El azul que bordea

la realidad

N.006 - Ensayo

Cadáver exquisito Vol. II

N.001 - Experimental

Cadáver exquisito Vol. II

N.001 - Experimental

El azul que bordea

la realidad

N.006 - Ensayo

Escrito por Luisa Sánchez Dávalos

A noir, E blanc, [...] O bleu
~A. Rimbaud


La técnica es el camino al significado decía
Jackson Pollock, con convicción de hierro, porque
conocía sus palabras y –más allá de ellas– sabía lo
que hacía. Para él, la experiencia de la creación
era lo importante en la obra: dejar todo sobre el
cuadro y romper con lo convencional. Puede verse
en sus pinturas: esas líneas que, a simple vista,
parecen desordenadas pero que representan un
caos armónico. Es parte de la abstracción, del
expresionismo abstracto, movimiento del que se
hizo portavoz a través de sus lienzos.

Por ese mismo punto y línea, tenemos una
acotación inicial con Kandinsky, cuyas formas ya
tienen significados por sí mismas. Pero más allá, encontramos que los colo resgeneran un referente –mejor dicho, un sonido– por sí mismos. La técnica de
Kandinsky ya demuestra, a través de los colores, un significado basado en  lasinestesia: cada color era, si no un instrumento, un sonido o un silencio.

El blanco, color de la pureza, es una pausa musical, un no sonido, el frío, el infinito; su contraparte, el negro, era el silencio eterno, la pausa definitiva.
Entre otros colores –despreciando a colores primarios como el rojo, que es fuertes trompetas acompañadas de tubas; o la agudeza y la agresividad del primer instrumento mencionado, el amarillo–, tenemos el azul medio, ni claro ni oscuro, un color concéntrico e introvertido que asemeja al violonchelo.

Para Kandinsky, los colores eran una orquesta; pero la unión de estos tres: el blanco, el negro y el azul, nos demuestra un silencio perenne que se interrumpe
a ratos por un sonido de cuerdas que rechinan ora de forma agitada pero suave, ora de forma más calmada, ora estridentes y desacompasadas para recaer en
constantes silencios que nos recuerdan lo eterno.

No es azar que Rimbaud también considere esos tres colores, a la par del rojo y el verde, para componer su soneto Voyelles, donde el carácter sinestésico también se hace presente. Lo blanco, la letra E, representa lo divino, el esplendor, lo lejano del alcance mundano; el contraste directo, el negro, la A, se refiere a lo negativo, la podredumbre, la muerte; mientras que el color que
resalta, el azul, la O, es el cielo, lo infinito.

Con el joven poeta francés tendríamos a Dios, quien es en el que recae todo lo demás, seguido por algunas líneas negras que representan vanas muertes, inasibles vidas desgraciadas que se van pero que llegan a lo azul, a lo más grande –pero no tanto como el fondo blanco, el fondo Dios–, lo eterno que se encuentra en el cielo, ese color lejano e inmenso. Así, las figuras se rigen por dichos colores que contrastan y se complementan a través de su simbología.
Todo es técnica. Todo es significado a fin de cuentas.

Pollock hizo la conjunción de estos colores y varios más, además de técnicas que mostraron su estado de ánimo y sus constantes cambios de humor que ya muchos atribuyen a su posible bipolaridad. Esto demostró lo
que el arte puede ser a través de la corporeidad, de dejar el cuerpo sobre la obra, de valerse de la física, dominarla y transformarla en una nueva herramienta de la pintura y la creación. Así, cada experiencia, cada movimiento, cada dripping se convirtió en el fondo de la obra, entre tantas líneas caóticas.

Quizá la idea del significado o del fondo que aparece sobre la técnica sea similar a lo que Borges crea en un fragmento de su cuento El hacedor: aquel pintor que se propuso dibujar el mundo a través de provincias,
montañas, islas, animales, personas, y que se encontró, al finalizar su ambiciosa obra y conjuntarla, con la imagen de su cara.

Lo más seguro es que Pollock, al conjuntar su obra –tal vez en detalles fragmentarios–, no se encontrara con su rostro, no era su propósito, pero sí con algo que sólo él, dentro de su ambiciosa mente, pudiera entender y
algo que fuera más allá de las formas y los colores, de los significados, de la vida y la muerte, de lo divino, de la capacidad humana. Entendería, antes de entender lo blanco y lo negro, el verdadero significado de este azul eterno que bordea la realidad.


Ontología de crema zigzagueante en penumbras galácticas escogidas por Itórforo con sus garrafones cualitativos.

Carne rica de óxido nitroso alarmada que obstaculó la pequeña risa endórfica para este bostezo sumiso y dormido que ahulla incuestionablemente.

Pie envuelto en canas verdes como gato en parque sumido por la levedad que
ahoga los gritos hasta pelar deslumbrantemente una mirada de páginas viejas
con cerilla putrafacta deliciosa.

Escuchaba el ruido de un insecto cuando un caballo que sonaba como motor
no dejaba de mirarme.

Ontología de crema zigzagueante en penumbras galácticas escogidas por
Itórforo con sus garrafones cualitativos.

Carne rica de óxido nitroso alarmada que obtaculó la pequeña risa endórfica para este bostezo sumiso y dormido que aulla incuestionablemente.

Pie envuelto en canas verdes como gato en parque sumido por la levedad
que ahoga los gritos hasta pelar deslumbrantemente una mirada de páginas
viejas con cerilla putrafacta deliciosa.

Escuchaba el ruido de un insecto cuando un caballo que sonaba como motor no dejaba de mirarme.

A noir, E blanc, [...] O bleu
~A. Rimbaud


La técnica es el camino al significado decía
Jackson Pollock, con convicción de hierro, porque
conocía sus palabras y –más allá de ellas– sabía lo
que hacía. Para él, la experiencia de la creación
era lo importante en la obra: dejar todo sobre el
cuadro y romper con lo convencional. Puede verse
en sus pinturas: esas líneas que, a simple vista,
parecen desordenadas pero que representan un
caos armónico. Es parte de la abstracción, del
expresionismo abstracto, movimiento del que se
hizo portavoz a través de sus lienzos.

Por ese mismo punto y línea, tenemos una
acotación inicial con Kandinsky, cuyas formas ya
tienen significados por sí mismas. Pero más allá, encontramos que los colo resgeneran un referente –mejor dicho, un sonido– por sí mismos. La técnica de
Kandinsky ya demuestra, a través de los colores, un significado basado en  lasinestesia: cada color era, si no un instrumento, un sonido o un silencio.

El blanco, color de la pureza, es una pausa musical, un no sonido, el frío, el infinito; su contraparte, el negro, era el silencio eterno, la pausa definitiva.
Entre otros colores –despreciando a colores primarios como el rojo, que es fuertes trompetas acompañadas de tubas; o la agudeza y la agresividad del primer instrumento mencionado, el amarillo–, tenemos el azul medio, ni claro ni oscuro, un color concéntrico e introvertido que asemeja al violonchelo.

Para Kandinsky, los colores eran una orquesta; pero la unión de estos tres: el blanco, el negro y el azul, nos demuestra un silencio perenne que se interrumpe
a ratos por un sonido de cuerdas que rechinan ora de forma agitada pero suave, ora de forma más calmada, ora estridentes y desacompasadas para recaer en
constantes silencios que nos recuerdan lo eterno.

No es azar que Rimbaud también considere esos tres colores, a la par del rojo y el verde, para componer su soneto Voyelles, donde el carácter sinestésico también se hace presente. Lo blanco, la letra E, representa lo divino, el esplendor, lo lejano del alcance mundano; el contraste directo, el negro, la A, se refiere a lo negativo, la podredumbre, la muerte; mientras que el color que
resalta, el azul, la O, es el cielo, lo infinito.

Con el joven poeta francés tendríamos a Dios, quien es en el que recae todo lo demás, seguido por algunas líneas negras que representan vanas muertes, inasibles vidas desgraciadas que se van pero que llegan a lo azul, a lo más grande –pero no tanto como el fondo blanco, el fondo Dios–, lo eterno que se encuentra en el cielo, ese color lejano e inmenso. Así, las figuras se rigen por dichos colores que contrastan y se complementan a través de su simbología.
Todo es técnica. Todo es significado a fin de cuentas.

Pollock hizo la conjunción de estos colores y varios más, además de técnicas que mostraron su estado de ánimo y sus constantes cambios de humor que ya muchos atribuyen a su posible bipolaridad. Esto demostró lo
que el arte puede ser a través de la corporeidad, de dejar el cuerpo sobre la obra, de valerse de la física, dominarla y transformarla en una nueva herramienta de la pintura y la creación. Así, cada experiencia, cada movimiento, cada dripping se convirtió en el fondo de la obra, entre tantas líneas caóticas.

Quizá la idea del significado o del fondo que aparece sobre la técnica sea similar a lo que Borges crea en un fragmento de su cuento El hacedor: aquel pintor que se propuso dibujar el mundo a través de provincias,
montañas, islas, animales, personas, y que se encontró, al finalizar su ambiciosa obra y conjuntarla, con la imagen de su cara.

Lo más seguro es que Pollock, al conjuntar su obra –tal vez en detalles fragmentarios–, no se encontrara con su rostro, no era su propósito, pero sí con algo que sólo él, dentro de su ambiciosa mente, pudiera entender y
algo que fuera más allá de las formas y los colores, de los significados, de la vida y la muerte, de lo divino, de la capacidad humana. Entendería, antes de entender lo blanco y lo negro, el verdadero significado de este azul eterno que bordea la realidad.

A noir, E blanc, [...] O bleu
~A. Rimbaud


La técnica es el camino al significado decía
Jackson Pollock, con convicción de hierro, porque conocía sus palabras y –más allá de ellas– sabía lo que hacía. Para él, la experiencia de la creación era lo importante en la obra: dejar todo sobre el cuadro y romper con lo convencional. Puede verse
en sus pinturas: esas líneas que, a simple vista, parecen desordenadas pero que representan un caos armónico. Es parte de la abstracción, del expresionismo abstracto, movimiento del que se hizo portavoz a través de sus lienzos.

Por ese mismo punto y línea, tenemos una
acotación inicial con Kandinsky, cuyas formas ya tienen significados por sí mismas. Pero más allá, encontramos que los colo resgeneran un referente –mejor dicho, un sonido– por sí mismos. La técnica de
Kandinsky ya demuestra, a través de los colores, un significado basado en  lasinestesia: cada color era, si no un instrumento, un sonido o un silencio.

El blanco, color de la pureza, es una pausa musical, un no sonido, el frío, el infinito; su contraparte, el negro, era el silencio eterno, la pausa definitiva.

Entre otros colores –despreciando a colores primarios como el rojo, que es fuertes trompetas acompañadas de tubas; o la agudeza y la agresividad del primer instrumento mencionado, el amarillo–, tenemos el azul medio, ni claro ni oscuro, un color concéntrico e introvertido que asemeja al violonchelo.

Para Kandinsky, los colores eran una orquesta; pero la unión de estos tres: el blanco, el negro y el azul, nos demuestra un silencio perenne que se interrumpe
a ratos por un sonido de cuerdas que rechinan ora de forma agitada pero suave, ora de forma más calmada, ora estridentes y desacompasadas para recaer en
constantes silencios que nos recuerdan lo eterno.

No es azar que Rimbaud también considere esos tres colores, a la par del rojo y el verde, para componer su soneto Voyelles, donde el carácter sinestésico también se hace presente. Lo blanco, la letra E, representa lo divino, el esplendor, lo lejano del alcance mundano; el contraste directo, el negro, la A, se refiere a lo negativo, la podredumbre, la muerte; mientras que el color que
resalta, el azul, la O, es el cielo, lo infinito.

Con el joven poeta francés tendríamos a Dios, quien es en el que recae todo lo demás, seguido por algunas líneas negras que representan vanas muertes, inasibles vidas desgraciadas que se van pero que llegan a lo azul, a lo más grande –pero no tanto como el fondo blanco, el fondo Dios–, lo eterno que se encuentra en el cielo, ese color lejano e inmenso. Así, las figuras se rigen por dichos colores que contrastan y se complementan a través de su simbología.
Todo es técnica. Todo es significado a fin de cuentas.

Pollock hizo la conjunción de estos colores y varios más, además de técnicas que mostraron su estado de ánimo y sus constantes cambios de humor que ya muchos atribuyen a su posible bipolaridad. Esto demostró lo que el arte puede ser a través de la corporeidad, de dejar el cuerpo sobre la obra, de valerse de la física, dominarla y transformarla en una nueva herramienta de la pintura y la creación. Así, cada experiencia, cada movimiento, cada dripping se convirtió en el fondo de la obra, entre tantas líneas caóticas.

Quizá la idea del significado o del fondo que aparece sobre la técnica sea similar a lo que Borges crea en un fragmento de su cuento El hacedor: aquel pintor que se propuso dibujar el mundo a través de provincias,
montañas, islas, animales, personas, y que se encontró, al finalizar su ambiciosa obra y conjuntarla, con la imagen de su cara.

Lo más seguro es que Pollock, al conjuntar su obra –tal vez en detalles fragmentarios–, no se encontrara con su rostro, no era su propósito, pero sí con algo que sólo él, dentro de su ambiciosa mente, pudiera entender y algo que fuera más allá de las formas y los colores, de los significados, de la vida y la muerte, de lo divino, de la capacidad humana. Entendería, antes de entender lo blanco y lo negro, el verdadero significado de este azul eterno que bordea la realidad.

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