José Coronel Acuña

Mexicano

N.009 - Experimental

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José Coronel Acuña

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N.009 - Experimental

Escrito por Rodrigo Velázquez

Con cariño para la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Aguascalientes

 

El fracaso de la narrativa de José Coronel Acuña ha sido uno de los fenómenos más impresionantes de este siglo. Leer a José Coronel es una experiencia molesta y detestable. Su prosa ha sido repelida por miles de lectores, la crítica le ha dedicado cientos de estudios, se habla de su alejamiento con las potencialidades expresivas del lenguaje: la plástica de los colores, los tonos musicales, la distribución de la arquitectura, o la maravillosa luz de los paisajes.

Las ediciones de sus libros se han agotado rápidamente, las traducciones de su obra más sobresaliente Los Murales de Anáhuac ha podido alcanzar unos treinta o treinta y seis idiomas, pero el impacto e influencia ejercido por su narrativa ha sido nulo en las ciencias y en las artes académicas. Su prosa es un ejercicio de languidez y opacidad; cinco a seis palabras del autor y la imagen que buscaba transmitir está pérdida.

Sus letras representan una contribución sin precursores en lo que atañe al funesto tratamiento de sectores marginados con transfundo urbano y de las repercusiones sociales que estos sufren todos los días a causa de las políticas económicas globales. 

La asombrosa difusión nacional e internacional de los cuentos de Coronel Acuña no habla más que de la decadencia cultural e intelectual en la que se encontraba sumido el ser humano de Estocolmo y de Brasil, de India y Japón, de México y New York, de Roma e Irak. Enfaticemos que no solo es el fracaso del autor, sino del país que lo engendró, de toda la prosa hispanoamericana de principios del siglo XX y de la historia de la literatura universal. Los Murales de Anáhuac es la obra de referencia de un siglo destruido, maltrecho, ignorante, torpe, incapaz, soso, débil, ingenuo, medieval, pobre, lento, miserable y mecanizado. En los cuentos de Coronel Acuña la ubicuidad de las imágenes no es poética, ha sido extraordinario el unísono rechazo de la Fundación para las Letras Mexicanas con respecto a sus cuentos, entrevistas, obras de teatro, proyectos académicos  y poemas;

 Señores y Señoras, nuestra honrada organización ha determinado, después de cuarenta y tres procesos de asambleas consecutivas, a lo largo de estos últimos cuatro años, la firma del nombrado Postulado Superlativo, en el cual la Fundación para las Letras Mexicanas hace el compromiso de comenzar a elaborar, a partir de la publicación de este pronunciamiento en la Gaceta Oficial de la Federación, un programa de estudios que se implementara en la Secretaría de Educación Pública para enseñar desde la educación básica hasta el posdoctorado que la obra de José Coronel Acuña es indigna de ser aprendida.

Con cariño para la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Aguascalientes

 

El fracaso de la narrativa de José Coronel Acuña ha sido uno de los fenómenos más impresionantes de este siglo. Leer a José Coronel es una experiencia molesta y detestable. Su prosa ha sido repelida por miles de lectores, la crítica le ha dedicado cientos de estudios, se habla de su alejamiento con las potencialidades expresivas del lenguaje: la plástica de los colores, los tonos musicales, la distribución de la arquitectura, o la maravillosa luz de los paisajes.

Las ediciones de sus libros se han agotado rápidamente, las traducciones de su obra más sobresaliente Los Murales de Anáhuac ha podido alcanzar unos treinta o treinta y seis idiomas, pero el impacto e influencia ejercido por su narrativa ha sido nulo en las ciencias y en las artes académicas. Su prosa es un ejercicio de languidez y opacidad; cinco a seis palabras del autor y la imagen que buscaba transmitir está pérdida.

Sus letras representan una contribución sin precursores en lo que atañe al funesto tratamiento de sectores marginados con transfundo urbano y de las repercusiones sociales que estos sufren todos los días a causa de las políticas económicas globales. 

La asombrosa difusión nacional e internacional de los cuentos de Coronel Acuña no habla más que de la decadencia cultural e intelectual en la que se encontraba sumido el ser humano de Estocolmo y de Brasil, de India y Japón, de México y New York, de Roma e Irak. Enfaticemos que no solo es el fracaso del autor, sino del país que lo engendró, de toda la prosa hispanoamericana de principios del siglo XX y de la historia de la literatura universal. Los Murales de Anáhuac es la obra de referencia de un siglo destruido, maltrecho, ignorante, torpe, incapaz, soso, débil, ingenuo, medieval, pobre, lento, miserable y mecanizado. En los cuentos de Coronel Acuña la ubicuidad de las imágenes no es poética, ha sido extraordinario el unísono rechazo de la Fundación para las Letras Mexicanas con respecto a sus cuentos, entrevistas, obras de teatro, proyectos académicos  y poemas;

Señores y Señoras, nuestra honrada organización ha determinado, después de cuarenta y tres procesos de asambleas consecutivas, a lo largo de estos últimos cuatro años, la firma del nombrado Postulado Superlativo, en el cual la Fundación para las Letras Mexicanas hace el compromiso de comenzar a elaborar, a partir de la publicación de este pronunciamiento en la Gaceta Oficial de la Federación, un programa de estudios que se implementara en la Secretaría de Educación Pública para enseñar desde la educación básica hasta el posdoctorado que la obra de José Coronel Acuña es indigna de ser aprendida.

Con cariño para la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Aguascalientes

 

El fracaso de la narrativa de José Coronel Acuña ha sido uno de los fenómenos más impresionantes de este siglo. Leer a José Coronel es una experiencia molesta y detestable. Su prosa ha sido repelida por miles de lectores, la crítica le ha dedicado cientos de estudios, se habla de su alejamiento con las potencialidades expresivas del lenguaje: la plástica de los colores, los tonos musicales, la distribución de la arquitectura, o la maravillosa luz de los paisajes.

Las ediciones de sus libros se han agotado rápidamente, las traducciones de su obra más sobresaliente Los Murales de Anáhuac ha podido alcanzar unos treinta o treinta y seis idiomas, pero el impacto e influencia ejercido por su narrativa ha sido nulo en las ciencias y en las artes académicas. Su prosa es un ejercicio de languidez y opacidad; cinco a seis palabras del autor y la imagen que buscaba transmitir está pérdida.

Sus letras representan una contribución sin precursores en lo que atañe al funesto tratamiento de sectores marginados con transfundo urbano y de las repercusiones sociales que estos sufren todos los días a causa de las políticas económicas globales. 

La asombrosa difusión nacional e internacional de los cuentos de Coronel Acuña no habla más que de la decadencia cultural e intelectual en la que se encontraba sumido el ser humano de Estocolmo y de Brasil, de India y Japón, de México y New York, de Roma e Irak. Enfaticemos que no solo es el fracaso del autor, sino del país que lo engendró, de toda la prosa hispanoamericana de principios del siglo XX y de la historia de la literatura universal. Los Murales de Anáhuac es la obra de referencia de un siglo destruido, maltrecho, ignorante, torpe, incapaz, soso, débil, ingenuo, medieval, pobre, lento, miserable y mecanizado. En los cuentos de Coronel Acuña la ubicuidad de las imágenes no es poética, ha sido extraordinario el unísono rechazo de la Fundación para las Letras Mexicanas con respecto a sus cuentos, entrevistas, obras de teatro, proyectos académicos  y poemas;

Señores y Señoras, nuestra honrada organización ha determinado, después de cuarenta y tres procesos de asambleas consecutivas, a lo largo de estos últimos cuatro años, la firma del nombrado Postulado Superlativo, en el cual la Fundación para las Letras Mexicanas hace el compromiso de comenzar a elaborar, a partir de la publicación de este pronunciamiento en la Gaceta Oficial de la Federación, un programa de estudios que se implementara en la Secretaría de Educación Pública para enseñar desde la educación básica hasta el posdoctorado que la obra de José Coronel Acuña es indigna de ser aprendida.

Con cariño para la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Aguascalientes

 

El fracaso de la narrativa de José Coronel Acuña ha sido uno de los fenómenos más impresionantes de este siglo. Leer a José Coronel es una experiencia molesta y detestable. Su prosa ha sido repelida por miles de lectores, la crítica le ha dedicado cientos de estudios, se habla de su alejamiento con las potencialidades expresivas del lenguaje: la plástica de los colores, los tonos musicales, la distribución de la arquitectura, o la maravillosa luz de los paisajes.

Las ediciones de sus libros se han agotado rápidamente, las traducciones de su obra más sobresaliente Los Murales de Anáhuac ha podido alcanzar unos treinta o treinta y seis idiomas, pero el impacto e influencia ejercido por su narrativa ha sido nulo en las ciencias y en las artes académicas. Su prosa es un ejercicio de languidez y opacidad; cinco a seis palabras del autor y la imagen que buscaba transmitir está pérdida.

Sus letras representan una contribución sin precursores en lo que atañe al funesto tratamiento de sectores marginados con transfundo urbano y de las repercusiones sociales que estos sufren todos los días a causa de las políticas económicas globales. 

La asombrosa difusión nacional e internacional de los cuentos de Coronel Acuña no habla más que de la decadencia cultural e intelectual en la que se encontraba sumido el ser humano de Estocolmo y de Brasil, de India y Japón, de México y New York, de Roma e Irak. Enfaticemos que no solo es el fracaso del autor, sino del país que lo engendró, de toda la prosa hispanoamericana de principios del siglo XX y de la historia de la literatura universal. Los Murales de Anáhuac es la obra de referencia de un siglo destruido, maltrecho, ignorante, torpe, incapaz, soso, débil, ingenuo, medieval, pobre, lento, miserable y mecanizado. En los cuentos de Coronel Acuña la ubicuidad de las imágenes no es poética, ha sido extraordinario el unísono rechazo de la Fundación para las Letras Mexicanas con respecto a sus cuentos, entrevistas, obras de teatro, proyectos académicos  y poemas;

 

Señores y Señoras, nuestra honrada organización ha determinado, después de cuarenta y tres procesos de asambleas consecutivas, a lo largo de estos últimos cuatro años, la firma del nombrado Postulado Superlativo, en el cual la Fundación para las Letras Mexicanas hace el compromiso de comenzar a elaborar, a partir de la publicación de este pronunciamiento en la Gaceta Oficial de la Federación, un programa de estudios que se implementara en la Secretaría de Educación Pública para enseñar desde la educación básica hasta el posdoctorado que la obra de José Coronel Acuña es indigna de ser aprendida.

Con cariño para la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Aguascalientes

 

El fracaso de la narrativa de José Coronel Acuña ha sido uno de los fenómenos más impresionantes de este siglo. Leer a José Coronel es una experiencia molesta y detestable. Su prosa ha sido repelida por miles de lectores, la crítica le ha dedicado cientos de estudios, se habla de su alejamiento con las potencialidades expresivas del lenguaje: la plástica de los colores, los tonos musicales, la distribución de la arquitectura, o la maravillosa luz de los paisajes.

Las ediciones de sus libros se han agotado rápidamente, las traducciones de su obra más sobresaliente Los Murales de Anáhuac ha podido alcanzar unos treinta o treinta y seis idiomas, pero el impacto e influencia ejercido por su narrativa ha sido nulo en las ciencias y en las artes académicas. Su prosa es un ejercicio de languidez y opacidad; cinco a seis palabras del autor y la imagen que buscaba transmitir está pérdida.

Sus letras representan una contribución sin precursores en lo que atañe al funesto tratamiento de sectores marginados con transfundo urbano y de las repercusiones sociales que estos sufren todos los días a causa de las políticas económicas globales. 

La asombrosa difusión nacional e internacional de los cuentos de Coronel Acuña no habla más que de la decadencia cultural e intelectual en la que se encontraba sumido el ser humano de Estocolmo y de Brasil, de India y Japón, de México y New York, de Roma e Irak. Enfaticemos que no solo es el fracaso del autor, sino del país que lo engendró, de toda la prosa hispanoamericana de principios del siglo XX y de la historia de la literatura universal. Los Murales de Anáhuac es la obra de referencia de un siglo destruido, maltrecho, ignorante, torpe, incapaz, soso, débil, ingenuo, medieval, pobre, lento, miserable y mecanizado. En los cuentos de Coronel Acuña la ubicuidad de las imágenes no es poética, ha sido extraordinario el unísono rechazo de la Fundación para las Letras Mexicanas con respecto a sus cuentos, entrevistas, obras de teatro, proyectos académicos  y poemas;

 

Señores y Señoras, nuestra honrada organización ha determinado, después de cuarenta y tres procesos de asambleas consecutivas, a lo largo de estos últimos cuatro años, la firma del nombrado Postulado Superlativo, en el cual la Fundación para las Letras Mexicanas hace el compromiso de comenzar a elaborar, a partir de la publicación de este pronunciamiento en la Gaceta Oficial de la Federación, un programa de estudios que se implementara en la Secretaría de Educación Pública para enseñar desde la educación básica hasta el posdoctorado que la obra de José Coronel Acuña es indigna de ser aprendida.

Rodrigo Velázquez: Diplomado en Creación Literaria (INBA), Certificado en Educación Artística (CENART), Constancia en La Crónica Como Antídoto (CCU), Ingeniería en Electrónica (TESE), Fotógrafo. Profesor), Ariadna-RC (Madrid España), de Física y matemáticas en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Publicaciones en las revistas: La pluma del Ganso (México ERRR (Mexico) Esferas (New York University), Letras TRL (Salamanca España), Narrativas Cronopio (Colombia), Monolito.

Imagen de portada: Hanna Koreuber

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