hija eran: “un par de mujeres asustadas, que exageraban y en muchos casos convencían a los demás de sus dichos”.

El día que salieron de Taine, en Polanco, Garro aseguró que “alguien”, sin mencionar ningún nombre en particular, le advirtió que se había orquestado una operación para asesinarla. Elena Garro escribió en su diario en 1974: “Hoy, hace también dos años, en este día que era jueves, estaba preparando mi huida de México. Raúl Urgillez (sic) me había dicho que iban a matarme. Helenita estaba en cama con hemorragias tremendas. La casa de Taine estaba quieta. Nadie nos visitaba”. 

El nombre de Elena Garro aún se ensombrece por el estigma de “traidora” que le impusieron los intelectuales del movimiento estudiantil de 1968 y por haber sido señalada por el gobierno como su organizadora. Estas circunstancias la orillaron a huir de México. Con su exilio quedó relegada al olvido de las letras mexicanas. Su personalidad contradictoria y su relación con Octavio Paz quedan resumidas en las palabras de Elena Poniatowska:

“Amada y odiada, adulada y repudiada, transita sola y no pocas veces desorientada por una existencia que no le ha reconocido el derecho a la felicidad.”


El plan estaba hecho. Madre e hija tenían lista su huida de México y debían ser puntuales. Las mujeres estaban muy angustiadas por su situación: vivían en el ostracismo, no tenían dinero, su familia y amigos no las visitaban, estaban aisladas.

A las seis de la mañana del 29 de septiembre de 1972, el timbre sonó tres veces en el apartamento del edificio 222 de la calle Taine, en Polanco. Era el chofer enviado por dos amigos de las mujeres, que las llevaría subrepticiamente a Estados Unidos.

Solo había una condición: deberían cruzar la frontera con Texas antes de la medianoche. Allí unos policías fronterizos les permitirían ingresar al país del Norte sin solicitarles documentos migratorios.

¿Por qué las mujeres de 55 y 33 años, respectivamente, decidieron salir ilegalmente del país? Los días posteriores a la matanza de Tlatelolco es el origen de la leyenda negra de Elena Garro y Helena Paz: la primera fue acusada por el gobierno mexicano de ser parte de los instigadores del movimiento estudiantil de 1968.

Por su parte, el líder del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Amado Campos Lemus, la acusó de ser una infiltrada en el movimiento estudiantil, apoyada por el expresidente del PRI, Carlos Madrazo, y otros políticos, para desestabilizar el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

A finales de la década de los 60, Garro huyó de su casa y se ocultó en un departamento de la colonia Juárez, donde concedió una conferencia de prensa para refutar a Sócrates: No fue ella, sino los intelectuales de izquierda quienes movilizaron a los jóvenes.

Posteriormente ella aseguró que en dicha conferencia no mencionó nombres, pero al día siguiente algunos diarios señalaron a José Revueltas, Rosario Castellanos, Leonora Carrington, Heberto castillo y Carlos Monsiváis, entre otros. La comunidad intelectual le dio la espalda y la acusó de traidora.

Durante aquella época, en el silencio en medio del ruido, Garro fue deshaciéndose de sus pertenencias. A su desempleo y falta de dinero se sumó la muerte de Carlos Madrazo, en 1969, en el sospechoso avionazo en un cerro cercano a Monterrey.

A partir de entonces madre e hija vivieron en México, escondiéndose. Durante un tiempo residieron en un convento. Hacia 1972 se instalaron en el edificio de Taine, gracias a la ayuda de una pareja amiga: Los Solana. Una sobrina del matrimonio, Carmen Arruza Solana, es la actual dueña del edificio y las recuerda aterradas y fantasiosas:

“Estaban paranoicas, decían que las perseguían y vigilaban. Acusaron a Pancho, el portero, de ser espía del gobierno. ¡El hombre tenía 60 años y apenas podía hablar y estar de pie! Estaban muy solas. Helena Paz estaba muy enferma y la señora Garro fumaba demasiado. Había mucha angustia de su parte y eso les hacía ver cosas que no eran reales”, dijo en una entrevista.

De un día para otro, Garro y su hija desaparecieron sin despedirse, como ocurrió en el convento. “Mi tía me contó que vino una mudanza por sus cosas y ellas se fueron sin decir adiós. Después supimos que estaban en Nueva York y que Helena Paz tenía cáncer”. Desde su punto de vista, madre e hija eran: “un par de mujeres asustadas, que exageraban y en muchos casos convencían a los demás de sus dichos”.

El día que salieron de Taine, en Polanco, Garro aseguró que “alguien”, sin mencionar ningún nombre en particular, le advirtió que se había orquestado una operación para asesinarla. Elena Garro escribió en su diario en 1974: “Hoy, hace también dos años, en este día que era jueves, estaba preparando mi huida de México. Raúl Urgillez (sic) me había dicho que iban a matarme. Helenita estaba en cama con hemorragias tremendas. La casa de Taine estaba quieta. Nadie nos visitaba”. 

El nombre de Elena Garro aún se ensombrece por el estigma de “traidora” que le impusieron los intelectuales del movimiento estudiantil de 1968 y por haber sido señalada por el gobierno como su organizadora. Estas circunstancias la orillaron a huir de México. Con su exilio quedó relegada al olvido de las letras mexicanas. Su personalidad contradictoria y su relación con Octavio Paz quedan resumidas en las palabras de Elena Poniatowska:

“Amada y odiada, adulada y repudiada, transita sola y no pocas veces desorientada por una existencia que no le ha reconocido el derecho a la felicidad.”


El plan estaba hecho. Madre e hija tenían lista su huida de México y debían ser puntuales. Las mujeres estaban muy angustiadas por su situación: vivían en el ostracismo, no tenían dinero, su familia y amigos no las visitaban, estaban aisladas.

A las seis de la mañana del 29 de septiembre de 1972, el timbre sonó tres veces en el apartamento del edificio 222 de la calle Taine, en Polanco. Era el chofer enviado por dos amigos de las mujeres, que las llevaría subrepticiamente a Estados Unidos.

Solo había una condición: deberían cruzar la frontera con Texas antes de la medianoche. Allí unos policías fronterizos les permitirían ingresar al país del Norte sin solicitarles documentos migratorios.

¿Por qué las mujeres de 55 y 33 años, respectivamente, decidieron salir ilegalmente del país? Los días posteriores a la matanza de Tlatelolco es el origen de la leyenda negra de Elena Garro y Helena Paz: la primera fue acusada por el gobierno mexicano de ser parte de los instigadores del movimiento estudiantil de 1968.

Por su parte, el líder del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Amado Campos Lemus, la acusó de ser una infiltrada en el movimiento estudiantil, apoyada por el expresidente del PRI, Carlos Madrazo, y otros políticos, para desestabilizar el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

A finales de la década de los 60, Garro huyó de su casa y se ocultó en un departamento de la colonia Juárez, donde concedió una conferencia de prensa para refutar a Sócrates: No fue ella, sino los intelectuales de izquierda quienes movilizaron a los jóvenes.

Posteriormente ella aseguró que en dicha conferencia no mencionó nombres, pero al día siguiente algunos diarios señalaron a José Revueltas, Rosario Castellanos, Leonora Carrington, Heberto castillo y Carlos Monsiváis, entre otros. La comunidad intelectual le dio la espalda y la acusó de traidora.

Durante aquella época, en el silencio en medio del ruido, Garro fue deshaciéndose de sus pertenencias. A su desempleo y falta de dinero se sumó la muerte de Carlos Madrazo, en 1969, en el sospechoso avionazo en un cerro cercano a Monterrey.

A partir de entonces madre e hija vivieron en México, escondiéndose. Durante un tiempo residieron en un convento. Hacia 1972 se instalaron en el edificio de Taine, gracias a la ayuda de una pareja amiga: Los Solana. Una sobrina del matrimonio, Carmen Arruza Solana, es la actual dueña del edificio y las recuerda aterradas y fantasiosas:

“Estaban paranoicas, decían que las perseguían y vigilaban. Acusaron a Pancho, el portero, de ser espía del gobierno. ¡El hombre tenía 60 años y apenas podía hablar y estar de pie! Estaban muy solas. Helena Paz estaba muy enferma y la señora Garro fumaba demasiado. Había mucha angustia de su parte y eso les hacía ver cosas que no eran reales”, dijo en una entrevista.

De un día para otro, Garro y su hija desaparecieron sin despedirse, como ocurrió en el convento. “Mi tía me contó que vino una mudanza por sus cosas y ellas se fueron sin decir adiós. Después supimos que estaban en Nueva York y que Helena Paz tenía cáncer”. Desde su punto de vista, madre e hija eran: “un par de mujeres asustadas, que exageraban y en muchos casos convencían a los demás de sus dichos”.

El día que salieron de Taine, en Polanco, Garro aseguró que “alguien”, sin mencionar ningún nombre en particular, le advirtió que se había orquestado una operación para asesinarla. Elena Garro escribió en su diario en 1974: “Hoy, hace también dos años, en este día que era jueves, estaba preparando mi huida de México. Raúl Urgillez (sic) me había dicho que iban a matarme. Helenita estaba en cama con hemorragias tremendas. La casa de Taine estaba quieta. Nadie nos visitaba”. 

El nombre de Elena Garro aún se ensombrece por el estigma de “traidora” que le impusieron los intelectuales del movimiento estudiantil de 1968 y por haber sido señalada por el gobierno como su organizadora. Estas circunstancias la orillaron a huir de México. Con su exilio quedó relegada al olvido de las letras mexicanas. Su personalidad contradictoria y su relación con Octavio Paz quedan resumidas en las palabras de Elena Poniatowska:

“Amada y odiada, adulada y repudiada, transita sola y no pocas veces desorientada por una existencia que no le ha reconocido el derecho a la felicidad.”


El plan estaba hecho. Madre e hija tenían lista su huida de México y debían ser puntuales. Las mujeres estaban muy angustiadas por su situación: vivían en el ostracismo, no tenían dinero, su familia y amigos no las visitaban, estaban aisladas.

A las seis de la mañana del 29 de septiembre de 1972, el timbre sonó tres veces en el apartamento del edificio 222 de la calle Taine, en Polanco. Era el chofer enviado por dos amigos de las mujeres, que las llevaría subrepticiamente a Estados Unidos.

Solo había una condición: deberían cruzar la frontera con Texas antes de la medianoche. Allí unos policías fronterizos les permitirían ingresar al país del Norte sin solicitarles documentos migratorios.

¿Por qué las mujeres de 55 y 33 años, respectivamente, decidieron salir ilegalmente del país? Los días posteriores a la matanza de Tlatelolco es el origen de la leyenda negra de Elena Garro y Helena Paz: la primera fue acusada por el gobierno mexicano de ser parte de los instigadores del movimiento estudiantil de 1968.

Por su parte, el líder del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Amado Campos Lemus, la acusó de ser una infiltrada en el movimiento estudiantil, apoyada por el expresidente del PRI, Carlos Madrazo, y otros políticos, para desestabilizar el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

A finales de la década de los 60, Garro huyó de su casa y se ocultó en un departamento de la colonia Juárez, donde concedió una conferencia de prensa para refutar a Sócrates: No fue ella, sino los intelectuales de izquierda quienes movilizaron a los jóvenes.

Posteriormente ella aseguró que en dicha conferencia no mencionó nombres, pero al día siguiente algunos diarios señalaron a José Revueltas, Rosario Castellanos, Leonora Carrington, Heberto castillo y Carlos Monsiváis, entre otros. La comunidad intelectual le dio la espalda y la acusó de traidora.

Durante aquella época, en el silencio en medio del ruido, Garro fue deshaciéndose de sus pertenencias. A su desempleo y falta de dinero se sumó la muerte de Carlos Madrazo, en 1969, en el sospechoso avionazo en un cerro cercano a Monterrey.

A partir de entonces madre e hija vivieron en México, escondiéndose. Durante un tiempo residieron en un convento. Hacia 1972 se instalaron en el edificio de Taine, gracias a la ayuda de una pareja amiga: Los Solana. Una sobrina del matrimonio, Carmen Arruza Solana, es la actual dueña del edificio y las recuerda aterradas y fantasiosas:

“Estaban paranoicas, decían que las perseguían y vigilaban. Acusaron a Pancho, el portero, de ser espía del gobierno. ¡El hombre tenía 60 años y apenas podía hablar y estar de pie! Estaban muy solas. Helena Paz estaba muy enferma y la señora Garro fumaba demasiado. Había mucha angustia de su parte y eso les hacía ver cosas que no eran reales”, dijo en una entrevista.

De un día para otro, Garro y su hija desaparecieron sin despedirse, como ocurrió en el convento. “Mi tía me contó que vino una mudanza por sus cosas y ellas se fueron sin decir adiós. Después supimos que estaban en Nueva York y que Helena Paz tenía cáncer”. Desde su punto de vista, madre e hija eran: “un par de mujeres asustadas, que exageraban y en muchos casos convencían a los demás de sus dichos”.

El día que salieron de Taine, en Polanco, Garro aseguró que “alguien”, sin mencionar ningún nombre en particular, le advirtió que se había orquestado una operación para asesinarla. Elena Garro escribió en su diario en 1974: “Hoy, hace también dos años, en este día que era jueves, estaba preparando mi huida de México. Raúl Urgillez (sic) me había dicho que iban a matarme. Helenita estaba en cama con hemorragias tremendas. La casa de Taine estaba quieta. Nadie nos visitaba”. 

El nombre de Elena Garro aún se ensombrece por el estigma de “traidora” que le impusieron los intelectuales del movimiento estudiantil de 1968 y por haber sido señalada por el gobierno como su organizadora. Estas circunstancias la orillaron a huir de México. Con su exilio quedó relegada al olvido de las letras mexicanas. Su personalidad contradictoria y su relación con Octavio Paz quedan resumidas en las palabras de Elena Poniatowska:

“Amada y odiada, adulada y repudiada, transita sola y no pocas veces desorientada por una existencia que no le ha reconocido el derecho a la felicidad.”


El plan estaba hecho. Madre e hija tenían lista su huida de México y debían ser puntuales. Las mujeres estaban muy angustiadas por su situación: vivían en el ostracismo, no tenían dinero, su familia y amigos no las visitaban, estaban aisladas.

A las seis de la mañana del 29 de septiembre de 1972, el timbre sonó tres veces en el apartamento del edificio 222 de la calle Taine, en Polanco. Era el chofer enviado por dos amigos de las mujeres, que las llevaría subrepticiamente a Estados Unidos.

Solo había una condición: deberían cruzar la frontera con Texas antes de la medianoche. Allí unos policías fronterizos les permitirían ingresar al país del Norte sin solicitarles documentos migratorios.

¿Por qué las mujeres de 55 y 33 años, respectivamente, decidieron salir ilegalmente del país? Los días posteriores a la matanza de Tlatelolco es el origen de la leyenda negra de Elena Garro y Helena Paz: la primera fue acusada por el gobierno mexicano de ser parte de los instigadores del movimiento estudiantil de 1968.

Por su parte, el líder del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Amado Campos Lemus, la acusó de ser una infiltrada en el movimiento estudiantil, apoyada por el expresidente del PRI, Carlos Madrazo, y otros políticos, para desestabilizar el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

A finales de la década de los 60, Garro huyó de su casa y se ocultó en un departamento de la colonia Juárez, donde concedió una conferencia de prensa para refutar a Sócrates: No fue ella, sino los intelectuales de izquierda quienes movilizaron a los jóvenes.

Posteriormente ella aseguró que en dicha conferencia no mencionó nombres, pero al día siguiente algunos diarios señalaron a José Revueltas, Rosario Castellanos, Leonora Carrington, Heberto castillo y Carlos Monsiváis, entre otros. La comunidad intelectual le dio la espalda y la acusó de traidora.

Durante aquella época, en el silencio en medio del ruido, Garro fue deshaciéndose de sus pertenencias. A su desempleo y falta de dinero se sumó la muerte de Carlos Madrazo, en 1969, en el sospechoso avionazo en un cerro cercano a Monterrey.

A partir de entonces madre e hija vivieron en México, escondiéndose. Durante un tiempo residieron en un convento. Hacia 1972 se instalaron en el edificio de Taine, gracias a la ayuda de una pareja amiga: Los Solana. Una sobrina del matrimonio, Carmen Arruza Solana, es la actual dueña del edificio y las recuerda aterradas y fantasiosas:

“Estaban paranoicas, decían que las perseguían y vigilaban. Acusaron a Pancho, el portero, de ser espía del gobierno. ¡El hombre tenía 60 años y apenas podía hablar y estar de pie! Estaban muy solas. Helena Paz estaba muy enferma y la señora Garro fumaba demasiado. Había mucha angustia de su parte y eso les hacía ver cosas que no eran reales”, dijo en una entrevista.

De un día para otro, Garro y su hija desaparecieron sin despedirse, como ocurrió en el convento. “Mi tía me contó que vino una mudanza por sus cosas y ellas se fueron sin decir adiós. Después supimos que estaban en Nueva York y que Helena Paz tenía cáncer”. Desde su punto de vista, madre e hija eran: “un par de mujeres asustadas, que exageraban y en muchos casos convencían a los demás de sus dichos”.

El día que salieron de Taine, en Polanco, Garro aseguró que “alguien”, sin mencionar ningún nombre en particular, le advirtió que se había orquestado una operación para asesinarla. Elena Garro escribió en su diario en 1974: “Hoy, hace también dos años, en este día que era jueves, estaba preparando mi huida de México. Raúl Urgillez (sic) me había dicho que iban a matarme. Helenita estaba en cama con hemorragias tremendas. La casa de Taine estaba quieta. Nadie nos visitaba”. 

El nombre de Elena Garro aún se ensombrece por el estigma de “traidora” que le impusieron los intelectuales del movimiento estudiantil de 1968 y por haber sido señalada por el gobierno como su organizadora. Estas circunstancias la orillaron a huir de México. Con su exilio quedó relegada al olvido de las letras mexicanas. Su personalidad contradictoria y su relación con Octavio Paz quedan resumidas en las palabras de Elena Poniatowska:

“Amada y odiada, adulada y repudiada, transita sola y no pocas veces desorientada por una existencia que no le ha reconocido el derecho a la felicidad.”


Martha Cupa León. Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es columnista del periódico digital Otro País. Trabajó como reportera en los diarios El Universal y El Sol de México. 

Facebook

Imagen de portada: Leos Nebor

Martha Cupa León. Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es columnista del periódico digital Otro País. Trabajó como reportera en los diarios El Universal y El Sol de México. 

Facebook

Imagen de portada: Leos Nebor

Martha Cupa León. Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es columnista del periódico digital Otro País. Trabajó como reportera en los diarios El Universal y El Sol de México. 

Facebook

Imagen de portada: Leos Nebor

Martha Cupa León. Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es columnista del periódico digital Otro País. Trabajó como reportera en los diarios El Universal y El Sol de México. 

Facebook

Imagen de portada: Leos Nebor

Martha Cupa León. Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es columnista del periódico digital Otro País. Trabajó como reportera en los diarios El Universal y El Sol de México. 

Facebook

Imagen de portada: Leos Nebor

m_howard

El avión de Howard Hughes

N.011 - Poesía

Acércate a nosotros

Nuestra meta

Suscríbete

Nuestro propósito es servir como una plataforma de difusión para escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos  haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

circulo-animacion
logo_himen-01

© 2013 – 2019 Revista Himen. Diseño por C.A.

Términos y Condiciones - Copyrights