Ciau, miau

N.002 - Narrativa

Ciau, miau

N.002 - Narrativa

Ciau, miau

N.002 - Narrativa

Ciau, miau

N.002 - Narrativa

Ciau, miau

N.002 - Narrativa

Escrito por N de Nadie

Justo ahora pienso en ella y recuerdo haberle platicado: había cosas de mí que nunca iba a poder decirle, porque me intimidaba su mirada juiciosa. Esto no era que yo estuviera enamorada de ella ni que tuviera un poder superhumano. Lo que no podía decirle era simplemente que me cortaba. Así de patético. Me llenaba de cortaditas los brazos. ¿Acaso ella podría recordar verme con tirantes? Nunca. Cuando por accidente una parte de esa piel se descubría, fingía demencia, culpaba ingenuamente a mis gatos: “ni cuenta me he dado cuando me rasguñó”, de allí tomé la idea. Apretaba las patitas de mis gatos y con ellas me hacía cortes bastante profundos en el antebrazo. (Cuando hay algo de cierto en la historia se miente mejor; pero, cuando uno aprende a estafar a la vida, se vuelve costumbre). Justo ahora me pregunto lo que pensará cuando lea esto. Tal vez sus ojos de pistola le hagan hoyos a esta carta, antes de que pueda leerla.

No hace falta valor para suicidarse, hace falta tener ganas de hacerlo, pero no quiero alguno de los típicos suicidios. Por eso llevo los últimos tres días comiendo atún. Nunca había tenido tantos gatos como esta noche. Algunos incluso no han comido desde que les di asilo. Hace rato me sumergí en una tina que estaba llena de leche. Pobres gatitos, tan hambrientos a mí alrededor, empujándose para alcanzar un pedacito de mi piel. Ya empiezan a lamerme con sus lengüita de lija, algunos ya están sobre mi estómago y han comenzado a rasguñarme quedito. Pobres gatitos, y yo que siempre les eché la culpa.

 

Justo ahora pienso en ella y recuerdo haberle platicado: había cosas de mí que nunca iba a poder decirle, porque me intimidaba su mirada juiciosa. Esto no era que yo estuviera enamorada de ella ni que tuviera un poder superhumano. Lo que no podía decirle era simplemente que me cortaba. Así de patético. Me llenaba de cortaditas los brazos. ¿Acaso ella podría recordar verme con tirantes? Nunca. Cuando por accidente una parte de esa piel se descubría, fingía demencia, culpaba ingenuamente a mis gatos: “ni cuenta me he dado cuando me rasguñó”, de allí tomé la idea. Apretaba las patitas de mis gatos y con ellas me hacía cortes bastante profundos en el antebrazo. (Cuando hay algo de cierto en la historia se miente mejor; pero, cuando uno aprende a estafar a la vida, se vuelve costumbre). Justo ahora me pregunto lo que pensará cuando lea esto. Tal vez sus ojos de pistola le hagan hoyos a esta carta, antes de que pueda leerla.

No hace falta valor para suicidarse, hace falta tener ganas de hacerlo, pero no quiero alguno de los típicos suicidios. Por eso llevo los últimos tres días comiendo atún. Nunca había tenido tantos gatos como esta noche. Algunos incluso no han comido desde que les di asilo. Hace rato me sumergí en una tina que estaba llena de leche. Pobres gatitos, tan hambrientos a mí alrededor, empujándose para alcanzar un pedacito de mi piel. Ya empiezan a lamerme con sus lengüita de lija, algunos ya están sobre mi estómago y han comenzado a rasguñarme quedito. Pobres gatitos, y yo que siempre les eché la culpa.

 

Justo ahora pienso en ella y recuerdo haberle platicado: había cosas de mí que nunca iba a poder decirle, porque me intimidaba su mirada juiciosa. Esto no era que yo estuviera enamorada de ella ni que tuviera un poder superhumano. Lo que no podía decirle era simplemente que me cortaba. Así de patético. Me llenaba de cortaditas los brazos. ¿Acaso ella podría recordar verme con tirantes? Nunca. Cuando por accidente una parte de esa piel se descubría, fingía demencia, culpaba ingenuamente a mis gatos: “ni cuenta me he dado cuando me rasguñó”, de allí tomé la idea. Apretaba las patitas de mis gatos y con ellas me hacía cortes bastante profundos en el antebrazo. (Cuando hay algo de cierto en la historia se miente mejor; pero, cuando uno aprende a estafar a la vida, se vuelve costumbre). Justo ahora me pregunto lo que pensará cuando lea esto. Tal vez sus ojos de pistola le hagan hoyos a esta carta, antes de que pueda leerla.

No hace falta valor para suicidarse, hace falta tener ganas de hacerlo, pero no quiero alguno de los típicos suicidios. Por eso llevo los últimos tres días comiendo atún. Nunca había tenido tantos gatos como esta noche. Algunos incluso no han comido desde que les di asilo. Hace rato me sumergí en una tina que estaba llena de leche. Pobres gatitos, tan hambrientos a mí alrededor, empujándose para alcanzar un pedacito de mi piel. Ya empiezan a lamerme con sus lengüita de lija, algunos ya están sobre mi estómago y han comenzado a rasguñarme quedito. Pobres gatitos, y yo que siempre les eché la culpa.

 

Justo ahora pienso en ella y recuerdo haberle platicado: había cosas de mí que nunca iba a poder decirle, porque me intimidaba su mirada juiciosa. Esto no era que yo estuviera enamorada de ella ni que tuviera un poder superhumano. Lo que no podía decirle era simplemente que me cortaba. Así de patético. Me llenaba de cortaditas los brazos. ¿Acaso ella podría recordar verme con tirantes? Nunca. Cuando por accidente una parte de esa piel se descubría, fingía demencia, culpaba ingenuamente a mis gatos: “ni cuenta me he dado cuando me rasguñó”, de allí tomé la idea. Apretaba las patitas de mis gatos y con ellas me hacía cortes bastante profundos en el antebrazo. (Cuando hay algo de cierto en la historia se miente mejor; pero, cuando uno aprende a estafar a la vida, se vuelve costumbre). Justo ahora me pregunto lo que pensará cuando lea esto. Tal vez sus ojos de pistola le hagan hoyos a esta carta, antes de que pueda leerla.

No hace falta valor para suicidarse, hace falta tener ganas de hacerlo, pero no quiero alguno de los típicos suicidios. Por eso llevo los últimos tres días comiendo atún. Nunca había tenido tantos gatos como esta noche. Algunos incluso no han comido desde que les di asilo. Hace rato me sumergí en una tina que estaba llena de leche. Pobres gatitos, tan hambrientos a mí alrededor, empujándose para alcanzar un pedacito de mi piel. Ya empiezan a lamerme con sus lengüita de lija, algunos ya están sobre mi estómago y han comenzado a rasguñarme quedito. Pobres gatitos, y yo que siempre les eché la culpa.

 

Imagen de portada: Hugo Caro

m_contexto2

Palabra en contexto

N.002 - Poesía

Acércate a nosotros

Nuestra meta

Suscríbete

Nuestro propósito es servir como una plataforma de difusión para escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos  haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

circulo-animacion
logo_himen-01

© 2013 – 2019 Revista Himen. Diseño por C.A.

Términos y Condiciones - Copyrights