Entre las personas

N.004 - Narrativa

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Escrito por Alejandro Fraquez

Y ahí voy, un extraño individuo humanoide de aspecto incierto, caminando con una insoportable tonelada de incomodidad sobre los hombros. Pero no es la ropa, no, mi ropa es cómoda; no son mis zapatos ni mis calzoncillos; tampoco es el clima, el clima está bien, aunque podría estar mejor. Es mi cabeza, todo está ahí, al interior de mis cavidades craneales. No hay nada malo con mi cabeza, no físicamente, es decir, tiene una forma regular y todo está en su debido lugar; una oreja a cada lado, un par de ojos debajo de la frente y por encima de una nariz situada al centro de la cara, labios, mejillas, cabello, dientes, cerebelo, cerebro; hasta donde yo sé, todo se encuentra en orden. Pero hay un pequeño detalle, hay algo ahí arriba, en esa parte invisible e insospechada de mi cabeza, en mi mente, que parece estar fuera de orden, y lo peor, lo peor es que no hay forma de estar seguro, no puedo saber a ciencia cierta si esta perturbación realmente se trata de algo irregular, o si sólo es un fenómeno tan común y ordinario como defecar ¿Cómo saberlo? ¿Cómo probarlo? Mi experiencia es lo único que tengo para describir y comparar tan peculiar evento ¿Quién podría, además de mí, convencerme de que se trata de algo común entre los de mi especie? ¿Y cómo he de creer tal afirmación, si yo nunca he sido huésped de otra psique que no corresponda a la mía? ¿Es eso siquiera posible?

He ido por ahí observando a las personas, haciendo un gran esfuerzo por explicar nuestras conductas, tratando de descubrir la verdadera naturaleza del hombre. Es una tarea ardua e incesante. Escucho conversaciones prestando suma atención a cada minúsculo detalle de un discurso, trato de comprender las motivaciones individuales y colectivas de las personas que me encuentro a diario, me infiltro entre ellos como un alienígena, intento pasar desapercibido; para esto, hago todo lo posible por encajar entre ellos, y poder tener acceso a una mayor gama de información concerniente a mis intereses. En más de una ocasión, y a menudo, me encuentro imitando a los demás, reproduciendo lo observado para comprender a todas estas unidades vivientes que llamamos seres humanos; sus formas de caminar, sus formas de vestir, sus formas de hablar, de comunicarse, sus rituales de apareamiento, sus emociones, sus gestos, sus costumbres, sus hábitos, sus gustos, sus disgustos, absolutamente todo lo que esté dentro de mis posibilidades; sólo así se puede alcanzar un conocimiento empírico.

Con todo esto, no digo que yo mismo no sea un ser humano (aunque a veces lo pongo en duda). Solo digo que, hasta el día de hoy, no logro comprender completamente de que se trata esto de ser una persona ¿podemos elegir ser o no serlo? Shakespeare o Descartes, “ser o no ser”, “cogito ergo sum”. Me pregunto si ellos también se sentían como alienígenas.

A veces, me digo que nada tiene sentido, me recuesto sobre una superficie plana y cierro los ojos para desaparecer, para abandonar la realidad percibida a través de los cinco sentidos. Pero no se puede desaparecer por completo sin perder la vida, al menos eso es lo que se dice. De cualquier forma, es un descanso, un respiro después de enfrentar al mundo por un buen rato, un mundo que orbita junto con otros planetas alrededor del sol… Así somos los seres humanos y giramos entorno a un sol imaginario ¿Cuál es? No lo sé, y me angustia no saberlo.

Tal vez tenga razón, tal vez nada tiene sentido, tal vez pierdo el tiempo tratando de descifrar lo indescifrable, quizá la humanidad no es más que un accidente; pero qué horrible sería eso. Preferiría pensar que somos parte de algo más grande, parte de un plan supremo elaborado por un ente cósmico omnipresente y todo poderoso, me gustaría creer eso, pero suena ridículo ¿no?

La parte más complicada de entender a los demás es la incapacidad de ser totalmente objetivos. Cualquier interpretación que pretendamos establecer no es más que una aproximación sujeta a nuestra percepción; damos por sentada información que arrogante y antropocéntricamente afirmamos como correcta, después la difundimos como leyes que, por estar establecidas científicamente, son irrefutables. Dejando de lado la posibilidad de que exista una forma distinta de aproximarse a la realidad, asumiendo que la realidad humana es la realidad bruta.

Pero qué criaturas tan ingenuas somos; bufones, tan simples como monos, pero monos con un severo complejo de superioridad. Estamos malditos, condenados a buscar respuestas a un cuestionario infinito. Quizá ese sea nuestro problema como especie, el tratar de resolver y entender todo aquello que no conocemos, complicarnos con acertijos que no tienen solución, buscarle la quinta pata al gato, como bien dicen por aquí. Tal vez la respuesta a todo es más obvia de lo que parece, tal vez todos estaríamos mejor sin hacernos tantas preguntas. En cambio, hemos convertido la vida en una gran ruleta de “porqués” y “para qués”. Cuando en realidad nadie elige ser y tampoco no ser, simplemente somos o no somos.Pero “¿quiénes somos?”, volvemos a preguntarnos aun sin darnos cuenta del gran dilema que representa esta pregunta ¿importa realmente quiénes somos? Deténganse de una buena vez, pues se aproximan a un precipicio que no tiene fondo, se adentran a un vasto océano que se extiende hasta un horizonte inalcanzable.

Para mí, ya es muy tarde, hace tiempo que me aventuré a explorar las imperdonables y turbias aguas de este océano. Sin embargo, de vez en cuando, encuentro tierra firme para amarrar mi nave, pero nunca me asiento durante demasiado tiempo, a la gente no le gustan los extraños en tierra ajena. Así es la vida de marinero, las aguas tienen un poderoso llamado que no puede ser ignorado y tampoco satisfecho. Solo me queda seguir navegando, navegar y navegar hasta que mi pobre barco se pudra de viejo y se hunda. Cuando eso pase, me hundiré junto con él, porque un buen capitán siempre se hunde junto con su barco.


Y ahí voy, un extraño individuo humanoide de aspecto incierto, caminando con una insoportable tonelada de incomodidad sobre los hombros. Pero no es la ropa, no, mi ropa es cómoda; no son mis zapatos ni mis calzoncillos; tampoco es el clima, el clima está bien, aunque podría estar mejor. Es mi cabeza, todo está ahí, al interior de mis cavidades craneales. No hay nada malo con mi cabeza, no físicamente, es decir, tiene una forma regular y todo está en su debido lugar; una oreja a cada lado, un par de ojos debajo de la frente y por encima de una nariz situada al centro de la cara, labios, mejillas, cabello, dientes, cerebelo, cerebro; hasta donde yo sé, todo se encuentra en orden. Pero hay un pequeño detalle, hay algo ahí arriba, en esa parte invisible e insospechada de mi cabeza, en mi mente, que parece estar fuera de orden, y lo peor, lo peor es que no hay forma de estar seguro, no puedo saber a ciencia cierta si esta perturbación realmente se trata de algo irregular, o si sólo es un fenómeno tan común y ordinario como defecar ¿Cómo saberlo? ¿Cómo probarlo? Mi experiencia es lo único que tengo para describir y comparar tan peculiar evento ¿Quién podría, además de mí, convencerme de que se trata de algo común entre los de mi especie? ¿Y cómo he de creer tal afirmación, si yo nunca he sido huésped de otra psique que no corresponda a la mía? ¿Es eso siquiera posible?

He ido por ahí observando a las personas, haciendo un gran esfuerzo por explicar nuestras conductas, tratando de descubrir la verdadera naturaleza del hombre. Es una tarea ardua e incesante. Escucho conversaciones prestando suma atención a cada minúsculo detalle de un discurso, trato de comprender las motivaciones individuales y colectivas de las personas que me encuentro a diario, me infiltro entre ellos como un alienígena, intento pasar desapercibido; para esto, hago todo lo posible por encajar entre ellos, y poder tener acceso a una mayor gama de información concerniente a mis intereses. En más de una ocasión, y a menudo, me encuentro imitando a los demás, reproduciendo lo observado para comprender a todas estas unidades vivientes que llamamos seres humanos; sus formas de caminar, sus formas de vestir, sus formas de hablar, de comunicarse, sus rituales de apareamiento, sus emociones, sus gestos, sus costumbres, sus hábitos, sus gustos, sus disgustos, absolutamente todo lo que esté dentro de mis posibilidades; sólo así se puede alcanzar un conocimiento empírico.

Con todo esto, no digo que yo mismo no sea un ser humano (aunque a veces lo pongo en duda). Solo digo que, hasta el día de hoy, no logro comprender completamente de que se trata esto de ser una persona ¿podemos elegir ser o no serlo? Shakespeare o Descartes, “ser o no ser”, “cogito ergo sum”. Me pregunto si ellos también se sentían como alienígenas.

A veces, me digo que nada tiene sentido, me recuesto sobre una superficie plana y cierro los ojos para desaparecer, para abandonar la realidad percibida a través de los cinco sentidos. Pero no se puede desaparecer por completo sin perder la vida, al menos eso es lo que se dice. De cualquier forma, es un descanso, un respiro después de enfrentar al mundo por un buen rato, un mundo que orbita junto con otros planetas alrededor del sol… Así somos los seres humanos y giramos entorno a un sol imaginario ¿Cuál es? No lo sé, y me angustia no saberlo.

Tal vez tenga razón, tal vez nada tiene sentido, tal vez pierdo el tiempo tratando de descifrar lo indescifrable, quizá la humanidad no es más que un accidente; pero qué horrible sería eso. Preferiría pensar que somos parte de algo más grande, parte de un plan supremo elaborado por un ente cósmico omnipresente y todo poderoso, me gustaría creer eso, pero suena ridículo ¿no?

La parte más complicada de entender a los demás es la incapacidad de ser totalmente objetivos. Cualquier interpretación que pretendamos establecer no es más que una aproximación sujeta a nuestra percepción; damos por sentada información que arrogante y antropocéntricamente afirmamos como correcta, después la difundimos como leyes que, por estar establecidas científicamente, son irrefutables. Dejando de lado la posibilidad de que exista una forma distinta de aproximarse a la realidad, asumiendo que la realidad humana es la realidad bruta.

Pero qué criaturas tan ingenuas somos; bufones, tan simples como monos, pero monos con un severo complejo de superioridad. Estamos malditos, condenados a buscar respuestas a un cuestionario infinito. Quizá ese sea nuestro problema como especie, el tratar de resolver y entender todo aquello que no conocemos, complicarnos con acertijos que no tienen solución, buscarle la quinta pata al gato, como bien dicen por aquí. Tal vez la respuesta a todo es más obvia de lo que parece, tal vez todos estaríamos mejor sin hacernos tantas preguntas. En cambio, hemos convertido la vida en una gran ruleta de “porqués” y “para qués”. Cuando en realidad nadie elige ser y tampoco no ser, simplemente somos o no somos.Pero “¿quiénes somos?”, volvemos a preguntarnos aun sin darnos cuenta del gran dilema que representa esta pregunta ¿importa realmente quiénes somos? Deténganse de una buena vez, pues se aproximan a un precipicio que no tiene fondo, se adentran a un vasto océano que se extiende hasta un horizonte inalcanzable.

Para mí, ya es muy tarde, hace tiempo que me aventuré a explorar las imperdonables y turbias aguas de este océano. Sin embargo, de vez en cuando, encuentro tierra firme para amarrar mi nave, pero nunca me asiento durante demasiado tiempo, a la gente no le gustan los extraños en tierra ajena. Así es la vida de marinero, las aguas tienen un poderoso llamado que no puede ser ignorado y tampoco satisfecho. Solo me queda seguir navegando, navegar y navegar hasta que mi pobre barco se pudra de viejo y se hunda. Cuando eso pase, me hundiré junto con él, porque un buen capitán siempre se hunde junto con su barco.


Y ahí voy, un extraño individuo humanoide de aspecto incierto, caminando con una insoportable tonelada de incomodidad sobre los hombros. Pero no es la ropa, no, mi ropa es cómoda; no son mis zapatos ni mis calzoncillos; tampoco es el clima, el clima está bien, aunque podría estar mejor. Es mi cabeza, todo está ahí, al interior de mis cavidades craneales. No hay nada malo con mi cabeza, no físicamente, es decir, tiene una forma regular y todo está en su debido lugar; una oreja a cada lado, un par de ojos debajo de la frente y por encima de una nariz situada al centro de la cara, labios, mejillas, cabello, dientes, cerebelo, cerebro; hasta donde yo sé, todo se encuentra en orden. Pero hay un pequeño detalle, hay algo ahí arriba, en esa parte invisible e insospechada de mi cabeza, en mi mente, que parece estar fuera de orden, y lo peor, lo peor es que no hay forma de estar seguro, no puedo saber a ciencia cierta si esta perturbación realmente se trata de algo irregular, o si sólo es un fenómeno tan común y ordinario como defecar ¿Cómo saberlo? ¿Cómo probarlo? Mi experiencia es lo único que tengo para describir y comparar tan peculiar evento ¿Quién podría, además de mí, convencerme de que se trata de algo común entre los de mi especie? ¿Y cómo he de creer tal afirmación, si yo nunca he sido huésped de otra psique que no corresponda a la mía? ¿Es eso siquiera posible?

He ido por ahí observando a las personas, haciendo un gran esfuerzo por explicar nuestras conductas, tratando de descubrir la verdadera naturaleza del hombre. Es una tarea ardua e incesante. Escucho conversaciones prestando suma atención a cada minúsculo detalle de un discurso, trato de comprender las motivaciones individuales y colectivas de las personas que me encuentro a diario, me infiltro entre ellos como un alienígena, intento pasar desapercibido; para esto, hago todo lo posible por encajar entre ellos, y poder tener acceso a una mayor gama de información concerniente a mis intereses. En más de una ocasión, y a menudo, me encuentro imitando a los demás, reproduciendo lo observado para comprender a todas estas unidades vivientes que llamamos seres humanos; sus formas de caminar, sus formas de vestir, sus formas de hablar, de comunicarse, sus rituales de apareamiento, sus emociones, sus gestos, sus costumbres, sus hábitos, sus gustos, sus disgustos, absolutamente todo lo que esté dentro de mis posibilidades; sólo así se puede alcanzar un conocimiento empírico.

Con todo esto, no digo que yo mismo no sea un ser humano (aunque a veces lo pongo en duda). Solo digo que, hasta el día de hoy, no logro comprender completamente de que se trata esto de ser una persona ¿podemos elegir ser o no serlo? Shakespeare o Descartes, “ser o no ser”, “cogito ergo sum”. Me pregunto si ellos también se sentían como alienígenas.

A veces, me digo que nada tiene sentido, me recuesto sobre una superficie plana y cierro los ojos para desaparecer, para abandonar la realidad percibida a través de los cinco sentidos. Pero no se puede desaparecer por completo sin perder la vida, al menos eso es lo que se dice. De cualquier forma, es un descanso, un respiro después de enfrentar al mundo por un buen rato, un mundo que orbita junto con otros planetas alrededor del sol… Así somos los seres humanos y giramos entorno a un sol imaginario ¿Cuál es? No lo sé, y me angustia no saberlo.

Tal vez tenga razón, tal vez nada tiene sentido, tal vez pierdo el tiempo tratando de descifrar lo indescifrable, quizá la humanidad no es más que un accidente; pero qué horrible sería eso. Preferiría pensar que somos parte de algo más grande, parte de un plan supremo elaborado por un ente cósmico omnipresente y todo poderoso, me gustaría creer eso, pero suena ridículo ¿no?

La parte más complicada de entender a los demás es la incapacidad de ser totalmente objetivos. Cualquier interpretación que pretendamos establecer no es más que una aproximación sujeta a nuestra percepción; damos por sentada información que arrogante y antropocéntricamente afirmamos como correcta, después la difundimos como leyes que, por estar establecidas científicamente, son irrefutables. Dejando de lado la posibilidad de que exista una forma distinta de aproximarse a la realidad, asumiendo que la realidad humana es la realidad bruta.

Pero qué criaturas tan ingenuas somos; bufones, tan simples como monos, pero monos con un severo complejo de superioridad. Estamos malditos, condenados a buscar respuestas a un cuestionario infinito. Quizá ese sea nuestro problema como especie, el tratar de resolver y entender todo aquello que no conocemos, complicarnos con acertijos que no tienen solución, buscarle la quinta pata al gato, como bien dicen por aquí. Tal vez la respuesta a todo es más obvia de lo que parece, tal vez todos estaríamos mejor sin hacernos tantas preguntas. En cambio, hemos convertido la vida en una gran ruleta de “porqués” y “para qués”. Cuando en realidad nadie elige ser y tampoco no ser, simplemente somos o no somos.Pero “¿quiénes somos?”, volvemos a preguntarnos aun sin darnos cuenta del gran dilema que representa esta pregunta ¿importa realmente quiénes somos? Deténganse de una buena vez, pues se aproximan a un precipicio que no tiene fondo, se adentran a un vasto océano que se extiende hasta un horizonte inalcanzable.

Para mí, ya es muy tarde, hace tiempo que me aventuré a explorar las imperdonables y turbias aguas de este océano. Sin embargo, de vez en cuando, encuentro tierra firme para amarrar mi nave, pero nunca me asiento durante demasiado tiempo, a la gente no le gustan los extraños en tierra ajena. Así es la vida de marinero, las aguas tienen un poderoso llamado que no puede ser ignorado y tampoco satisfecho. Solo me queda seguir navegando, navegar y navegar hasta que mi pobre barco se pudra de viejo y se hunda. Cuando eso pase, me hundiré junto con él, porque un buen capitán siempre se hunde junto con su barco.


Y ahí voy, un extraño individuo humanoide de aspecto incierto, caminando con una insoportable tonelada de incomodidad sobre los hombros. Pero no es la ropa, no, mi ropa es cómoda; no son mis zapatos ni mis calzoncillos; tampoco es el clima, el clima está bien, aunque podría estar mejor. Es mi cabeza, todo está ahí, al interior de mis cavidades craneales. No hay nada malo con mi cabeza, no físicamente, es decir, tiene una forma regular y todo está en su debido lugar; una oreja a cada lado, un par de ojos debajo de la frente y por encima de una nariz situada al centro de la cara, labios, mejillas, cabello, dientes, cerebelo, cerebro; hasta donde yo sé, todo se encuentra en orden. Pero hay un pequeño detalle, hay algo ahí arriba, en esa parte invisible e insospechada de mi cabeza, en mi mente, que parece estar fuera de orden, y lo peor, lo peor es que no hay forma de estar seguro, no puedo saber a ciencia cierta si esta perturbación realmente se trata de algo irregular, o si sólo es un fenómeno tan común y ordinario como defecar ¿Cómo saberlo? ¿Cómo probarlo? Mi experiencia es lo único que tengo para describir y comparar tan peculiar evento ¿Quién podría, además de mí, convencerme de que se trata de algo común entre los de mi especie? ¿Y cómo he de creer tal afirmación, si yo nunca he sido huésped de otra psique que no corresponda a la mía? ¿Es eso siquiera posible?

He ido por ahí observando a las personas, haciendo un gran esfuerzo por explicar nuestras conductas, tratando de descubrir la verdadera naturaleza del hombre. Es una tarea ardua e incesante. Escucho conversaciones prestando suma atención a cada minúsculo detalle de un discurso, trato de comprender las motivaciones individuales y colectivas de las personas que me encuentro a diario, me infiltro entre ellos como un alienígena, intento pasar desapercibido; para esto, hago todo lo posible por encajar entre ellos, y poder tener acceso a una mayor gama de información concerniente a mis intereses. En más de una ocasión, y a menudo, me encuentro imitando a los demás, reproduciendo lo observado para comprender a todas estas unidades vivientes que llamamos seres humanos; sus formas de caminar, sus formas de vestir, sus formas de hablar, de comunicarse, sus rituales de apareamiento, sus emociones, sus gestos, sus costumbres, sus hábitos, sus gustos, sus disgustos, absolutamente todo lo que esté dentro de mis posibilidades; sólo así se puede alcanzar un conocimiento empírico.

Con todo esto, no digo que yo mismo no sea un ser humano (aunque a veces lo pongo en duda). Solo digo que, hasta el día de hoy, no logro comprender completamente de que se trata esto de ser una persona ¿podemos elegir ser o no serlo? Shakespeare o Descartes, “ser o no ser”, “cogito ergo sum”. Me pregunto si ellos también se sentían como alienígenas.

A veces, me digo que nada tiene sentido, me recuesto sobre una superficie plana y cierro los ojos para desaparecer, para abandonar la realidad percibida a través de los cinco sentidos. Pero no se puede desaparecer por completo sin perder la vida, al menos eso es lo que se dice. De cualquier forma, es un descanso, un respiro después de enfrentar al mundo por un buen rato, un mundo que orbita junto con otros planetas alrededor del sol… Así somos los seres humanos y giramos entorno a un sol imaginario ¿Cuál es? No lo sé, y me angustia no saberlo.

Tal vez tenga razón, tal vez nada tiene sentido, tal vez pierdo el tiempo tratando de descifrar lo indescifrable, quizá la humanidad no es más que un accidente; pero qué horrible sería eso. Preferiría pensar que somos parte de algo más grande, parte de un plan supremo elaborado por un ente cósmico omnipresente y todo poderoso, me gustaría creer eso, pero suena ridículo ¿no?

La parte más complicada de entender a los demás es la incapacidad de ser totalmente objetivos. Cualquier interpretación que pretendamos establecer no es más que una aproximación sujeta a nuestra percepción; damos por sentada información que arrogante y antropocéntricamente afirmamos como correcta, después la difundimos como leyes que, por estar establecidas científicamente, son irrefutables. Dejando de lado la posibilidad de que exista una forma distinta de aproximarse a la realidad, asumiendo que la realidad humana es la realidad bruta.

Pero qué criaturas tan ingenuas somos; bufones, tan simples como monos, pero monos con un severo complejo de superioridad. Estamos malditos, condenados a buscar respuestas a un cuestionario infinito. Quizá ese sea nuestro problema como especie, el tratar de resolver y entender todo aquello que no conocemos, complicarnos con acertijos que no tienen solución, buscarle la quinta pata al gato, como bien dicen por aquí. Tal vez la respuesta a todo es más obvia de lo que parece, tal vez todos estaríamos mejor sin hacernos tantas preguntas. En cambio, hemos convertido la vida en una gran ruleta de “porqués” y “para qués”. Cuando en realidad nadie elige ser y tampoco no ser, simplemente somos o no somos.Pero “¿quiénes somos?”, volvemos a preguntarnos aun sin darnos cuenta del gran dilema que representa esta pregunta ¿importa realmente quiénes somos? Deténganse de una buena vez, pues se aproximan a un precipicio que no tiene fondo, se adentran a un vasto océano que se extiende hasta un horizonte inalcanzable.

Para mí, ya es muy tarde, hace tiempo que me aventuré a explorar las imperdonables y turbias aguas de este océano. Sin embargo, de vez en cuando, encuentro tierra firme para amarrar mi nave, pero nunca me asiento durante demasiado tiempo, a la gente no le gustan los extraños en tierra ajena. Así es la vida de marinero, las aguas tienen un poderoso llamado que no puede ser ignorado y tampoco satisfecho. Solo me queda seguir navegando, navegar y navegar hasta que mi pobre barco se pudra de viejo y se hunda. Cuando eso pase, me hundiré junto con él, porque un buen capitán siempre se hunde junto con su barco.


Y ahí voy, un extraño individuo humanoide de aspecto incierto, caminando con una insoportable tonelada de incomodidad sobre los hombros. Pero no es la ropa, no, mi ropa es cómoda; no son mis zapatos ni mis calzoncillos; tampoco es el clima, el clima está bien, aunque podría estar mejor. Es mi cabeza, todo está ahí, al interior de mis cavidades craneales. No hay nada malo con mi cabeza, no físicamente, es decir, tiene una forma regular y todo está en su debido lugar; una oreja a cada lado, un par de ojos debajo de la frente y por encima de una nariz situada al centro de la cara, labios, mejillas, cabello, dientes, cerebelo, cerebro; hasta donde yo sé, todo se encuentra en orden. Pero hay un pequeño detalle, hay algo ahí arriba, en esa parte invisible e insospechada de mi cabeza, en mi mente, que parece estar fuera de orden, y lo peor, lo peor es que no hay forma de estar seguro, no puedo saber a ciencia cierta si esta perturbación realmente se trata de algo irregular, o si sólo es un fenómeno tan común y ordinario como defecar ¿Cómo saberlo? ¿Cómo probarlo? Mi experiencia es lo único que tengo para describir y comparar tan peculiar evento ¿Quién podría, además de mí, convencerme de que se trata de algo común entre los de mi especie? ¿Y cómo he de creer tal afirmación, si yo nunca he sido huésped de otra psique que no corresponda a la mía? ¿Es eso siquiera posible?

He ido por ahí observando a las personas, haciendo un gran esfuerzo por explicar nuestras conductas, tratando de descubrir la verdadera naturaleza del hombre. Es una tarea ardua e incesante. Escucho conversaciones prestando suma atención a cada minúsculo detalle de un discurso, trato de comprender las motivaciones individuales y colectivas de las personas que me encuentro a diario, me infiltro entre ellos como un alienígena, intento pasar desapercibido; para esto, hago todo lo posible por encajar entre ellos, y poder tener acceso a una mayor gama de información concerniente a mis intereses. En más de una ocasión, y a menudo, me encuentro imitando a los demás, reproduciendo lo observado para comprender a todas estas unidades vivientes que llamamos seres humanos; sus formas de caminar, sus formas de vestir, sus formas de hablar, de comunicarse, sus rituales de apareamiento, sus emociones, sus gestos, sus costumbres, sus hábitos, sus gustos, sus disgustos, absolutamente todo lo que esté dentro de mis posibilidades; sólo así se puede alcanzar un conocimiento empírico.

Con todo esto, no digo que yo mismo no sea un ser humano (aunque a veces lo pongo en duda). Solo digo que, hasta el día de hoy, no logro comprender completamente de que se trata esto de ser una persona ¿podemos elegir ser o no serlo? Shakespeare o Descartes, “ser o no ser”, “cogito ergo sum”. Me pregunto si ellos también se sentían como alienígenas.

A veces, me digo que nada tiene sentido, me recuesto sobre una superficie plana y cierro los ojos para desaparecer, para abandonar la realidad percibida a través de los cinco sentidos. Pero no se puede desaparecer por completo sin perder la vida, al menos eso es lo que se dice. De cualquier forma, es un descanso, un respiro después de enfrentar al mundo por un buen rato, un mundo que orbita junto con otros planetas alrededor del sol… Así somos los seres humanos y giramos entorno a un sol imaginario ¿Cuál es? No lo sé, y me angustia no saberlo.

Tal vez tenga razón, tal vez nada tiene sentido, tal vez pierdo el tiempo tratando de descifrar lo indescifrable, quizá la humanidad no es más que un accidente; pero qué horrible sería eso. Preferiría pensar que somos parte de algo más grande, parte de un plan supremo elaborado por un ente cósmico omnipresente y todo poderoso, me gustaría creer eso, pero suena ridículo ¿no?

La parte más complicada de entender a los demás es la incapacidad de ser totalmente objetivos. Cualquier interpretación que pretendamos establecer no es más que una aproximación sujeta a nuestra percepción; damos por sentada información que arrogante y antropocéntricamente afirmamos como correcta, después la difundimos como leyes que, por estar establecidas científicamente, son irrefutables. Dejando de lado la posibilidad de que exista una forma distinta de aproximarse a la realidad, asumiendo que la realidad humana es la realidad bruta.

Pero qué criaturas tan ingenuas somos; bufones, tan simples como monos, pero monos con un severo complejo de superioridad. Estamos malditos, condenados a buscar respuestas a un cuestionario infinito. Quizá ese sea nuestro problema como especie, el tratar de resolver y entender todo aquello que no conocemos, complicarnos con acertijos que no tienen solución, buscarle la quinta pata al gato, como bien dicen por aquí. Tal vez la respuesta a todo es más obvia de lo que parece, tal vez todos estaríamos mejor sin hacernos tantas preguntas. En cambio, hemos convertido la vida en una gran ruleta de “porqués” y “para qués”. Cuando en realidad nadie elige ser y tampoco no ser, simplemente somos o no somos.Pero “¿quiénes somos?”, volvemos a preguntarnos aun sin darnos cuenta del gran dilema que representa esta pregunta ¿importa realmente quiénes somos? Deténganse de una buena vez, pues se aproximan a un precipicio que no tiene fondo, se adentran a un vasto océano que se extiende hasta un horizonte inalcanzable.

Para mí, ya es muy tarde, hace tiempo que me aventuré a explorar las imperdonables y turbias aguas de este océano. Sin embargo, de vez en cuando, encuentro tierra firme para amarrar mi nave, pero nunca me asiento durante demasiado tiempo, a la gente no le gustan los extraños en tierra ajena. Así es la vida de marinero, las aguas tienen un poderoso llamado que no puede ser ignorado y tampoco satisfecho. Solo me queda seguir navegando, navegar y navegar hasta que mi pobre barco se pudra de viejo y se hunda. Cuando eso pase, me hundiré junto con él, porque un buen capitán siempre se hunde junto con su barco.


Alejandro Fraquez. Me llamo Jorge Alejandro Gómez Franquez, nací en Lancaster, California, EUA. Actualmente vivo en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, México. Soy estudiante de psicología en la Universidad Autónoma de Durango. Apasionado por el arte. Ser humano.

Imagen de portada: Alma Haser

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