Groundhog Day 

N.012 - Reseña

Groundhog Day 

N.012 - Reseña

Groundhog Day 

N.012 - Reseña

Groundhog Day

N.012 - Reseña

Escrito por César Augusto

–Do you ever have déjà vu, Mrs. Lancaster?
–I don't think so, but I could check with the kitchen.

 

¿Viste Groundhog day?

Dios quiere que haga la versión live action, que sea una mejor persona y me supere para romper la maldición; pero no me conoce, no voy a hacer nada.

En la película de Harold Ramis (director/guionista y Egon de Ghostbusters, puede escribir sobre fantasmas verdes y grandes entidades judeo-cristianas), a Phil Connors (Bill Murray), un reportero del clima de las ligas menores, se le es encomendada la tarea anual de cubrir “El día de la marmota” en Punxsutawney, el pueblo menos importante del mundo y de Pensilvania.

Esta celebración fijada en el calendario el 2 de febrero consiste en la congregación de todo el pueblo a la espera de un roedor de alrededor de medio metro, cuando este salga de su madriguera. La tradición dice que, si este ratón gigante no puede ver su sombra —por ser día nublado—, abandonará su guarida y el invierno terminará pronto; pero, si la marmota puede ver su sombra —por ser día soleado—, regresará a su madriguera y el invierno se extenderá seis semanas más. La multitud aplaudirá o abucheará triste el mal augurio.

El 2 de febrero de 2020 fue un día de sol, lo recuerdo bien, y efectivamente el invierno se extendió para enfriar mi temple y mi espíritu. La celebración de la marmota no se llevó a cabo este año en Punxsutawney y no puede haber peor presagio que ese. La noticia del virus ya estaba en mi mente y mis bromas, por ser un tipo igual de odioso que el protagonista de esta película, ya estaban en mi repertorio. La cosa es que no imaginaba el panorama tan áspero y trato de justificar mi estupidez. Estúpido y de mal gusto, eso soy... dios los crea y ellos se juntan. Por otro lado, fuimos creados a su imagen y semejanza; hagan las cuentas: Viejos blancos gritándole en la calle a chicas asiáticas, WHITE POWER!, el saludo nazi, conflictos raciales en el bus. Canadá no es tan amable como dicen, no se dejen engañar.

Bueno, pero cuando por fin llegó el comunicado formal y las filas del supermercado nos separaban de cada comprador un metro de distancia y cuando me vi comiendo arroz otra vez y asomándome por la ventana del sótano que llamo hogar, al paisaje inmóvil que es mi patio, caí en cuenta de la verdadera situación. ¿Soy la marmota o soy el reportero de las malas noticias? Entramos una semana antes al paro mundial. En México, mis amigos toman cerveza en la playa y aquí el papel es moneda de cambio.

 ¿Viste Groundhog day?

Hablando con Andrea, que vive en Ciudad de México y que es mi confidente y psicóloga a larga distancia, le respondo con esta pregunta. Así me siento, le digo, cada día es igual al otro, pero no tiene que ver con el virus. El virus realmente vive en mi alma y me mantiene pasmado. Es Dios, le digo, que leyó sobre el eterno retorno y le gusta replicar el experimento. Mi entrenamiento rinde frutos y casi no extraño el exterior. Hablando por el teléfono, le cuento de esta idea. Es una prueba divina, cuyo fin no voy a seguir, le digo, esa es mi venganza contra Dios. No voy a aprender francés como Bill Murray, no voy a aprender a tocar a Rachmaninoff en el piano, ni a esculpir en hielo. No voy a hacer nada, esa es mi rebelión.

 ¿Viste Groundhog day?

Le pregunto otro día a Esteban y le comienzo a reseñar la historia por teléfono.

El comentarista se despierta con la predicción del día en la radio. La celebración es cosa seria en un pueblo que no tiene encanto y Phil es un contraste perfecto al ánimo general. En su camino al lugar del reportaje, se encuentra con situaciones que serán clave a lo largo de la película. Con todo el pueblo reunido, los altos mandos dan un discurso de apertura y se aproximan al tronco mocho de un árbol hecho a la Disney, cuya entrada son unas puertecillas de madera y cuyo letrero lleva el nombre de la marmota "Phil", el mismo nombre del personaje de Bill Murray —¿Quién es la verdadera marmota?—. El maestro de ceremonias carga en brazos al roedor y lo exhibe a los espectadores, hace como que le susurra al oído, lee un papiro y da la predicción en voz de la propia marmota: “I definitely see a shadow”.

Buuuu, buuuu, seis semanas más de invierno, coreo junto con los extras de la película.

El equipo de noticias se prepara para salir por carretera, mas su destino es interrumpido por el mal clima y decide regresar. Aquí viene lo bueno, pues el viaje en círculo comienza. Otro día, pero el mismo encuadre a la cama de Phil y la misma canción de alarma del día anterior... “I got you babe”. Semidespierto, Phil luce un poco desconcertado, pero nada anormal. La voz de la radio da exactamente el mismo pronóstico del clima del día anterior. ¿Qué día es hoy?, pregunta Phil a los paseantes. El Día de la marmota, por supuesto. ¿Cuántos días se celebra esto?

La aventura ha comenzado y, como espectador, la parte emocionante es que ya conocemos la consecución de los eventos, mas no la respuesta de Phil al enfrentarlos una y otra vez.

En el restaurante y en la calle suceden lo que he definido como “microexplosiones”, marcadores que Phil irá reconociendo: alguien tira una pila de trastes, se topa con personajes. Todo el escenario está diseñado para que haya momentos reconocibles.

En mi casa hay dos ventas, una tele y un gato salvaje que pasa de cuando en cuando en el patio. ¿Cómo podría emular la dinámica de aprender de memoria los eventos y sorprender a mis amigos pronosticando el futuro? Si el castigo de Phil reviviendo los mismos eventos en un pueblo pintoresco con cientos de personas es el purgatorio, ¿en dónde estoy viviendo yo? ¿Cuál es la suerte de la persona que revive el día en que le dicen que tiene cáncer, de la que espera en el hospital la muerte de su madre, del que lejos de casa recibe la noticia del nacimiento de su hijo en otro país y que nunca podrá conocer? Estos pobres diablos son mis camaradas.

Ya hecho a la idea, la situación es diferente para Phil. Aprende de memoria información para sacarle ventaja. Enamora a una cliente en el café a base de mil intentos y aprendiendo datos simples hasta que se hace una imagen completa de esta y se hace pasar por una persona que no es. La magia y la efectividad del concepto del tiempo viene de la edición de la película y este evento es clave para que, como espectadores, podamos hacernos una idea del poder del protagonista. No es necesario ver todos los intentos de Phil porque ya conocemos la mecánica de la reiteración. El espacio abierto le permite aprender coreografías infinitas y, con una eternidad a cuestas, nuestro protagonista es capaz de memorizarlo todo, millones de detalles. Lo vemos enunciando eventos uno por uno: una ventisca, un ladrido, un camión, sale un guardia de seguridad, sale el segundo guardia, una mujer pasa y se acomoda el bra, pide cambio a uno de los guardias, Phil se levanta y avanza, cuenta regresiva de 10, 9,8: auto, 7,6,5: a la mujer se le cae el cambio, 4,3,2,1: los guardias se agachan para ayudar a la mujer y Phil roba una bolsa de dinero. 

¿Cuántas coreografías podría aprender yo en mi casa? A las 10 de la mañana me van a dar ganas de hacer pipí... ¿El virus detendría mi salida al exterior para probar mejor suerte, buscar el amor de mi vida? El virus no importa, estoy en huelga y es mi manera de rebelarme contra Dios. ¿Recuerdan?

“Homero y yo nos separamos en las puertas del Tánger; creo que no nos dijimos adiós”. No es necesario decir adiós a quien, por ser inmortal, verás en otro momento de la infinitud, eso es lo que escribe Borges. En el corto plazo de la inmortalidad, esto no es muy palpable y siempre hay una esperanza de que todo sea sueño y que llegue a su fin. En un punto más avanzado y con quién sabe cuántos días a cuestas —diez años en total en este loop, dice detrás de cámaras el director y escritor del guión—, el nihilismo se apodera de nuestro protagonista. Frente a un televisor, completamente apático Phil recita las respuestas del programa de Jeopardy: “This country’s largest lake Chapala, is located near the city of Guadalajara”, “What is Mexico?.

El propósito de la película, y sin arruinar el final, será pues presenciar cómo el protagonista domina su destino a base de ensayo y error en un margen infinito, aún sabiéndose prisionero, pero con la esperanza de que algún día se rompa el encanto y volverse mejor ser humano en el camino.

Quizá el verdadero Dios usa trucos, como aprenderse todos los eventos de la vida misma y no es omnipotente, dice exasperado Phil. Quizá nuestro truco más útil en el tedio de la vida y en el confinamiento de la cuarentena es dominar nuestra universo personal, dominar nuestra naturaleza y crear nuestros propios mundos al igual que Phil. 

Respuesta: Somos ambos, el reportero y la marmota. 

 

Groundhog Day
Dirigida por Harold Ramis
Escrita por Danny Rubin y Harold Ramis
1993

 

–Do you ever have déjà vu, Mrs. Lancaster?
–I don't think so, but I could check with the kitchen.

 

¿Viste Groundhog day?

Dios quiere que haga la versión live action, que sea una mejor persona y me supere para romper la maldición; pero no me conoce, no voy a hacer nada.

En la película de Harold Ramis (director/guionista y Egon de Ghostbusters, puede escribir sobre fantasmas verdes y grandes entidades judeo-cristianas), a Phil Connors (Bill Murray), un reportero del clima de las ligas menores, se le es encomendada la tarea anual de cubrir “El día de la marmota” en Punxsutawney, el pueblo menos importante del mundo y de Pensilvania.

Esta celebración fijada en el calendario el 2 de febrero consiste en la congregación de todo el pueblo a la espera de un roedor de alrededor de medio metro, cuando este salga de su madriguera. La tradición dice que, si este ratón gigante no puede ver su sombra —por ser día nublado—, abandonará su guarida y el invierno terminará pronto; pero, si la marmota puede ver su sombra —por ser día soleado—, regresará a su madriguera y el invierno se extenderá seis semanas más. La multitud aplaudirá o abucheará triste el mal augurio.

El 2 de febrero de 2020 fue un día de sol, lo recuerdo bien, y efectivamente el invierno se extendió para enfriar mi temple y mi espíritu. La celebración de la marmota no se llevó a cabo este año en Punxsutawney y no puede haber peor presagio que ese. La noticia del virus ya estaba en mi mente y mis bromas, por ser un tipo igual de odioso que el protagonista de esta película, ya estaban en mi repertorio. La cosa es que no imaginaba el panorama tan áspero y trato de justificar mi estupidez. Estúpido y de mal gusto, eso soy... dios los crea y ellos se juntan. Por otro lado, fuimos creados a su imagen y semejanza; hagan las cuentas: Viejos blancos gritándole en la calle a chicas asiáticas, WHITE POWER!, el saludo nazi, conflictos raciales en el bus. Canadá no es tan amable como dicen, no se dejen engañar.

Bueno, pero cuando por fin llegó el comunicado formal y las filas del supermercado nos separaban de cada comprador un metro de distancia y cuando me vi comiendo arroz otra vez y asomándome por la ventana del sótano que llamo hogar, al paisaje inmóvil que es mi patio, caí en cuenta de la verdadera situación. ¿Soy la marmota o soy el reportero de las malas noticias? Entramos una semana antes al paro mundial. En México, mis amigos toman cerveza en la playa y aquí el papel es moneda de cambio.

 ¿Viste Groundhog day?

Hablando con Andrea, que vive en Ciudad de México y que es mi confidente y psicóloga a larga distancia, le respondo con esta pregunta. Así me siento, le digo, cada día es igual al otro, pero no tiene que ver con el virus. El virus realmente vive en mi alma y me mantiene pasmado. Es Dios, le digo, que leyó sobre el eterno retorno y le gusta replicar el experimento. Mi entrenamiento rinde frutos y casi no extraño el exterior. Hablando por el teléfono, le cuento de esta idea. Es una prueba divina, cuyo fin no voy a seguir, le digo, esa es mi venganza contra Dios. No voy a aprender francés como Bill Murray, no voy a aprender a tocar a Rachmaninoff en el piano, ni a esculpir en hielo. No voy a hacer nada, esa es mi rebelión.

 ¿Viste Groundhog day?

Le pregunto otro día a Esteban y le comienzo a reseñar la historia por teléfono.

El comentarista se despierta con la predicción del día en la radio. La celebración es cosa seria en un pueblo que no tiene encanto y Phil es un contraste perfecto al ánimo general. En su camino al lugar del reportaje, se encuentra con situaciones que serán clave a lo largo de la película. Con todo el pueblo reunido, los altos mandos dan un discurso de apertura y se aproximan al tronco mocho de un árbol hecho a la Disney, cuya entrada son unas puertecillas de madera y cuyo letrero lleva el nombre de la marmota "Phil", el mismo nombre del personaje de Bill Murray —¿Quién es la verdadera marmota?—. El maestro de ceremonias carga en brazos al roedor y lo exhibe a los espectadores, hace como que le susurra al oído, lee un papiro y da la predicción en voz de la propia marmota: “I definitely see a shadow”.

Buuuu, buuuu, seis semanas más de invierno, coreo junto con los extras de la película.

El equipo de noticias se prepara para salir por carretera, mas su destino es interrumpido por el mal clima y decide regresar. Aquí viene lo bueno, pues el viaje en círculo comienza. Otro día, pero el mismo encuadre a la cama de Phil y la misma canción de alarma del día anterior... “I got you babe”. Semidespierto, Phil luce un poco desconcertado, pero nada anormal. La voz de la radio da exactamente el mismo pronóstico del clima del día anterior. ¿Qué día es hoy?, pregunta Phil a los paseantes. El Día de la marmota, por supuesto. ¿Cuántos días se celebra esto?

La aventura ha comenzado y, como espectador, la parte emocionante es que ya conocemos la consecución de los eventos, mas no la respuesta de Phil al enfrentarlos una y otra vez.

En el restaurante y en la calle suceden lo que he definido como “microexplosiones”, marcadores que Phil irá reconociendo: alguien tira una pila de trastes, se topa con personajes. Todo el escenario está diseñado para que haya momentos reconocibles.

En mi casa hay dos ventas, una tele y un gato salvaje que pasa de cuando en cuando en el patio. ¿Cómo podría emular la dinámica de aprender de memoria los eventos y sorprender a mis amigos pronosticando el futuro? Si el castigo de Phil reviviendo los mismos eventos en un pueblo pintoresco con cientos de personas es el purgatorio, ¿en dónde estoy viviendo yo? ¿Cuál es la suerte de la persona que revive el día en que le dicen que tiene cáncer, de la que espera en el hospital la muerte de su madre, del que lejos de casa recibe la noticia del nacimiento de su hijo en otro país y que nunca podrá conocer? Estos pobres diablos son mis camaradas.

Ya hecho a la idea, la situación es diferente para Phil. Aprende de memoria información para sacarle ventaja. Enamora a una cliente en el café a base de mil intentos y aprendiendo datos simples hasta que se hace una imagen completa de esta y se hace pasar por una persona que no es. La magia y la efectividad del concepto del tiempo viene de la edición de la película y este evento es clave para que, como espectadores, podamos hacernos una idea del poder del protagonista. No es necesario ver todos los intentos de Phil porque ya conocemos la mecánica de la reiteración. El espacio abierto le permite aprender coreografías infinitas y, con una eternidad a cuestas, nuestro protagonista es capaz de memorizarlo todo, millones de detalles. Lo vemos enunciando eventos uno por uno: una ventisca, un ladrido, un camión, sale un guardia de seguridad, sale el segundo guardia, una mujer pasa y se acomoda el bra, pide cambio a uno de los guardias, Phil se levanta y avanza, cuenta regresiva de 10, 9,8: auto, 7,6,5: a la mujer se le cae el cambio, 4,3,2,1: los guardias se agachan para ayudar a la mujer y Phil roba una bolsa de dinero. 

¿Cuántas coreografías podría aprender yo en mi casa? A las 10 de la mañana me van a dar ganas de hacer pipí... ¿El virus detendría mi salida al exterior para probar mejor suerte, buscar el amor de mi vida? El virus no importa, estoy en huelga y es mi manera de rebelarme contra Dios. ¿Recuerdan?

“Homero y yo nos separamos en las puertas del Tánger; creo que no nos dijimos adiós”. No es necesario decir adiós a quien, por ser inmortal, verás en otro momento de la infinitud, eso es lo que escribe Borges. En el corto plazo de la inmortalidad, esto no es muy palpable y siempre hay una esperanza de que todo sea sueño y que llegue a su fin. En un punto más avanzado y con quién sabe cuántos días a cuestas —diez años en total en este loop, dice detrás de cámaras el director y escritor del guión—, el nihilismo se apodera de nuestro protagonista. Frente a un televisor, completamente apático Phil recita las respuestas del programa de Jeopardy: “This country’s largest lake Chapala, is located near the city of Guadalajara”, “What is Mexico?.

El propósito de la película, y sin arruinar el final, será pues presenciar cómo el protagonista domina su destino a base de ensayo y error en un margen infinito, aún sabiéndose prisionero, pero con la esperanza de que algún día se rompa el encanto y volverse mejor ser humano en el camino.

Quizá el verdadero Dios usa trucos, como aprenderse todos los eventos de la vida misma y no es omnipotente, dice exasperado Phil. Quizá nuestro truco más útil en el tedio de la vida y en el confinamiento de la cuarentena es dominar nuestra universo personal, dominar nuestra naturaleza y crear nuestros propios mundos al igual que Phil. 

Respuesta: Somos ambos, el reportero y la marmota. 

 

Groundhog Day
Dirigida por Harold Ramis
Escrita por Danny Rubin y Harold Ramis
1993

 

–Do you ever have déjà vu, Mrs. Lancaster?
–I don't think so, but I could check with the kitchen.

 

¿Viste Groundhog day?

Dios quiere que haga la versión live action, que sea una mejor persona y me supere para romper la maldición; pero no me conoce, no voy a hacer nada.

En la película de Harold Ramis (director/guionista y Egon de Ghostbusters, puede escribir sobre fantasmas verdes y grandes entidades judeo-cristianas), a Phil Connors (Bill Murray), un reportero del clima de las ligas menores, se le es encomendada la tarea anual de cubrir “El día de la marmota” en Punxsutawney, el pueblo menos importante del mundo y de Pensilvania.

Esta celebración fijada en el calendario el 2 de febrero consiste en la congregación de todo el pueblo a la espera de un roedor de alrededor de medio metro, cuando este salga de su madriguera. La tradición dice que, si este ratón gigante no puede ver su sombra —por ser día nublado—, abandonará su guarida y el invierno terminará pronto; pero, si la marmota puede ver su sombra —por ser día soleado—, regresará a su madriguera y el invierno se extenderá seis semanas más. La multitud aplaudirá o abucheará triste el mal augurio.

El 2 de febrero de 2020 fue un día de sol, lo recuerdo bien, y efectivamente el invierno se extendió para enfriar mi temple y mi espíritu. La celebración de la marmota no se llevó a cabo este año en Punxsutawney y no puede haber peor presagio que ese. La noticia del virus ya estaba en mi mente y mis bromas, por ser un tipo igual de odioso que el protagonista de esta película, ya estaban en mi repertorio. La cosa es que no imaginaba el panorama tan áspero y trato de justificar mi estupidez. Estúpido y de mal gusto, eso soy... dios los crea y ellos se juntan. Por otro lado, fuimos creados a su imagen y semejanza; hagan las cuentas: Viejos blancos gritándole en la calle a chicas asiáticas, WHITE POWER!, el saludo nazi, conflictos raciales en el bus. Canadá no es tan amable como dicen, no se dejen engañar.

Bueno, pero cuando por fin llegó el comunicado formal y las filas del supermercado nos separaban de cada comprador un metro de distancia y cuando me vi comiendo arroz otra vez y asomándome por la ventana del sótano que llamo hogar, al paisaje inmóvil que es mi patio, caí en cuenta de la verdadera situación. ¿Soy la marmota o soy el reportero de las malas noticias? Entramos una semana antes al paro mundial. En México, mis amigos toman cerveza en la playa y aquí el papel es moneda de cambio.

 ¿Viste Groundhog day?

Hablando con Andrea, que vive en Ciudad de México y que es mi confidente y psicóloga a larga distancia, le respondo con esta pregunta. Así me siento, le digo, cada día es igual al otro, pero no tiene que ver con el virus. El virus realmente vive en mi alma y me mantiene pasmado. Es Dios, le digo, que leyó sobre el eterno retorno y le gusta replicar el experimento. Mi entrenamiento rinde frutos y casi no extraño el exterior. Hablando por el teléfono, le cuento de esta idea. Es una prueba divina, cuyo fin no voy a seguir, le digo, esa es mi venganza contra Dios. No voy a aprender francés como Bill Murray, no voy a aprender a tocar a Rachmaninoff en el piano, ni a esculpir en hielo. No voy a hacer nada, esa es mi rebelión.

 ¿Viste Groundhog day?

Le pregunto otro día a Esteban y le comienzo a reseñar la historia por teléfono.

El comentarista se despierta con la predicción del día en la radio. La celebración es cosa seria en un pueblo que no tiene encanto y Phil es un contraste perfecto al ánimo general. En su camino al lugar del reportaje, se encuentra con situaciones que serán clave a lo largo de la película. Con todo el pueblo reunido, los altos mandos dan un discurso de apertura y se aproximan al tronco mocho de un árbol hecho a la Disney, cuya entrada son unas puertecillas de madera y cuyo letrero lleva el nombre de la marmota "Phil", el mismo nombre del personaje de Bill Murray —¿Quién es la verdadera marmota?—. El maestro de ceremonias carga en brazos al roedor y lo exhibe a los espectadores, hace como que le susurra al oído, lee un papiro y da la predicción en voz de la propia marmota: “I definitely see a shadow”.

Buuuu, buuuu, seis semanas más de invierno, coreo junto con los extras de la película.

El equipo de noticias se prepara para salir por carretera, mas su destino es interrumpido por el mal clima y decide regresar. Aquí viene lo bueno, pues el viaje en círculo comienza. Otro día, pero el mismo encuadre a la cama de Phil y la misma canción de alarma del día anterior... “I got you babe”. Semidespierto, Phil luce un poco desconcertado, pero nada anormal. La voz de la radio da exactamente el mismo pronóstico del clima del día anterior. ¿Qué día es hoy?, pregunta Phil a los paseantes. El Día de la marmota, por supuesto. ¿Cuántos días se celebra esto?

La aventura ha comenzado y, como espectador, la parte emocionante es que ya conocemos la consecución de los eventos, mas no la respuesta de Phil al enfrentarlos una y otra vez.

En el restaurante y en la calle suceden lo que he definido como “microexplosiones”, marcadores que Phil irá reconociendo: alguien tira una pila de trastes, se topa con personajes. Todo el escenario está diseñado para que haya momentos reconocibles.

En mi casa hay dos ventas, una tele y un gato salvaje que pasa de cuando en cuando en el patio. ¿Cómo podría emular la dinámica de aprender de memoria los eventos y sorprender a mis amigos pronosticando el futuro? Si el castigo de Phil reviviendo los mismos eventos en un pueblo pintoresco con cientos de personas es el purgatorio, ¿en dónde estoy viviendo yo? ¿Cuál es la suerte de la persona que revive el día en que le dicen que tiene cáncer, de la que espera en el hospital la muerte de su madre, del que lejos de casa recibe la noticia del nacimiento de su hijo en otro país y que nunca podrá conocer? Estos pobres diablos son mis camaradas.

Ya hecho a la idea, la situación es diferente para Phil. Aprende de memoria información para sacarle ventaja. Enamora a una cliente en el café a base de mil intentos y aprendiendo datos simples hasta que se hace una imagen completa de esta y se hace pasar por una persona que no es. La magia y la efectividad del concepto del tiempo viene de la edición de la película y este evento es clave para que, como espectadores, podamos hacernos una idea del poder del protagonista. No es necesario ver todos los intentos de Phil porque ya conocemos la mecánica de la reiteración. El espacio abierto le permite aprender coreografías infinitas y, con una eternidad a cuestas, nuestro protagonista es capaz de memorizarlo todo, millones de detalles. Lo vemos enunciando eventos uno por uno: una ventisca, un ladrido, un camión, sale un guardia de seguridad, sale el segundo guardia, una mujer pasa y se acomoda el bra, pide cambio a uno de los guardias, Phil se levanta y avanza, cuenta regresiva de 10, 9,8: auto, 7,6,5: a la mujer se le cae el cambio, 4,3,2,1: los guardias se agachan para ayudar a la mujer y Phil roba una bolsa de dinero. 

¿Cuántas coreografías podría aprender yo en mi casa? A las 10 de la mañana me van a dar ganas de hacer pipí... ¿El virus detendría mi salida al exterior para probar mejor suerte, buscar el amor de mi vida? El virus no importa, estoy en huelga y es mi manera de rebelarme contra Dios. ¿Recuerdan?

“Homero y yo nos separamos en las puertas del Tánger; creo que no nos dijimos adiós”. No es necesario decir adiós a quien, por ser inmortal, verás en otro momento de la infinitud, eso es lo que escribe Borges. En el corto plazo de la inmortalidad, esto no es muy palpable y siempre hay una esperanza de que todo sea sueño y que llegue a su fin. En un punto más avanzado y con quién sabe cuántos días a cuestas —diez años en total en este loop, dice detrás de cámaras el director y escritor del guión—, el nihilismo se apodera de nuestro protagonista. Frente a un televisor, completamente apático Phil recita las respuestas del programa de Jeopardy: “This country’s largest lake Chapala, is located near the city of Guadalajara”, “What is Mexico?.

El propósito de la película, y sin arruinar el final, será pues presenciar cómo el protagonista domina su destino a base de ensayo y error en un margen infinito, aún sabiéndose prisionero, pero con la esperanza de que algún día se rompa el encanto y volverse mejor ser humano en el camino.

Quizá el verdadero Dios usa trucos, como aprenderse todos los eventos de la vida misma y no es omnipotente, dice exasperado Phil. Quizá nuestro truco más útil en el tedio de la vida y en el confinamiento de la cuarentena es dominar nuestra universo personal, dominar nuestra naturaleza y crear nuestros propios mundos al igual que Phil. 

Respuesta: Somos ambos, el reportero y la marmota. 

 

Groundhog Day
Dirigida por Harold Ramis
Escrita por Danny Rubin y Harold Ramis
1993

 

César Augusto. Nacido en Guadalajara y criado en la peor colonia de Tonalá. Le gustan los altos contrastes en todo, del mazapán al ceviche, del ambient al digital hardcore, del agüita de limón a la cerveza en bolsita. Ya casi llena su disco de dos teras de películas piratas. Vio de cerquita "Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión" y le dolió la panza. Ha visto Crash de Cronenberg seis veces.

Imagen de portada: Harold Ramis

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Pequeñas venganzas

N.012 - Narrativa

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