La embriaguez en un jardín
que nos da un qué pensaro

N.001 - Crónica

La embriaguez en un jardín
que nos da un qué pensar

N.001 - Ensayo

La embriaguez en un jardín
que nos da un qué pensar

N.001 - Crónica

La embriaguez en un jardín
que nos da un qué pensar

N.001 - Crónica

Escrito por Víctor Mateo y Judith Guzmán

Parte I
8 hrs- 12 hrs

De salón grande a salón mediano, de clase pesada a clase divertida, de tanto en tanto el tiempo continúa y el divagar de los pensamientos e ideas busca donde exponerse y sobreponerse. Así es como el estudiante busca la manera de recrearse, para eso bastan unos pasos, reposar sobre el acogedor pasto y mirar al cielo, a veces gris y otras veces azul, del jardín de la tolerancia.

El jardín está ahí diariamente, con su retardada pero satisfactoria algarabía, basta con comprar un café (aunque a veces no es necesario) y sentarse en una banca para restablecer la armonía con uno mismo. No es necesario ir acompañado, ya que te encuentras en un punto de reunión en el que todos convergen.

El aura del lugar denota paz y relajación para sus ocupantes, este jardín es un espacio de recreo, de difusión de ideas y por lo tanto un choque de puntos de vista para disertar y olvidarse a ratos de la cotidianidad. No olviden que sus inquilinos hacen el intento de hacer trabajos, tareas y ensayos pero estos son atropellados por la concurrencia de vida del lugar; los sonidos son tantos como las carcajadas, las disputas y las deliberaciones. Las tareas son olvidadas, mientras confluyen las charlas sobre el amor, la vida y los sueños.

Así es como me instalo en una banca del jardín, observo que la gente aún está dormida, bebe un café o toma las primeras meriendas del día. La escuela despierta junto con sus am-
bulantes, esos que venden café caliente y aquellos que prenden un cigarrillo para abrir bien lamente y despertar el cuerpo.

En mi deambular me encuentro con un chavo de filosofía que me cuenta sobre el ocio de la mañana, para él lo más didáctico de la escuela son las platicas mañaneras. Noemí piensa lo mismo, ella me cuenta sobre la importancia del lugar porque es aquí donde siempre hay de qué hablar, siempre hay con quien fumar y siempre hay esa embriaguez de pensamientos.

El transcurrir de la mañana en este jardín es dinámico, hace que las mentes de filósofos, letrados y de todos los estudiantes de humanidades comiencen el día. Todos saben que la frescura de la mañana calienta los motores de lo que será el jardín después, pues sus visitantes mañaneros se apoderan de él para luego entregárselo a los que llegan más tarde.

Parte 2
5 pm - 9 pm

El jardín ahora se transforma, la luz cae y los apresurados mañaneros ya no están. Comienza el pasar de las horas y la noche toma posesión de ese lugar onírico. La embriaguez del ocio se ha postrado sobre ese jardín unificador entre alumnos de letras y filosofía.

Un lugar en donde es raro el profesor que circula, pues mágicamente han aprendido a establecer sus propias fronteras para no mezclarse en terreno fangoso, o en este caso: en la espesa neblina del embriague metafórico.

Sin más me adentré a ese espectáculo circense, aquel que se ve rodeado de un relajamiento colectivo, que a grosso modo es recreativo, instalándome en una banca admiré la transformación de los transeúntes.

Los humos son de todo el día, es un fetiche entrar al jardín y tener un cigarrillo entre los labios. La tiendita que de manera express intenta proveer de alimento termina vendiendo
cualquier galleta o golosina que sólo marean la tripa. Las “bolitas” se reconfiguran y los más vagos deciden no entrar a clase, otros se ven en la decisión de unirse a los desquehacerados porque ya algún profesor faltó o decidió dar por terminada la clase de 3 horas faltando una.

La embriaguez del ocio invade en el momento en que saludas a alguien, pues la interacción es abierta. Pasé unos minutos deambulando, acercándome a los instalados (que se veían con mucha experiencia en el ámbito de la embriaguez del jardín) para preguntarles: ¿Qué es para ti el jardín de filosofía y letras? Todos coincidieron en que es un punto de encuentro, un terreno neutro, una unificación entre las carreras y el alumnado, la relajación necesaria entre clase y clase. Me vi rodeada de una diversificación amplia de personajes, pero concluyentes
en la misma línea: El jardín es un punto de encuentro para la distracción del tiempo libre.

La época otoñal da un clima disfrutable para los planes dionisiacos de las tardes en el
CUCSH. Las escasas tres mesas de trabajo se atiborran de aquellos que deciden compartir líquidos y charla, los círculos rotan, van y vienen distintas personas, pero siempre se mantiene la socialización en algún espacio. Este es el impulso energético, que se puede encontrar en la tiendita o en la estimulación del intercambio de la palabra. Algunos son tímidos, principalmente si son nuevos y no reconocen los códigos, sólo asoman la cabeza y prefieren retirarse.
Saludos de mano alzada, besos en la mejilla, palmadas en la espalda, compartir cigarro o botellas para saciar la sed, aquí es un punto de encuentro, de un transitar en el limbo de la escuela. Todos aparentan ser hermanos, colegas o compañeros, no hay licenciaturas, únicamente estudiantes de humanidades.

Parte I
8 hrs- 12 hrs

De salón grande a salón mediano, de clase pesada a clase divertida, de tanto en tanto el tiempo continúa y el divagar de los pensamientos e ideas busca donde exponerse y sobreponerse. Así es como el estudiante busca la manera de recrearse, para eso bastan unos pasos, reposar sobre el acogedor pasto y mirar al cielo, a veces gris y otras veces azul, del jardín de la tolerancia.

El jardín está ahí diariamente, con su retardada pero satisfactoria algarabía, basta con comprar un café (aunque a veces no es necesario) y sentarse en una banca para restablecer la armonía con uno mismo. No es necesario ir acompañado, ya que te encuentras en un punto de reunión en el que todos convergen.

El aura del lugar denota paz y relajación para sus ocupantes, este jardín es un espacio de recreo, de difusión de ideas y por lo tanto un choque de puntos de vista para disertar y olvidarse a ratos de la cotidianidad. No olviden que sus inquilinos hacen el intento de hacer trabajos, tareas y ensayos pero estos son atropellados por la concurrencia de vida del lugar; los sonidos son tantos como las carcajadas, las disputas y las deliberaciones. Las tareas son olvidadas, mientras confluyen las charlas sobre el amor, la vida y los sueños.

Así es como me instalo en una banca del jardín, observo que la gente aún está dormida, bebe un café o toma las primeras meriendas del día. La escuela despierta junto con sus ambulantes, esos que venden café caliente y aquellos que prenden un cigarrillo para abrir bien lamente y despertar el cuerpo.

En mi deambular me encuentro con un chavo de filosofía que me cuenta sobre el ocio de la mañana, para él lo más didáctico de la escuela son las platicas mañaneras. Noemí piensa lo mismo, ella me cuenta sobre la importancia del lugar porque es aquí donde siempre hay de qué hablar, siempre hay con quien fumar y siempre hay esa embriaguez de pensamientos.

El transcurrir de la mañana en este jardín es dinámico, hace que las mentes de filósofos, letrados y de todos los estudiantes de humanidades comiencen el día. Todos saben que la frescura de la mañana calienta los motores de lo que será el jardín después, pues sus visitantes mañaneros se apoderan de él para luego entregárselo a los que llegan más tarde.

Parte 2
5 pm - 9 pm

El jardín ahora se transforma, la luz cae y los apresurados mañaneros ya no están. Comienza el pasar de las horas y la noche toma posesión de ese lugar onírico. La embriaguez del ocio se ha postrado sobre ese jardín unificador entre alumnos de letras y filosofía.

Un lugar en donde es raro el profesor que circula, pues mágicamente han aprendido a establecer sus propias fronteras para no mezclarse en terreno fangoso, o en este caso: en la espesa neblina del embriague metafórico.

Sin más me adentré a ese espectáculo circense, aquel que se ve rodeado de un relajamiento colectivo, que a grosso modo es recreativo, instalándome en una banca admiré la transformación de los transeúntes.

Los humos son de todo el día, es un fetiche entrar al jardín y tener un cigarrillo entre los labios. La tiendita que de manera express intenta proveer de alimento termina vendiendo cualquier galleta o golosina que sólo marean la tripa. Las “bolitas” se reconfiguran y los más vagos deciden no entrar a clase, otros se ven en la decisión de unirse a los desquehacerados porque ya algún profesor faltó o decidió dar por terminada la clase de 3 horas faltando una.

La embriaguez del ocio invade en el momento en que saludas a alguien, pues la interacción es abierta. Pasé unos minutos deambulando, acercándome a los instalados (que se veían con mucha experiencia en el ámbito de la embriaguez del jardín) para preguntarles: ¿Qué es para ti el jardín de filosofía y letras? Todos coincidieron en que es un punto de encuentro, un terreno neutro, una unificación entre las carreras y el alumnado, la relajación necesaria entre clase y clase. Me vi rodeada de una diversificación amplia de personajes, pero concluyentes en la misma línea: El jardín es un punto de encuentro para la distracción del tiempo libre.

La época otoñal da un clima disfrutable para los planes dionisiacos de las tardes en el CUCSH. Las escasas tres mesas de trabajo se atiborran de aquellos que deciden compartir líquidos y charla, los círculos rotan, van y vienen distintas personas, pero siempre se mantiene la socialización en algún espacio. Este es el impulso energético, que se puede encontrar en la tiendita o en la estimulación del intercambio de la palabra. Algunos son tímidos, principalmente si son nuevos y no reconocen los códigos, sólo asoman la cabeza y prefieren retirarse.

Saludos de mano alzada, besos en la mejilla, palmadas en la espalda, compartir cigarro o botellas para saciar la sed, aquí es un punto de encuentro, de un transitar en el limbo de la escuela. Todos aparentan ser hermanos, colegas o compañeros, no hay licenciaturas, únicamente estudiantes de humanidades.

Parte I
8 hrs- 12 hrs

De salón grande a salón mediano, de clase pesada a clase divertida, de tanto en tanto el tiempo continúa y el divagar de los pensamientos e ideas busca donde exponerse y sobreponerse. Así es como el estudiante busca la manera de recrearse, para eso bastan unos pasos, reposar sobre el acogedor pasto y mirar al cielo, a veces gris y otras veces azul, del jardín de la tolerancia.

El jardín está ahí diariamente, con su retardada pero satisfactoria algarabía, basta con comprar un café (aunque a veces no es necesario) y sentarse en una banca para restablecer la armonía con uno mismo. No es necesario ir acompañado, ya que te encuentras en un punto de reunión en el que todos convergen.

El aura del lugar denota paz y relajación para sus ocupantes, este jardín es un espacio de recreo, de difusión de ideas y por lo tanto un choque de puntos de vista para disertar y olvidarse a ratos de la cotidianidad. No olviden que sus inquilinos hacen el intento de hacer trabajos, tareas y ensayos pero estos son atropellados por la concurrencia de vida del lugar; los sonidos son tantos como las carcajadas, las disputas y las deliberaciones. Las tareas son olvidadas, mientras confluyen las charlas sobre el amor, la vida y los sueños.

Así es como me instalo en una banca del jardín, observo que la gente aún está dormida, bebe un café o toma las primeras meriendas del día. La escuela despierta junto con sus ambulantes, esos que venden café caliente y aquellos que prenden un cigarrillo para abrir bien lamente y despertar el cuerpo.

En mi deambular me encuentro con un chavo de filosofía que me cuenta sobre el ocio de la mañana, para él lo más didáctico de la escuela son las platicas mañaneras. Noemí piensa lo mismo, ella me cuenta sobre la importancia del lugar porque es aquí donde siempre hay de qué hablar, siempre hay con quien fumar y siempre hay esa embriaguez de pensamientos.

El transcurrir de la mañana en este jardín es dinámico, hace que las mentes de filósofos, letrados y de todos los estudiantes de humanidades comiencen el día. Todos saben que la frescura de la mañana calienta los motores de lo que será el jardín después, pues sus visitantes mañaneros se apoderan de él para luego entregárselo a los que llegan más tarde.

Parte 2
5 pm - 9 pm

El jardín ahora se transforma, la luz cae y los apresurados mañaneros ya no están. Comienza el pasar de las horas y la noche toma posesión de ese lugar onírico. La embriaguez del ocio se ha postrado sobre ese jardín unificador entre alumnos de letras y filosofía.

Un lugar en donde es raro el profesor que circula, pues mágicamente han aprendido a establecer sus propias fronteras para no mezclarse en terreno fangoso, o en este caso: en la espesa neblina del embriague metafórico.

Sin más me adentré a ese espectáculo circense, aquel que se ve rodeado de un relajamiento colectivo, que a grosso modo es recreativo, instalándome en una banca admiré la transformación de los transeúntes.

Los humos son de todo el día, es un fetiche entrar al jardín y tener un cigarrillo entre los labios. La tiendita que de manera express intenta proveer de alimento termina vendiendo cualquier galleta o golosina que sólo marean la tripa. Las “bolitas” se reconfiguran y los más vagos deciden no entrar a clase, otros se ven en la decisión de unirse a los desquehacerados porque ya algún profesor faltó o decidió dar por terminada la clase de 3 horas faltando una.

La embriaguez del ocio invade en el momento en que saludas a alguien, pues la interacción es abierta. Pasé unos minutos deambulando, acercándome a los instalados (que se veían con mucha experiencia en el ámbito de la embriaguez del jardín) para preguntarles: ¿Qué es para ti el jardín de filosofía y letras? Todos coincidieron en que es un punto de encuentro, un terreno neutro, una unificación entre las carreras y el alumnado, la relajación necesaria entre clase y clase. Me vi rodeada de una diversificación amplia de personajes, pero concluyentes en la misma línea: El jardín es un punto de encuentro para la distracción del tiempo libre.

La época otoñal da un clima disfrutable para los planes dionisiacos de las tardes en el CUCSH. Las escasas tres mesas de trabajo se atiborran de aquellos que deciden compartir líquidos y charla, los círculos rotan, van y vienen distintas personas, pero siempre se mantiene la socialización en algún espacio. Este es el impulso energético, que se puede encontrar en la tiendita o en la estimulación del intercambio de la palabra. Algunos son tímidos, principalmente si son nuevos y no reconocen los códigos, sólo asoman la cabeza y prefieren retirarse.

Saludos de mano alzada, besos en la mejilla, palmadas en la espalda, compartir cigarro o botellas para saciar la sed, aquí es un punto de encuentro, de un transitar en el limbo de la escuela. Todos aparentan ser hermanos, colegas o compañeros, no hay licenciaturas, únicamente estudiantes de humanidades.

Parte I
8 hrs- 12 hrs

De salón grande a salón mediano, de clase pesada a clase divertida, de tanto en tanto el tiempo continúa y el divagar de los pensamientos e ideas busca donde exponerse y sobreponerse. Así es como el estudiante busca la manera de recrearse, para eso bastan unos pasos, reposar sobre el acogedor pasto y mirar al cielo, a veces gris y otras veces azul, del jardín de la tolerancia.

El jardín está ahí diariamente, con su retardada pero satisfactoria algarabía, basta con comprar un café (aunque a veces no es necesario) y sentarse en una banca para restablecer la armonía con uno mismo. No es necesario ir acompañado, ya que te encuentras en un punto de reunión en el que todos convergen.

El aura del lugar denota paz y relajación para sus ocupantes, este jardín es un espacio de recreo, de difusión de ideas y por lo tanto un choque de puntos de vista para disertar y olvidarse a ratos de la cotidianidad. No olviden que sus inquilinos hacen el intento de hacer trabajos, tareas y ensayos pero estos son atropellados por la concurrencia de vida del lugar; los sonidos son tantos como las carcajadas, las disputas y las deliberaciones. Las tareas son olvidadas, mientras confluyen las charlas sobre el amor, la vida y los sueños.

Así es como me instalo en una banca del jardín, observo que la gente aún está dormida, bebe un café o toma las primeras meriendas del día. La escuela despierta junto con sus ambulantes, esos que venden café caliente y aquellos que prenden un cigarrillo para abrir bien lamente y despertar el cuerpo.

En mi deambular me encuentro con un chavo de filosofía que me cuenta sobre el ocio de la mañana, para él lo más didáctico de la escuela son las platicas mañaneras. Noemí piensa lo mismo, ella me cuenta sobre la importancia del lugar porque es aquí donde siempre hay de qué hablar, siempre hay con quien fumar y siempre hay esa embriaguez de pensamientos.

El transcurrir de la mañana en este jardín es dinámico, hace que las mentes de filósofos, letrados y de todos los estudiantes de humanidades comiencen el día. Todos saben que la frescura de la mañana calienta los motores de lo que será el jardín después, pues sus visitantes mañaneros se apoderan de él para luego entregárselo a los que llegan más tarde.

Parte 2
5 pm - 9 pm

El jardín ahora se transforma, la luz cae y los apresurados mañaneros ya no están. Comienza el pasar de las horas y la noche toma posesión de ese lugar onírico. La embriaguez del ocio se ha postrado sobre ese jardín unificador entre alumnos de letras y filosofía.

Un lugar en donde es raro el profesor que circula, pues mágicamente han aprendido a establecer sus propias fronteras para no mezclarse en terreno fangoso, o en este caso: en la espesa neblina del embriague metafórico.

Sin más me adentré a ese espectáculo circense, aquel que se ve rodeado de un relajamiento colectivo, que a grosso modo es recreativo, instalándome en una banca admiré la transformación de los transeúntes.

Los humos son de todo el día, es un fetiche entrar al jardín y tener un cigarrillo entre los labios. La tiendita que de manera express intenta proveer de alimento termina vendiendo cualquier galleta o golosina que sólo marean la tripa. Las “bolitas” se reconfiguran y los más vagos deciden no entrar a clase, otros se ven en la decisión de unirse a los desquehacerados porque ya algún profesor faltó o decidió dar por terminada la clase de 3 horas faltando una.

La embriaguez del ocio invade en el momento en que saludas a alguien, pues la interacción es abierta. Pasé unos minutos deambulando, acercándome a los instalados (que se veían con mucha experiencia en el ámbito de la embriaguez del jardín) para preguntarles: ¿Qué es para ti el jardín de filosofía y letras? Todos coincidieron en que es un punto de encuentro, un terreno neutro, una unificación entre las carreras y el alumnado, la relajación necesaria entre clase y clase. Me vi rodeada de una diversificación amplia de personajes, pero concluyentes en la misma línea: El jardín es un punto de encuentro para la distracción del tiempo libre.

La época otoñal da un clima disfrutable para los planes dionisiacos de las tardes en el CUCSH. Las escasas tres mesas de trabajo se atiborran de aquellos que deciden compartir líquidos y charla, los círculos rotan, van y vienen distintas personas, pero siempre se mantiene la socialización en algún espacio. Este es el impulso energético, que se puede encontrar en la tiendita o en la estimulación del intercambio de la palabra. Algunos son tímidos, principalmente si son nuevos y no reconocen los códigos, sólo asoman la cabeza y prefieren retirarse.

Saludos de mano alzada, besos en la mejilla, palmadas en la espalda, compartir cigarro o botellas para saciar la sed, aquí es un punto de encuentro, de un transitar en el limbo de la escuela. Todos aparentan ser hermanos, colegas o compañeros, no hay licenciaturas, únicamente estudiantes de humanidades.

Judith Guzmán. Entre el sonido y la noche se escriben letras en cuadernos de aire.

Victor Mateo. Nací en Pamatácuaro Michoacán. Desde niño me encantó la literatura y durante
mucho tiempo me mantuve inmerso en la lectura de autores como Gabriel García Márquez, William Faulkner. Actualmente soy estudiante de Letras Hispánicas y escritor de obras con tintes de realismo mágico.

Imagen de portada: Li Hui

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