Anotaciones respecto

a un fin del mundo que nunca llega

N.014 - Poesía

Anotaciones respecto

a un fin del mundo que nunca llega

N.014 - Poesía

 Anotaciones respecto

a un fin del mundo que nunca llega

N.014 - Poesía

Anotaciones respecto

a un fin del mundo que nunca llega

N.014 - Poesía

Anotaciones respecto

a un fin del mundo que






nunca llega

N.014 - Poesía

Escrito por Gabriel Galaviz

Escrito por Gabriel Galaviz

Escrito por Gabriel Galaviz

Escrito por Gabriel Galaviz

Escrito por Gabriel Galaviz

I

La primera vez que concebí a mi padre como un ser                                              [autónomo, libre de las ataduras que implica el espejismo paternal, me confesó que tenía                                                                      [miedo de morir. 

Recuerdo haber llorado un par de días atrás pensando en                                                                            [meteoritos.

 

II

Es un hecho innegable la eventual hinchazón del sol
y su consecuente apetito por los planetas alrededor de él.
Hay quienes calculan que el proceso comenzará
en varios millones de años y dejará únicamente
una nebulosa blanca a su paso;
residuo adecuado y enmarcado
dentro de las generosas proporciones
de nuestra estrella madre.

[Esto es, al menos, lo que descubrí por accidente
en History Channel a los ocho años,
seguido por un primer ataque de pánico
que inauguraría el amplio historial
de ataques de pánico.]

De repente la luz del día me pareció
un cañón fosforescente
colocado a quemarropa.

 

III

Me pregunto en qué parte habré de estar yo
si ocurre una supernova,
aquel evento galáctico tan impredecible
como mortífero.
¿Estaré comprando un libro,
me habré integrado al SAT,
o estaré colgando una última llamada de mi madre?
Me gusta imaginar que,
en aquellos últimos instantes,
habrá científicos regocijados de confirmar
alguna teoría estelar que desconozco.

 

IV

 A veces el Apocalipsis
no me causa tanto temor
como pensar en un secuestro a la luz del día,
en una irrupción sorpresa de huéspedes
no deseados en casa,
o como hablar en voz alta.
De repente pienso que estamos encaminados
a una hondonada de alga y petróleo
en la que nos ahogaremos sorpresivamente,
de tajo y sin aviso,
pero sucede entonces que recuerdo
un par de revoluciones fallidas
(y las nuevas a las que nos dirigimos),
y todo se torna un carrusel interminable
de feria pestilente.
Una repentina sujeción de gravedad
que de primeras nos voltea el estómago
pero a fuerza de repetición y hastío
se vuelve predecible.
Hoy en Twitter todos predijeron
el fin del imperialismo
y yo silencié las palabras
"fin del mundo".

 

I

La primera vez que concebí a mi padre como un ser autónomo, libre de las ataduras que implica el espejismo paternal, me confesó que tenía miedo de morir. 

Recuerdo haber llorado un par de días atrás pensando en meteoritos.

 

II

Es un hecho innegable la eventual hinchazón del sol
y su consecuente apetito por los planetas alrededor de él.
Hay quienes calculan que el proceso comenzará
en varios millones de años y dejará únicamente
una nebulosa blanca a su paso;
residuo adecuado y enmarcado
dentro de las generosas proporciones
de nuestra estrella madre.

[Esto es, al menos, lo que descubrí por accidente
en History Channel a los ocho años,
seguido por un primer ataque de pánico
que inauguraría el amplio historial
de ataques de pánico.]

De repente la luz del día me pareció
un cañón fosforescente
colocado a quemarropa.

 

III

Me pregunto en qué parte habré de estar yo
si ocurre una supernova,
aquel evento galáctico tan impredecible
como mortífero.
¿Estaré comprando un libro,
me habré integrado al SAT,
o estaré colgando una última llamada de mi madre?
Me gusta imaginar que,
en aquellos últimos instantes,
habrá científicos regocijados de confirmar
alguna teoría estelar que desconozco.

 

IV

 A veces el Apocalipsis
no me causa tanto temor
como pensar en un secuestro a la luz del día,
en una irrupción sorpresa de huéspedes
no deseados en casa,
o como hablar en voz alta.
De repente pienso que estamos encaminados
a una hondonada de alga y petróleo
en la que nos ahogaremos sorpresivamente,
de tajo y sin aviso,
pero sucede entonces que recuerdo
un par de revoluciones fallidas
(y las nuevas a las que nos dirigimos),
y todo se torna un carrusel interminable
de feria pestilente.
Una repentina sujeción de gravedad
que de primeras nos voltea el estómago
pero a fuerza de repetición y hastío
se vuelve predecible.
Hoy en Twitter todos predijeron
el fin del imperialismo
y yo silencié las palabras
"fin del mundo".

 

I

La primera vez que concebí a mi padre como un ser autónomo, libre de las ataduras que implica el espejismo paternal, me confesó que tenía miedo de morir. 

Recuerdo haber llorado un par de días atrás pensando en meteoritos.

 

II

Es un hecho innegable la eventual hinchazón del                                                                             [sol
y su consecuente apetito por los planetas                                                                     [alrededor de él.
Hay quienes calculan que el proceso comenzará
en varios millones de años y dejará únicamente
una nebulosa blanca a su paso;
residuo adecuado y enmarcado
dentro de las generosas proporciones
de nuestra estrella madre.

[Esto es, al menos, lo que descubrí por accidente
en History Channel a los ocho años,
seguido por un primer ataque de pánico
que inauguraría el amplio historial
de ataques de pánico.]

De repente la luz del día me pareció
un cañón fosforescente
colocado a quemarropa.

 

III

Me pregunto en qué parte habré de estar yo
si ocurre una supernova,
aquel evento galáctico tan impredecible
como mortífero.
¿Estaré comprando un libro,
me habré integrado al SAT,
o estaré colgando una última llamada de mi madre?
Me gusta imaginar que,
en aquellos últimos instantes,
habrá científicos regocijados de confirmar
alguna teoría estelar que desconozco.

 

IV

 A veces el Apocalipsis
no me causa tanto temor
como pensar en un secuestro a la luz del día,
en una irrupción sorpresa de huéspedes
no deseados en casa,
o como hablar en voz alta.
De repente pienso que estamos encaminados
a una hondonada de alga y petróleo
en la que nos ahogaremos sorpresivamente,
de tajo y sin aviso,
pero sucede entonces que recuerdo
un par de revoluciones fallidas
(y las nuevas a las que nos dirigimos),
y todo se torna un carrusel interminable
de feria pestilente.
Una repentina sujeción de gravedad
que de primeras nos voltea el estómago
pero a fuerza de repetición y hastío
se vuelve predecible.
Hoy en Twitter todos predijeron
el fin del imperialismo
y yo silencié las palabras
"fin del mundo".

 

I

La primera vez que concebí a mi padre como un ser                                                                  [autónomo, libre de las ataduras
que implica el espejismo paternal, me confesó que tenía                                                                                      [miedo de morir. 

Recuerdo haber llorado un par de días atrás pensando en                                                                                      [meteoritos.

 

II

Es un hecho innegable la eventual hinchazón del sol
y su consecuente apetito por los planetas alrededor de él.
Hay quienes calculan que el proceso comenzará
en varios millones de años y dejará únicamente
una nebulosa blanca a su paso;
residuo adecuado y enmarcado
dentro de las generosas proporciones
de nuestra estrella madre.

[Esto es, al menos, lo que descubrí por accidente
en History Channel a los ocho años,
seguido por un primer ataque de pánico
que inauguraría el amplio historial
de ataques de pánico.]

De repente la luz del día me pareció
un cañón fosforescente
colocado a quemarropa.

 

III

Me pregunto en qué parte habré de estar yo
si ocurre una supernova,
aquel evento galáctico tan impredecible
como mortífero.
¿Estaré comprando un libro,
me habré integrado al SAT,
o estaré colgando una última llamada de mi madre?
Me gusta imaginar que,
en aquellos últimos instantes,
habrá científicos regocijados de confirmar
alguna teoría estelar que desconozco.

 

IV

 A veces el Apocalipsis
no me causa tanto temor
como pensar en un secuestro a la luz del día,
en una irrupción sorpresa de huéspedes
no deseados en casa,
o como hablar en voz alta.
De repente pienso que estamos encaminados
a una hondonada de alga y petróleo
en la que nos ahogaremos sorpresivamente,
de tajo y sin aviso,
pero sucede entonces que recuerdo
un par de revoluciones fallidas
(y las nuevas a las que nos dirigimos),
y todo se torna un carrusel interminable
de feria pestilente.
Una repentina sujeción de gravedad
que de primeras nos voltea el estómago
pero a fuerza de repetición y hastío
se vuelve predecible.
Hoy en Twitter todos predijeron
el fin del imperialismo
y yo silencié las palabras
"fin del mundo".

 

I

La primera vez que concebí a mi padre como un                      [ser autónomo, libre de las ataduras que implica el espejismo paternal, me confesó                                       [que tenía miedo de morir. 

Recuerdo haber llorado un par de días atrás                                          [pensando en meteoritos.

 

II

Es un hecho innegable la eventual hinchazón                                                                     [del sol
y su consecuente apetito por los planetas                                                           [alrededor de él.
Hay quienes calculan que el proceso comenzará
en varios millones de años y dejará únicamente
una nebulosa blanca a su paso;
residuo adecuado y enmarcado
dentro de las generosas proporciones
de nuestra estrella madre.

[Esto es, al menos, lo que descubrí por accidente
en History Channel a los ocho años,
seguido por un primer ataque de pánico
que inauguraría el amplio historial
de ataques de pánico.]

De repente la luz del día me pareció
un cañón fosforescente
colocado a quemarropa.

 

III

Me pregunto en qué parte habré de estar yo
si ocurre una supernova,
aquel evento galáctico tan impredecible
como mortífero.
¿Estaré comprando un libro,
me habré integrado al SAT,
o estaré colgando una última llamada de mi madre?
Me gusta imaginar que,
en aquellos últimos instantes,
habrá científicos regocijados de confirmar
alguna teoría estelar que desconozco.

 

IV

 A veces el Apocalipsis
no me causa tanto temor
como pensar en un secuestro a la luz del día,
en una irrupción sorpresa de huéspedes
no deseados en casa,
o como hablar en voz alta.
De repente pienso que estamos encaminados
a una hondonada de alga y petróleo
en la que nos ahogaremos sorpresivamente,
de tajo y sin aviso,
pero sucede entonces que recuerdo
un par de revoluciones fallidas
(y las nuevas a las que nos dirigimos),
y todo se torna un carrusel interminable
de feria pestilente.
Una repentina sujeción de gravedad
que de primeras nos voltea el estómago
pero a fuerza de repetición y hastío
se vuelve predecible.
Hoy en Twitter todos predijeron
el fin del imperialismo
y yo silencié las palabras
"fin del mundo".

 

Gabriel Galaviz. (Puebla, 1999) Estudia Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado en revistas impresas y digitales como Larvaria y Espora. Actualmente lee tratados barrocos sobre cometas.

Facebook: https://www.facebook.com/gabriel.galaviz.loaiza

Imagen de portada: Johanna

Gabriel Galaviz. (Puebla, 1999) Estudia Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado en revistas impresas y digitales como Larvaria y Espora. Actualmente lee tratados barrocos sobre cometas.

Facebook: https://www.facebook.com/gabriel.galaviz.loaiza

Imagen de portada: Johanna

 

Gabriel Galaviz. (Puebla, 1999) Estudia Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado en revistas impresas y digitales como Larvaria y Espora. Actualmente lee tratados barrocos sobre cometas.

Facebook: https://www.facebook.com/gabriel.galaviz.loaiza

Imagen de portada: Johanna

Gabriel Galaviz. (Puebla, 1999) Estudia Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado en revistas impresas y digitales como Larvaria y Espora. Actualmente lee tratados barrocos sobre cometas.

Facebook: https://www.facebook.com/gabriel.galaviz.loaiza 

Imagen de portada: Johanna

Gabriel Galaviz. (Puebla, 1999) Estudia Literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Ha publicado en revistas impresas y digitales como Larvaria y Espora. Actualmente lee tratados barrocos sobre cometas.

Facebook: https://www.facebook.com/gabriel.galaviz.loaiza 

Imagen de portada: Johanna

m_infierno

Novedades desde el infierno

N.014- Poesía

Acércate a nosotros

Nuestra meta

Suscríbete

Nuestro propósito es servir como una plataforma de difusión para escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos  haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Himen es un proyecto independiente. Nuestro propósito es servir como una plataforma para exponer escritores de habla hispana.

La Revista Himen es un proyecto completamente independiente. Puedes apoyarnos comprando nuestros productos o haciendo una donación.

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

Suscríbete a nuestra Newsletter y entérate de nuestras convocatorias. Prometemos no llenar tu correo de spam :)

circulo-animacion
logo_himen-01

© 2013 – 2019 Revista Himen. Diseño por C.A.

Términos y Condiciones - Copyrights